ENTREVISTA A PETER WEIR

"Netflix sigue siendo televisión, lo mires por donde lo mires"

Peter Weir, nominado a seis oscars en su carrera, está en Madrid para presentar la restrospectiva que le dedica la Filmoteca Española

Foto: Peter Weir este miércoles en Madrid. (M.M)
Peter Weir este miércoles en Madrid. (M.M)

Su nombre no es tan popular como el de Scorsese, Coppola o Woody Allen, pero muchos de quienes no lo ubican seguro que habrán visto más de una de sus películas. Y conocerán alguno de sus diálogos de memoria. ¿Quién ha crecido ajeno al "¡Oh, capitán, mi capitán!" o al "Por si no nos vemos luego, ¡buenos días, buenas tardes y buenas noches!". Aunque suyas no son las frases -ese mérito se lo debe a sus guionistas-, sí lo son los títulos que las hicieron famosas. Suyas también son seis nominaciones al Oscar. Desde la remota Australia Peter Weir consiguió colarse en Hollywood con casi media docena de clásicos instantáneos como 'Picnic en Hanging Rock' (1975), 'Gallipoli' (1981), 'El club de los poetas muertos' (1989) o 'El show de Truman' (1998). Hace más de medio siglo que pisó España por primera vez, y ahora vuelve a presentar una retrospectiva que le organiza la Filmoteca Española en el Cine Doré.

"La primera vez que vine a España tenía veintiún años. Vine haciendo autostop. Dormía a un lado de la carretera…", recuerda ahora cuando ya ha cumplido 75 años. "Me enamoré de un chica que conocí en un tren. Yo en esa época llevaba una vida de albergue juvenil. Pero era una época extraña, en verdad. En la estación de tren nos recibieron unos policías que daban miedo. Llevaban sombreros y fusiles. Había militares en las calles, con ese tipo de cascos que llevaban los alemanes. Eran otros tiempos. Y España estaba tan lejos de mi casa, de Australia. Era como estar en otro planeta. Y lo sigue siendo". Quizás lo sigue siendo porque, al otro lado de la ventana de la habitación donde tiene lugar su encuentro con la prensa cientos de personas se manifiestan frente al Congreso. Cada cierto tiempo, el ruido de los silbatos y las consignas se cuelan a través del cristal.

Dubai es 'El show de Truman': todo el mundo sonríe, todo el mundo es amable, los rascacielos llegan hasta donde se piede la vista. Pero, ¡ay si te equivocas!

Hace ya casi diez años de su último largometraje, 'Camino a la libertad'. Había tardado siete años en volver a rodar tras 'Master and Commander', una de sus películas más aplaudidas, con la que siguió la senda de 'El show de Truman', la obra por la que él piensa que será recordado. "Ayer tuve una conversación con Carlos [Reviriego], el de la Filmoteca, sobre que no sabemos cuánto de estables son los soportes digitales, si de un día para otro harán ‘¡plop!’ y su contenido desaparecerá”, bromea. "Pero si las películas no desaparecen, yo pensaba que para hoy ‘El show de Truman’ se habría quedado obsoleto, porque tiene que ver mayoritariamente con la televisión. Pero creo que toqué algo más. Algo que tiene que ver con lo que es real y lo que es imagen. Mira, el otro día hice escala en Dubai. Pasé allí dos días. Eso es ‘El show de Truman’: todo el mundo sonríe, todo el mundo es amable, todo es entretenimiento y los rascacielos llegan hasta donde alcanza la vista. Pero detrás de todo eso, hay un Christof que te dice: no cometas un error o te saco del escenario".

Jim Carrey en 'El show de Truman'. (Paramount)
Jim Carrey en 'El show de Truman'. (Paramount)

Todavía hoy, con trece largos de ficción a sus espaldas, Weir no sabe cómo ni por qué hace las películas, más allá de una búsqueda. "Suelo decir que es un impulso", resume. "Creo que no sólo me pasa a mí, también le pasa a otra gente, que cuando hago una película estoy como en una especie de trance. Te sumerges en las áreas del subconsciente y es una vez que has terminado la película, cuando vuelves a tu vida normal, cuando te preguntas: ‘¿Qué ha pasado?’. Creo que fue Ingmar Bergman quien hizo una analogía entre hacer una película y disparar una flecha dentro de un bosque, intentando darle a un objetivo imaginario. Primero la lanzas, luego entras en el bosque a ver si le has dado al objetivo y qué objetivo era en realidad".

Otra de sus películas fundamentales es 'La última ola', un 'thriller' apocalíptico que contó con actores aborígenes y que se adelanta más de cuarenta años a las preocupaciones medioambientales de hoy. "En esa película trabajé con tribus aborígenes. Fue muy difícil en su momento y ahora, probablemente, sería imposible. Me refiero a culturalmente. Tenía a Nandjiwarra [Amagula] en el papel del anciano, y el otro actor joven [David Gulpilil], que tenían un contacto muy profundo con la naturaleza, y ellos me hicieron de puerta de entrada para estar más en contacto con la naturaleza", explica. "En Australia somos Europeos rediseñados, procedentes de las islas, de Gran Bretaña, así que no teníamos demasiada historia más allá de 250 años atrás, ni tradiciones, ni espacios artísticos, ni guerras, ni revoluciones. Así que la naturaleza se convirtió en una galería de arte para mí, de alguna forma. Un país maravilloso para vivir, sobre todo si, como yo, vives al lado del mar. Me pasaba todo el día nadando, pescando y buceando. Así que creo que era natural que en mis primeras películas utilizase ese ambiente, la naturaleza, como una parte más de la historia de la película”.

Al principio no sabía si trabajaría como actor, como guionista o como director. Incluso como escritor de novelas

Weir no llegó al cine por casualidad, pero sí sin saber demasiado bien a qué dedicarse. Tercera generación de australianos descendientes de escoceses, su familia se dedicaba a la agricultura. "Eran gente dura". Allí en Sidney, Weir decidió que acabaría trabajando en el "showbusiness". "No sabía si como actor, guionista o director. Incluso como escritor de novelas. Al principio empecé grabando clips de vídeo, que eran pequeñas piezas al estilo de Monty Python. Luego hice cortos en los que era el protagonista. Y pensé que había gente que lo podía hacer mejor que yo y que si yo los hubiese dirigido hubieran sido mejores. Luego pensé que era mejor como director que como actor o guionista".

David Gulpilil en 'La última ola'.
David Gulpilil en 'La última ola'.

Resulta extraño que el director de 'El show de Truman' o 'Master and Commander' lleve casi una década sin trabajar en un gran proyecto. "Yo nunca he vivido en Hollywood. En mi primera película americana, ‘Único testigo’, hice el montaje desde Australia. Nunca he formado parte de la comunidad y en ese momento accedieron a dejar entrar a un ‘extranjero’, a un ‘outsider’. Y creo que fue bueno para mí y fue bueno para ellos en tanto en cuanto las cosas siguiesen siendo ‘frescas’. Por eso, algunas veces ha habido periodos largos de tiempo en los que no he trabajado". También puede ser porque Weir no quiere plegarse a cualquier imposición externa. "Siempre he intentado tener el control total de las películas que hago. Y eso pasa por no trabajar con tal o cual estrella de cine o tal o cual estudio. A veces he dicho que no a cosas por ese motivo".

Pero aunque el director afirme que todavía hoy no se siente en casa en Australia, parece que tiene bastante apego a su tierra. “Creo que en Hollywood viven en una especie de conformismo amable. Y como en cualquier comunidad, tienes que encajar. Para mí tiene que ver con ese cuento, el de ‘Jack y las habichuelas mágicas’. Cuando estaba allí, de repente sentí que yo era Jack, y que Hollywood era el gigante. Que está muy bien subir y tocar un poco el arpa y que te den un huevo de oro, pero que es mejor bajar de nuevo a la granja y tener un hacha a mano. Pensé ‘No te quedes en el palacio, puede ser peligroso’. Al final puede que te gusten demasiado los huevos de oro allí arriba".

Russell Crowe en 'Master and Commander'. (Fox)
Russell Crowe en 'Master and Commander'. (Fox)

El australiano es consciente, además, de que el cine ha perdido su lugar preeminente en la cultura del espectáculo. No siente nostalgia del pasado, pero le da pena que las nuevas generaciones vayan a perderse "el placer" de sentarse asiduamente a oscuras en una sala de cine y compartir una experiencia comunal. "El público ha cambiado, definitivamente. Hay que mirar a las fuentes, más que hacia los resultados. Hay mucha gente joven, en Occidente, que ha encontrado otras formas de entretenimiento y de estímulo que no son las mismas que las de sus padres. No es ir al cine", analiza. "Ahora la gente tiene unos equipos de televisión enormes y Netflix, y la gente joven sólo va al cine cuando hay películas-evento, como está pasando ahora con ‘Joker’. El problema es que para que una película se reconozca o tiene que ganar en un festival o ser una película-evento. Y en el medio no hay nada. El desierto. Y los jóvenes cineastas no pueden vivir de lo poco que les pagan en los festivales. Por eso se van a la televisión. Pero creo que la transformación del cine no se ha acabado aquí. Creo que tiene que haber algo más. No me creo que la gente quiera quedarse en casa. Porque [Netflix y otras plataformas] siguen siendo televisión, lo mires por donde lo mires".

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