'MI AÑO DE DESCANSO Y RELAJACIÓN'

La mujer que durmió todo un año: piénsatelo antes de no volver a levantarte del sofá

Ottessa Moshfeg firma una novela existencial que regresa al Manhattan del año 2000 con una protagonista que se pasa los meses inflándose a narcóticos y viendo pelis de Harrison Ford

Foto: 'Mi año de descanso y relajación' (Alfaguara)
'Mi año de descanso y relajación' (Alfaguara)

"Me voy a tomar un tiempo libre. Voy a dormir un año". No tiene nombre, pero sí muchos sedantes con los que permitirse hibernar. Con 26 años, la protagonista de ‘Mi año de descanso y relajación’, de Ottesa Moshfegh, decide enclaustrarse en su lujoso apartamento en el Nueva York pre-11S, heredado de sus padres fallecidos. El nuevo milenio en la ciudad que nunca duerme la ha pillado tirada en el sofá entre restos de comida china y Orfidal mientras Whoopi Goldberg mira desde la pantalla. Así va a estar durante meses, con los botes de pastillas nunca demasiado lejos de la mano. O sobrevive, o se mata. Y no se sabe muy bien qué prefiere.

'Mi año de descanso y relajación' (Alfaguara)
'Mi año de descanso y relajación' (Alfaguara)

Entre cintas -recordemos que aún imperaba el VHS- de Harrison Ford y narcóticos, se suceden visitas de su amiga Reva con un bolso cargado de alcohol o recuerdos de exnovios destructores y padres moribundos. Duerme más de lo que puede. El mundo sigue su curso, animado con el nuevo siglo, pero a ella no le afecta. Durante su hibernación, se permite dar unos pocos pasos para ir a comprar tarrinas de helado que ni necesita ni después recuerda. A veces lee los titulares: el nuevo presidente iba a ser muy duro con los terroristas. Una adolescente de Harlem había tirado a su bebé recién nacido a una alcantarilla. Un superviviente del Titanic había muerto en un accidente de tráfico. “Si nos hubiesen invadido los extraterrestres o un enjambre de langostas, lo habría notado, pero no me habría importado”.

‘Mi año de descanso y relajación’ es una novela existencial sobre la fragilidad de la vida, lo fútil y lo que nunca termina de irse, la vanidad contra la mediocridad. Una pintura irónica de un intento de sobrevivir a una depresión, de soportar la pérdida, de dejar de sentir para poder volver a hacerlo, para volverse “inmune a los recuerdos dolorosos”. Dormir para despertar mientras los fantasmas vagan por su salón. El odio a uno mismo, la salud mental, el amor y el desamor, la vida o la muerte. Moshfegh toca todos los temas en una narración perversa pero deliciosa.

Ottessa Moshfegh (Alfaguara)
Ottessa Moshfegh (Alfaguara)

Encerrada en su apartamento, con alguna salida fugaz cuyo recuerdo queda empañado por el efecto de los sedantes, la protagonista se comunica de vez en cuando con su psiquiatra, una señora que parece estar peor que ella y que firma sus prescripciones médicas como quien reparte caramelos. Armándose de humor, Moshfegh intenta purificar la historia de una huérfana adicta a los narcóticos. Consigue ser graciosa sin ser alegre. Hay pequeños detalles que actúan como bálsamo a una historia cruda que asoman la cabeza en cada página, como cuando la protagonista sin nombre descubre lo que hizo la noche anterior, abotargada a Prozac ("Tu teléfono está en la bañera metido en una fiambrera").

Llegado este punto, no, desde luego no vas a relajarte leyendo esta novela. Pero una reflexión y varias risas culpables te llevas seguro.

Se va acercando el mes de septiembre de 2001 y ella, anestesiada y aislada, inamovible por los efectos exteriores, despierta a la vez que el lector

Sin embargo, el contexto de ‘Mi año de descanso y relajación’ vibra bajo sus páginas. Se va acercando el mes de septiembre de 2001 mientras se acelera el ritmo de la novela y ella, anestesiada y aislada, inamovible por los efectos exteriores y queriendo dormir para volver a sentir, despierta a la vez que el lector. A la vez que Nueva York y el mundo despertaron en 2001. El egoísmo y el egocentrismo quedan destruidos por una realidad mucho más grande que se cuela por los recovecos que quería anestesiar.

Da miedo aplicar la, llamémosla así, enseñanza de Moshfegh a la actualidad, a un mundo en el que acechan aún más peligros que cuando despertó el nuevo milenio. Cierra los ojos, cierra las ventanas, cierra las hojas de los periódicos. No mires más allá de las fronteras. Ignora a quien elige la mayoría. Cierra las puertas, cambia de canal y échate una siesta. Aislarse del mundo es inútil y la realidad te acaba comiendo. Por mucho sueño que tengas.

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