EN EL TEATRO DE LA LUZ PHILIPS en madrid

'El jovencito Frankenstein' vive, la parodia sigue. El musical inmortal de Mel Brooks

La clásica sátira de terror, basada en el clásico de Mary Shelley, llega en su versión musical con canciones en español y un elenco más que a la altura

Foto: El musical 'El jovencito Frankenstein', basado en la película de Mel Brooks, se estrena este mes en Madrid.
El musical 'El jovencito Frankenstein', basado en la película de Mel Brooks, se estrena este mes en Madrid.

“Se pronuncia Fronkonstin”, dice el nieto del famoso doctor girándose hacia sus alumnos de la universidad de Ingolstadt. Es una de las primeras escenas de ‘El jovencito Frankenstein’ (1974), la parodia dirigida por Mel Brooks basada en el clásico de Mary Shelley, y el momento en el que el público del musical homónimo estalla en un enloquecido aplauso, azotado por la risa más nostálgica. Ver cobrar vida a su película favorita va más allá de lo racional. El musical ‘El jovencito Frankenstein’ ha llegado a Madrid en una adaptación perfecta que ha teñido la Gran Vía de verde desde el Teatro de la Luz Philips y honrado con honores al desaparecido Gene Wilder entre gags clásicos y bailes de claqué.

Víctor Ullate se convierte en el nieto de Frankenstein -”Fronkonstin”, insiste- en carne y hueso para llevar sobre las tablas la magia de Brooks. La historia de Frankenstein, tergiversada, homenajeada y empapada de humor por el genio estadounidense, la conocemos todos: el joven neurocirujano Frederick Frankenstein hereda el castillo de su abuelo en Transilvania y, aunque en principio se niega a seguir la tradición familiar de revivir la materia muerta, termina camino del cementerio para continuar el legado, con un carro chirriante, sospechosas piernas que sobresalen de la manta y una lluvia inesperada. Y bueno, un cerebro que no resulta ser como creían.

Con libreto original de Mel Brooks y Thomas Meehan, dirigido por Esteve Ferrer, producido por Letsgo y protagonizado también por Jordi Vidal (Igor -perdón, Aigor-), Marta Ribera (Elizabeth), Cristina Llorente (Inga), Teresa Vallicrosa (Frau Blücher -truenos y relinchos-) y Albert Gracia (el monstruo), el musical transporta a la Transilvania más caricaturesca sobre una orquesta de nueve músicos bajo el escenario, entre diálogos clásicos de la película (“Vaya par de aldabas”, “Oh, gracias”) y referencias a la actualidad española 44 años después del estreno de la cinta. La risa no conoce el paso del tiempo.

El musical mantiene los gags de Brooks y añade referencias a la actualidad (EFE)
El musical mantiene los gags de Brooks y añade referencias a la actualidad (EFE)

"La parodia es un homenaje a lo que amas"

-No pretendo molestar, pero soy bastante buen cirujano y tal vez podría librarle de su problema.

-¿Qué problema?

-Ya sabe, la joroba.

-¿Qué joroba?

“Es quizá la mejor película que he hecho”, la definió Mel Brooks. En 2006 comenzó a trabajar en una composición para adaptar ‘El jovencito Frankenstein’ al formato musical y la obra se estrenó en noviembre del siguiente año en el Paramount Theatre de Seattle, Washington. Más tarde llegó a Broadway y arrancó una gira por Estados Unidos. En 2017 se asentó en el West End de Londres, donde actualmente continúa en cartel con un éxito de público noche tras noche.

La parodia, en contra de lo que muchos creen, es un homenaje continuo a algo que respetas y que amas con profunda admiración

‘El jovencito Frankenstein’, con unos temas adaptados al español, a la actualidad y a un humor que siempre está vigente, juega con la ilusión, se luce con números espectaculares, efectos especiales, voces impresionantes y canciones que casan a la perfección con las escenas de la película, grabadas a fuego en la memoria de los espectadores. Es fiel a los chistes e introduce nuevos -”tiene un máster”, exclaman en algún momento mientras se escuchan risas cómplices en el público- "Quería hacer mi propio homenaje no solo a la película sino al propio Mel Brooks e incluso a todo el género paródico que está muy denostado y muy maltratado", ha explicado Ferrer, director y adaptador al castellano que también dirigió ‘La familia Addams’.

El doctor Frankenstein y su ayudante Igor, o el doctor Fronkonstin y Aigor, en su defecto (EFE)
El doctor Frankenstein y su ayudante Igor, o el doctor Fronkonstin y Aigor, en su defecto (EFE)

“La parodia, en contra de lo que muchos creen, es un homenaje continuo a algo que respetas y que amas con profunda admiración”. Ferrer quiere reverenciar a los cómicos de oficio y ponerse de rodillas ante la esencia “de lo que ahora llamamos teatro musical, la Comedia musical”.

“No quería dejar Transilvania”

Según Mel Brooks, él mismo le sugirió a Gene Wilder que escribiera una historia sobre el nieto de Frankenstein durante una pausa para el café en el rodaje de ‘Sillas de montar calientes’. Según el actor, fue su agente, Mike Medavoy, quien le instó a trabajar en un guion donde pudiera incluir a Peter Boyle (monstruo) y Marty Feldman (Igor). “Gene Wilder dijo que haría la película solo si yo no actuaba en ella”, dijo Brooks a ‘Scenario’. “Me dijo ‘no quiero que lo estropees saltándote la cuarta pared como haces siempre’”. Con el acuerdo cerrado y fuera de quien fuera la idea original, trabajaron juntos durante meses siguiendo una dieta de infusiones y pastas de té. “Para ponernos en el mismo modo mental que Mary Shelley”.

Mientras trabajaban en la cinta lo pasaron tan bien que Mel Brooks alargó el rodaje inventándose escenas que no iba a incluir en el montaje final y, aun así, terminaron a los 45 días. Usaron las mismas piezas de laboratorio que aparecieron en la película de Frankenstein de 1931, solo que esta vez en su versión gamberra. Cuando el último día desmontaron los decorados, Brooks encontró a Wilder llorando en mitad del estudio. “Estaba terriblemente triste”, dijo el director. “No quería dejar Transilvania, no quería volver a casa”.

Aunque la cariñosa y divertida aventura cinematográfica terminara en unos pocos días, el mismo espíritu sigue vivo desde este mes de noviembre en el Teatro de la Luz Philips de Gran Vía, entre jorobas que cambian de sitio, relinchos al compás de Frau Blücher, voces portentosas y el mejor homenaje a un humor inmortal.

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