HISTORIA

Al Capone y su leyenda: los seis años del imperio de la mafia que sacudieron EE.UU

La prestigiosa biógrafa americana Deirdre Bair despliega por primera vez la vida del mítico 'Scarface' ante el jurado de sus descendientes vivos. ¿Veredicto? Un criminal tan despiadado como sensible

Foto: Al Capone , en pijama en su yate 'Sonny & Ralphie'
Al Capone , en pijama en su yate 'Sonny & Ralphie'

Al Capone murió arruinado y devorado por la sífilis en su mansión de Palm Beach al atardecer del 25 de enero de 1947. Entre convulsiones, demenciado, reducido por la enfermedad a una edad mental de 12 años, se extinguió la vida del rey de la mafia de Chicago que levantó un imperio inimaginable entre 1926 y 1932. Por una irónica coincidencia, solo cinco días antes había fallecido Andrew J. Volstead, el congresista de Minnesota que dio nombre a la Ley Seca, aquel disparatado terremoto legal que prohibió el alcohol en EE.UU y abrió una espiral criminal imparable en la que brillarían las dotes “empresariales” de Capone.

¿Qué queda por contar de ‘Scarface’ (‘Cara Cortada’)? Centenares de libros y películas cementan su leyenda y escrutan con minuciosidad su vida legendaria, origen de una de las más poderosas iconografías de la moderna cultura popular. Y, sin embargo, existía una zona de sombra en el mito, una geografía sin explorar sepultada bajo llave por un tácito pacto de silencio en la memoria de sus parientes y descendientes, muchos de ellos aún vivos. Hasta hoy. Un libro de la prestigiosa biógrafa estadounidense Deirdre Bair ha logrado al fin penetrar en el sanctasanctórum familiar del que fuera Enemigo Público Número 1: 'Al Capone. Su vida, su legado y su leyenda' (Anagrama, 2018).

'Al Capone'. (Anagrama)
'Al Capone'. (Anagrama)

Deirdre Bair había narrado anteriormente las vidas de escritores como Samuel Beckett (premio National Book Award 1981), Simone de Beauvoir (1990) o Anaïs Nin (1995). Ahora cambia abruptamente de registro: “Esta es la historia de un asesino despiadado, un hombre que despreciaba la ley, que poseía prostíbulos, que no pagaba impuestos, que cometía estafas: un delincuente convicto y confeso, un enfermo lloriqueante e inconsciente. Y es también la historia de un hijo, marido y padre cariñoso que se consideraba un empresario que trabajaba dando al público lo que el público quería. Al Capone fue todas esas cosas”.

Mito y realidad

La historia dice así. Alphonse Capone nació en en Brooklyn, Nueva York, el 17 de enero de 1899, hijo de padres panaderos que habían emigrado desde Nápoles apenas cinco años antes junto a otros centenares de miles de italianos. Alto y corpulento, de joven fue pendenciero, escurridizo… y vulgar. El escritor Daniel Fuchs le frecuentó aquellos años y se sorprendía más tarde de la fama mundial que había adquirido quien entonces se mostraba como “una persona insignificante y afable que hablaba suavemente y era incluso mediocre en todo menos bailando”. En 1915, a los catorce años, dejó sus estudios y su padre le dio un cajón de limpiabotas para que aprendiera una profesión en el concurrido cruce de las calles Unión y Columbia. Pero allí aprendió rápidamente un oficio muy distinto: la extorsión.

Ficha policial de Al Capone
Ficha policial de Al Capone

De la extorsión a pequeña escala de sus compañeros limpiabotas, Al Capone pasó en solo una década a erigirse en el delincuente más poderoso del país en una carrera criminal vertiginosa cuyo trampolín fue la instauración de la llamada Ley Seca en 1920. En aquella década, ya en Chicago, Al Capone y sus hombres liquidaron al resto de las bandas que pugnaban por el negocio ilegal del alcohol en la ciudad y llegaron a controlar centenares de bares clandestinos, garitos y prostíbulos como aquel en que Capone contraería la sífilis que acabaría con su vida. Con unos ingresos medios de 100 millones de dólares anuales -unos 1.500 millones de dólares actuales- destinados en parte a la corrupción de toda clase de autoridades, y responsabilidad directa en al menos 200 asesinatos, aquella gran empresa del crimen -cuya organización estudian hoy escuelas de negocios como HBS- puso en jaque al Estado.

El final no estuvo, sin embargo, a la altura de la épica y en él no tuvo ninguna participación -por mucho que le pese a Hollywood- el ‘intocable’ agente del Tesoro Eliot Ness. Fue otro agente del Servicio de Impuestos, Frank J. Wilson, quien encontró las pruebas de evasión fiscal en el entramado empresarial de Capone que servirían para su condena a 11 años de prisión ante el Gran Jurado en 1931. A su liberación de Alcatraz en 1939, su imperio se había desmoronado, al igual que su salud mental. Y entre la enfermedad y la locura pasaron sus últimos años.

En la intimidad

Pero, ¿y el hombre íntimo y familiar que conocieron los suyos? En las conversaciones de Deirdre Bair con nietos y parientes que no hablaban avergonzados hasta ahora, emerge un hombre de familia cariñoso y atento que telefoneaba diariamente a su madre y a su mujer - en este orden-, adorado por sus hijos que regalaba montones de dinero y durante la Depresión llegó a abrir un comedor social que atendía a más de 3.000 personas cada día. También fue un excepcional manipulador emocional, tan simpático como agresivo, inteligente y obsesionado con su propia muerte, victimista y genio del márketing, derrochador hortera que no observaba duda alguna en la oportunidad de su peculiar negocio: “Cuando vendo bebidas alcohólicas, lo llaman contrabando. Si mis jefes las sirven en bandeja de plata, lo llaman hospitalidad”.

Cuando vendo bebidas alcohólicas, lo llaman contrabando. Si mis jefes las sirven en bandeja de plata, lo llaman hospitalidad

Concluye Bair su biografía exhaustiva y absorbente que podría muy bien calificarse de ‘definitiva’: “En pocas palabras fue la paradoja humana perfecta y el contrapunto de la paradoja política que fue la Prohibición. Era tan encantador, tan ostensiblemente desmesurado en todo lo que hacía, y tan fenomenal ante el público, que costaba creer que un tipo tan simpático y tan ameno, que decía frases tan exactas y tan pegadizas, pudiera ser tan canalla. Y por lo que se refiere a la Prohibición, puede que fuera una ley nacional, pero nadie se la tomaba en serio, así que, ¿por qué no echar un trago?”.

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