EN ASCASO (Huesca)

Cine bajo las estrellas: un pueblo sin luz acoge la muestra más pequeña del mundo

Ascaso cuenta con cuatro habitantes en invierno y no tiene luz eléctrica, pero la última semana de agosto revive para acoger un festival de cine independiente y comidas populares

Foto: La Muestra de Cine más Pequeña del Mundo se celebra en Ascaso del 28 de agosto al 2 de septiembre. (Fografía cedida)
La Muestra de Cine más Pequeña del Mundo se celebra en Ascaso del 28 de agosto al 2 de septiembre. (Fografía cedida)

Este martes, Ascaso amanece con un cielo despejado y su pequeña era norte cubierta de sillas verdes. Por la noche, la pantalla que cae delante de ellas proyectará ‘100 días de soledad’ y el corto ‘Plágan’, dando por inaugurada la séptima edición de La Muestra de Cine más Pequeña del Mundo. Durante los días previos, varios jóvenes voluntarios han estado desbrozando los caminos que llevan al pueblo. Ascaso, en el municipio de Boltaña, en Huesca, pasa los inviernos sin poder llenar del todo sus siete casas y su iglesia, los solitarios edificios de la calle Única. Pero en verano, bajo el luminoso cielo pirenaico, la aldea semiabandonada renace revitalizada para acoger pequeñas dosis de cine independiente.

“Daban lluvias pero parece que va a despejarse”, dice uno de los directores de la muestra, Miguel Cordero, a El Confidencial. “Es un sitio muy mágico para ver cine. Está a 1.000 metros de altura y el cielo del Pirineo es muy limpio. Es muy bonito ver cine al aire libre”. Cordero es codirector del festival junto a Néstor Prades, pero también es presidente de la Asociación de Vecinos y Amigos de Ascaso, a través de la cual se organiza la muestra. Desde el 28 de agosto hasta el 2 de septiembre, 26 personas recorren de arriba abajo la calle de Ascaso para encargarse de las proyecciones, de la barra del bar o de cobrar las entradas. Todo el personal que participa es voluntario, salvo los dos auxiliares de dirección que se han contratado este año. “En España se minusvalora mucho el voluntariado, las administraciones te miran mal”, critica el organizador. “Alguien que viene con ánimo de lucro es mucho mejor recibido”.

Aunque gran parte del público procede de los alrededores de la comarca, varios grupos vienen de fuera. Algunos repiten año tras año. (Cedida)
Aunque gran parte del público procede de los alrededores de la comarca, varios grupos vienen de fuera. Algunos repiten año tras año. (Cedida)

Miguel trabaja fuera, pero su pareja vive en Ascaso. De sus siete casas, tres todavía están en ruinas. “Aquí han llegado a vivir unas 55 personas. No tuvo una pista de acceso hasta los años noventa, forestal y sin asfaltar. Luego solo quedó una familia. Ahora en invierno somos cuatro”, relata el organizador. El pueblo se llena de vida la última semana de agosto, todavía con el calor de un verano que está a punto de apagarse en el norte. Unas 30 personas presenciaron su inauguración en la edición de 2012. Para esta, esperan 220 espectadores, su máximo aforo. “No cabe más gente en la era”.

La muestra de Ascaso es pequeña, pero así lo quieren sus creadores. Las sillas de plástico al aire libre, bajo el cielo estrellado del Pirineo, las reservan para unos pocos. Sus comidas populares y catas de vino, herencia de las primeras fiestas, se llenan de ese espíritu cálido y familiar que solo puede ofrecer un evento como este, recogido entre el verde, la calma y las rocas del norte. La borda, el antiguo establo de verano que ha rehabilitado la asociación, ahora es un espacio para los coloquios con un bar, con uno de sus laterales convertido en un pequeño cine para 40 personas.

Las comidas populares son una parte del festival que recuerda a sus primeros años.  (Cedida)
Las comidas populares son una parte del festival que recuerda a sus primeros años. (Cedida)

El festival se llena de gente de Ascaso y alrededores, pero también de quienes llegan al pueblo guiados por su devoción cinéfila. Los más jóvenes descargan las mochilas en su zona de acampada, aunque también hay disponibles varias casas rurales de la comarca. La sensación que transmite Ascaso es tan positiva que algunos espectadores repiten con ganas año tras año. “Hay unos chavales que nos acaban de pedir unas cajas de botellas de vino que vienen casi todas las ediciones”, cuenta Miguel. “Otros de Barcelona vienen siempre”. Aunque parece predominar la mediana edad, Miguel no describe al público habitual con unos años concretos. El cine, tiene claro, “atrae a todas las edades”.

Varios jóvenes voluntarios han ayudado a limpiar el sendero que conduce a Ascaso. (Cedida)
Varios jóvenes voluntarios han ayudado a limpiar el sendero que conduce a Ascaso. (Cedida)

El Pirineo, a oscuras

Ascaso no tiene luz eléctrica. Sus pocos vecinos exprimen una instalación solar de los años ochenta “muy machacada y que se va a fastidiar en cualquier momento”. El festival se monta todos los años con generadores. “Los pocos que estamos, los que vienen y los que vienen de veraneo, pagamos nuestros impuestos pero no tenemos luz”, denuncia Miguel. Hace unos años publicaron el manifiesto ‘Luz para Ascaso’, que firmaron 120 directores para apoyar las justas demandas del pueblo. “Desde entonces la Diputación Provincial ha metido baza, pero las cosas de palacio van muy despacio”. Este año, los vecinos han rehabilitado un sendero hacia las pozas, un lugar “bellísimo”, pero Miguel lamenta que sin luz eléctrica, por mucho esfuerzo que hagan, las casas seguirán vacías. “Es muy difícil vivir así en invierno, porque si hay cuatro días nublados, la central solar ya deja de tener carga. Sin luz, no vendrá nadie a vivir”.

Si hay cuatro días nublados, la central solar ya deja de tener carga. Sin luz no vendrá nadie a vivir

El festival de cine es fruto de la idea que tuvieron los vecinos de Ascaso para que el pueblo pudiera revivir y coger aire cada verano, pero su pueblo no es el único que pasa los inviernos a oscuras. Miguel lo compara con ‘La lluvia amarilla’, de Julio Llamazares. Ainielle, vacío y triste, está a 15 kilómetros de Ascaso. “Por allí hay varios pueblos que se fueron abandonando. Si no llega a ser por el festival, estaríamos igual”.

En la borda han habilitado un pequeño cine para unas 40 personas. (Cedida)
En la borda han habilitado un pequeño cine para unas 40 personas. (Cedida)

“Es un pueblo con muchas carencias, pero nunca ha estado abandonado por la gente, ha estado abandonado por las administraciones públicas”, explica. Para acceder a Ascaso hay varias opciones, ninguna de ellas sencilla. En Sabiñánigo, a cuatro kilómetros, se puede coger un autobús, “aunque solo pasa uno al día”. El AVE solo llega hasta la estación intermodal de Huesca. En su página web, tratan de desgranar de forma detallada todas las opciones para llegar. “El sistema de transporte público de este país no es un sistema equiparador, funciona donde hay gente y punto”.

¿La más pequeña del mundo?

“La mayor ópera de Europa”, “El mayor espectáculo en directo con 5.000 extras”, “La mayor iluminación”. Miguel repasa los titulares que, recuerda, coparon la prensa española poco antes de la crisis. “No es que hayamos vivido por encima de nuestras posibilidades, es que algunos han construido por encima de sus posibilidades”.

Una antigua fragua comunal se usa como taquilla y tienda del festival. (Cedida)
Una antigua fragua comunal se usa como taquilla y tienda del festival. (Cedida)

Entre producciones mastodónticas y la obsesión por el tamaño, el cine que ilumina la noche de Ascaso es cine independiente, “un cine pequeño”, dice Miguel, como el propio festival. “El cine de autor es un cine muy artesano, muy de colaboración, y aunque es el que se lleva todos los premios en festivales, tiene muy mala distribución. A Ascaso vienen películas con un listado de premios que ni caben todos porque han recorrido un montón de festivales, pero que igual no han llegado ni a Zaragoza”. Algunos de sus directores también acuden a la pequeña muestra para participar en coloquios que duran "casi más que las películas".

Vienen películas españolas que han recorrido un montón de festivales pero que igual no han llegado ni a Zaragoza

La Muestra de Cine más Pequeña del Mundo es el nombre registrado que corona su página web. Una noche de invierno, al calor de la chimenea, recuerda detalladamente Miguel, se engendra este calificativo para el festival de Ascaso con Javier Tolentino, director del programa ‘El séptimo vicio’, en Radio 3. Había traído unas películas y varios amigos decidieron reunirse para verlas. “Aquí podríamos montar un festival”, comentó entusiasmado Tolentino tras una escueta ruta por el pueblo. “Si montamos un festival en Ascaso, sería la muestra de cine más pequeña del mundo”, le contestaron, sembrando lo que ha ayudado a revivir el pueblo durante siete años.

El aforo máximo del festival es de 220 personas frente a las 30 de la primera edición. (Cedida)
El aforo máximo del festival es de 220 personas frente a las 30 de la primera edición. (Cedida)

Esta última semana de agosto, Ascaso vuelve a convertirse en un pequeño rincón mágico que ya no puede abrir más sus brazos. “Ya no seremos la más pequeña del mundo”, reconoce el director del festival. No quiere que pierda esa esencia familiar y la calidad que, poco a poco, han conseguido que las administraciones les miren "de tú a tú". “Ya no se puede hacer físicamente más grande. Pero tampoco es nuestra intención”.

Cultura
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios