sloper publica el inédito 'un bosquejo de familia'

El libro de Mark Twain a su hija muerta que arrebata el corazón: "Estaba llena de fuego"

El autor de 'Huckleberry Finn' escribió una bellísima semblanza de su querida Susy cuando una meningitis se la llevó a los 25 años. Ahora se publica por fin en español

Foto: Mark Twain y familia en Hartford.
Mark Twain y familia en Hartford.

Escribe un padre: "Susy nació en Elmira, Nueva York, en casa de su abuela, la señora Olivia Langdon, el 19 de marzo de 1872, y después de probar y degustar la vida, junto con sus problemas y misterios, bajo diversas circunstancias y por lugares distintos, la misma casa fue testigo de cómo la llevamos al cementerio del 20 de agosto de 1896 a la edad de 25 años". Escribe un padre, conciso y roto, un padre escritor, uno de los más grandes novelistas estadounidenses. 'Un bosquejo de familia', las páginas que Samuel Langhorne Clemens -más conocido como Mark Twain- dedicó a su joven hija muerta y que permanecían inéditas en español, acaban de ser publicadas en nuestro país por el sello Sloper.

Escribe el filólogo Ramón Aguiló en su luminosa introducción a este pequeño, incandescente y triste volumen que el autor de 'Tom Sawyer' y de su secuela -la alucinante 'Huckleberry Finn'- abre en 'Un bosquejo de familia' una ventana milagrosa que nos devuelve a la infancia. A través de ella vemos crecer a las dos hijas de Twain, Susy y su hermana, Clara, apodada 'Bay' y dos años menor que ella. Sin sentimentalismo, con amor pero también con distancia narrativa, evitando juicios y desplegando la pura curiosidad por la contemplación de la infancia, el escritor y padre se vuelca hasta tal punto que por momentos su voz se disuelve en la mirada directa de sus hijas.

'Un bosquejo de familia'. (Sloper)
'Un bosquejo de familia'. (Sloper)

"La ternura del padre Samuel", escribe Aguiló, "jamás tiende al sentimentalismo gratuito, a pesar de que, a medida que vamos avanzando en el libro, avanzamos también en el cariño y en el afecto que desprende la voz del narrador, y de algún modo nos contagiamos de esa ternura de la escritura y participamos de ella. (...) Twain no se conforma con querer comprender a sus hijas, sino que suele explicar los curiosos comportamientos de Susy y Clara, sus diabluras, sus emocionantes descubrimientos, sus memorables reflexiones y también sus inevitables lamentos, desde el punto de vista de ellas, desde sus propias palabras y forzando al lector a descuidar sus prejuicios y a dejarse llevar por el vendaval de vida que arrastra a estas criaturas".

"Vida y fuego"

Susy murió de una meningitis con solo un cuarto de siglo de vida, suficiente tiempo para existir, forjar una personalidad entusiasta, alborotada, vehemente, pero terriblemente poco para un padre que ya había perdido a un hijo enfermo de difteria a los 19 meses. Lo de su primogénita fue "un durísimo golpe del que ya nunca se recuperó" y que Twain enfrentó poniéndose inmediatamente a escribir para nunca olvidar quién y cómo había sido su hija, para que nadie la olvidase: "Tenía todo un repertorio de sentimientos, y estos eran de todo tipo y magnitud; y era tan volátil de niña, que a veces todos en su conjunto entraban en juego durante el corto transcurrir de un día. Estaba llena de vida, de actividad y de fuego".

Personajes vivos, diálogos que saben a agua fresca, conflictos, malentendidos e incluso choques culturales

'Un bosquejo de familia' es un libro organizado tras la reunión de un conjunto disperso de notas, crónicas, historias no escritas con el objetivo de su publicación como recuerda el traductor Borja Aguiló. Lo que esto le resta en coherencia lo compensa una naturalidad fascinante que encandila al lector que prueba a abrirlo por cualquiera de sus páginas. Personajes vivos, diálogos que saben a agua fresca, conflictos, malentendidos, deliciosas estancias veraniegas en la casa de Hartford (Connecticut) y los estrepitosos y bienhumorados choques culturales acaecidos en los viajes de la familia por Europa, precedidos por la fama de un padre que ya era en vida uno de los escritores más famosos y queridos del planeta.

Quizás el personaje más atractivo que irrumpe en estas páginas sea George, quien "era tan bueno como negro de piel". George nació esclavo en Maryland, había sido manumitido tras la victoria del Norte contra el Sur en la reciente y traumática guerra de Secesión (1861-1865) y llegó al hogar de los Clemens a limpiar unas ventanas "y se quedó casi una generación". Es tentador ver en George una inspiración para el inolvidable esclavo prófugo Jim que remonta a la fuga el Misisipi junto al bribón protagonista de 'Huckleberry Finn'. Pero no solo. Twain lo describe apuesto y alegre, feliz compañero de juego de las niñas, tan servicial a la familia como olvidadizo y mentiroso, sorprendentemente ducho en la intriga política de la ciudad de Hartford, inversor y apostador de éxito, inmune al racismo sorprendido de los lugareños que exclamaban al conocerle: "¡Este no es un mandril común!"

Concluye la introducción de 'Un bosquejo de familia': "Por eso, esas imágenes recogidas de la vida familiar, esas fábulas ingeniosas que Twain nos brinda, son un necesario canto a la infancia que la literatura debería reivindicar siempre con sus más exhaustas fuerzas. El periodista y publicista alemán Roger Willemsen dejó escrito que tal vez valga la pena vivir solo por vivir la infancia. Puede que suene desmesurado, sobre todo cuando se trata de una sentencia pronunciada más allé de la infancia. Pero hay mucha verdad en ella; tanta como hay en cada palabra, en cada gesto, en cada sonrisa y en cada llanto que sentimos cuando Susy y Clara nos arrebatan el corazón".

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