entrevista a alfredo fraile

La verdad sobre la agenda de Julio Iglesias y sus 3.000 amantes. Habla el fontanero Fraile

El exmánager del cantante y asesor de Adolfo Suárez y Silvio Berlusconi analiza el arte de la fontanería. Disney prepara una serie sobre su vida con Julio Iglesias

Foto: Alfredo Fraile en su casa de Madrid (Gtres)
Alfredo Fraile en su casa de Madrid (Gtres)
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El marco no puede ser más incomparable: salón de la casa de Alfredo Fraile en Madrid (entre Cibeles y Colón), un perro enano olisquea los pies del periodista, se tumba en las rodillas de Fraile y se echa a dormir. El perrillo, sin duda, ha oído antes lo que está contando su dueño, porque si no, no se entienden sus ronquidos; el periodista, por contra, escucha a Fraile con los ojos como platos.

Fraile (Madrid, 1943), antiguo mánager de Julio Iglesias, habla sobre los años locos de Miami, a principios de los ochenta, cuando era una estrella mundial de un tamaño descomunal (dato: Michael Jackson fue imagen de Pepsi y Julio Iglesias de Coca-Cola; lo crean o no, Julio cobraba más que Jacko). El cantante, cuya carrera estaba astutamente dirigida por Fraile, vivía en la cresta de la ola; en la cresta de varias olas, de hecho, también de la amorosa: hasta el punto de que, varias décadas después, la fogosidad sexual del ‘crooner’ sigue siendo un gigantesco icono folclórico en España: “Julio Iglesias reclama la paternidad de todos los españoles nacidos entre 1968 y 2016”, publicó hace poco ‘El Mundo Today’ con su chufla característica.

Dada la alarma social (cómica) que provoca aún hoy la desenfrenada vida sexual del autor de ‘Hey’, es hora de aplicar un sobrio ejercicio de periodismo de datos a este asunto. Atentos:

Siempre se ha dicho que Julio Iglesias tenía una agenda con los teléfonos de sus 3.000 amantes. Pues bien: la agenda existe. es roja, de la marca Cartier, tiene grabadas las iniciales J.I. en la portada… y Alfredo Fraile la acaba de posar sobre la mesa del salón...

La agenda de Julio Iglesias (C.P.)
La agenda de Julio Iglesias (C.P.)

-¿La puedo fisgar?

-Sí.

Temblor de manos. Weah.

He aquí una agenda cuyas páginas supuran tanta testosterona que uno teme quedarse embarazado solo con mirarla… Pero no se alarmen: la vida sexual de Julio Iglesias es exagerada, pero no tanto.

“Julio estaba entonces un poco desmadrado, eso es cierto; pero nunca tuvo 3.000 amantes”, cuenta Fraile. Ni 3.000, ni 2.000, ni 1.000, se puede añadir tras ojear la agenda. Fraile empieza a pasar las páginas y a recitar al azar nombres cuyos teléfonos están en la agenda:

Charles Aznavour, Ansón, Ursula Andress, Antonio Asensio, Warren Beatty, Kirk Douglas, Michael Jackson, Tom Jones, Frank Sinatra, Angie Dickinson...”.

Casi nada, niño, un apoteósico quién es quién del 'show business' ochentero; además de una considerable cantidad de teléfonos de “novias” de Julio Iglesias. En efecto, como la vida sexual de ‘Yulio’ era entonces un auténtico desfase, su mánager decidió que no era mala idea venderle como 'playboy' latino para impulsar su carrera. “Una cosa llevó a la otra, pero sí, alimentamos la leyenda”, aclara Fraile.

Julio Iglesias con Alfredo Fraile a su derecha.
Julio Iglesias con Alfredo Fraile a su derecha.

Pero no todo fueron mujeres, vino y puestas de sol rosas en Miami: hubo un tiempo en que Iglesias y Fraile se patearon los pueblos de España y América en condiciones precarias, como cuenta el mánager en sus memorias, ‘Secretos confesables’, cuyos derechos acaban de ser comprados por Disney en EEUU para hacer una serie sobre Julio Iglesias.

“Para llegar al avión privado hubo que viajar antes en muchos coches de mala muerte”, resume el mánager.

Detalle de la agenda de Julio Iglesias (C.P.)
Detalle de la agenda de Julio Iglesias (C.P.)

Alfredo Fraile llamó hace unos días a Julio Iglesias para que no se enterara de la serie por la prensa. Llevaban muchos años sin hablarse. Pero muchos muchos: su ruptura fue turbulenta, como cuenta Fraile en un libro donde resalta el egoísmo del cantante hacia su entorno -cuando Iglesias no le puede sacar más jugo a alguien, le deja tirado sin muchos miramientos- pero sin hacer sangre: Fraile se ha callado las cosas más escabrosas con toda certeza. Un caballero. “Mira, en el libro explico que Julio no se ocupaba de sus hijos, pero es que es verdad”, aclara.

La conversación entre Iglesias y Fraile fue bien, como si no llevasen unas décadas sin hablarse, sino unas horas. “Julio me dijo: ‘cuidame y que no hablen mal de mí’. Hablamos a las 12 de la noche. No me pude dormir hasta las cuatro de la madrugada”, cuenta Fraile. O cuando te pasa toda tu vida por delante.

Pero volvamos a los tiempos heroicos en los que el éxito estaba aún en pañales. En 1973, Fraile organizó una minigira por Miami y México. Era la primera vez que Iglesias pisaba Miami, donde se afincaría años después, en un movimiento decisivo que le convirtió en icono global de la canción ligera. Pues ojo: la primera vez que Iglesias cantó en Miami, pudo ser la última. “Juramos y perjuramos que nunca más volveríamos a esa ciudad. A ver, es que estuvieron a punto de matarnos”, recuerda ahora Fraile entre horrorizado y divertido. Tragedia más tiempo igual a comedia.

Pasó lo siguiente: en mitad del concierto, en una sala de fiestas jaranera de la colonia cubana, a Iglesias se le ocurrió decir algo que pretendía ser un guiño cómplice, pero resultó ser una ofensa nuclear: “Muchas gracias por venir a verme y por su cariño. Mañana me iré de Miami emocionado de saber que aquí tengo ya a una familia de seguidores que me quiere, y a la que yo también adoro. Sé que una de las razones por las que estoy aquí es porque sus familias en Cuba también me quieren mucho. Mi película ha tenido en la isla un gran éxito y espero corresponderles yo a ellos también acudiendo pronto a Cuba a cantarlas en persona”.

Lo que ocurrió después… no le sorprenderá...

'¡Comunista, castrista, hijo de puta!'. Julio no salía de su asombro. Esquivó los objetos que le lanzaban y dijo: '¡Pero si soy más de derechas que ustedes!'

“No pudo terminar la frase. Fue mencionar la expresión ‘ir a Cuba’ y en la sala se despertó un rumor que fue creciendo por segundos hasta convertirse en una lluvia de gritos e insultos. Al lanzamiento de improperios no tardó en seguirle el de todo tipo de objetos. Antes de que nos diéramos cuenta, sobre el escenario, en el que Julio seguía inmóvil, empezaron a caer vasos, botellas, cubiteras, sillas.… Como poseídos repentinamente por el demonio, los mismos caballeros y señoras que un minuto antes le habían dedicados olés y aplausos cerrados, ahora no paraban de gritarle: ‘¡Comunista, castrista, hijo de puta!’ Julio no salía de su asombro. Como pudo, esquivó los objetos que le lanzaban y apenas pudo decir: ‘¡Pero si yo soy más de derechas que ustedes!’”.

Hilarante descripción de Fraile, en efecto.

Y sigue: “Nos encerramos en el camerino mientras oíamos a lo lejos la muchedumbre embravecida que seguía destrozando la sala. Uno llegó a estampar su coche contra la fachada del local. Para nuestra sorpresa, el dueño se puso de parte del público y empezó a increpar a Julio por haber dicho lo que dijo. Estaba claro: aquel personaje sólo buscaba hacernos responsables de los destrozos para no pagarnos por el trabajo realizado, así que llamamos a la policía para que viniera a protegernos. Durante más de dos horas estuvimos encerrados en el camerino, asustados, a la espera de que los agentes llegaran y aquella horda se calmara. Sinceramente, creíamos que en cualquier momento podía aparecer por allí alguien con pistola y liarse a tiros”.

¿Quién dijo que la canción melódica no era un género punk?

Tócala otra vez, Silvio

Cuando Alfredo Fraile rompió con Julio Iglesias, con el que vivía puerta con puerta en Miami, volvió a España. Su fama de conseguidor le precedía, los poderosos se lo rifaban, y acabó haciendo de asesor de comunicación de Adolfo Suárez, Silvio Berlusconi o el grupo KIO. En efecto, KIO, de cuyo estrepitoso desmoronamiento judicial y financiero se libraría Fraile por poco, y que él achaca ahora a la “batalla interna entre facciones desencadenada tras la maldita guerra del Golfo”.

Más éxito tuvo a las órdenes de Silvio Berlusconi, años antes del salto de Il Cavaliere a la política, cuando trataba de camelarse al felipismo para lograr la concesión de uno de los primeros canales privados de televisión, como así fue: Telecinco empezó a emitir oficialmente en marzo de 1990.

Fraile hizo un trabajo fino con la ayuda de ese encantador de serpientes llamado Silvio Berlusconi. Para la historia mundial de la fontanería quedarán una serie de estampas festivas en el palacete de Berlusconi a las afueras de Milán, Villa Arcore, por el que pasaron todos los prohombres de la comunicación española de la época: Jesús de Polanco (PRISA), Miguel Durán (ONCE), Antonio Asensio (Grupo Z), los Echevarría (Grupo Correo) o representantes del Grupo Godó. Berlusconi buscaba bien posibles socios, bien evitar que sus rivales torpedearan su desembarco español, así que activó toda su maquinaria de seducción.

Silvio Berluconi. (Reuters)
Silvio Berluconi. (Reuters)

El 'modus operandi' de todos los viajes era similar: Fraile subía a Polanco (o al que tocara) al avión privado de Berlusconi en Madrid, le alojaba en el mejor hotel de Milán (siempre a cuenta de Il Cavaliere) y le trasladaba a la villa del magnate a cenar, donde Berlusconi “sacaba a relucir los encantos de seductor y animador de fiestas que llevaba dentro”.

El punto álgido de la velada llegaba a los postres, “cuando Silvio y yo hacíamos la escena del sofá”, recuerda Fraile. La escena del sofá. O la madre de todos los vodeviles. “Pasábamos a un gran salón con piano y yo le pedía a Silvio que cantara y tocara algo; y él, ‘que no, que no’; y yo, ‘que sí, que sí’. Por supuesto, la cosa acababa con Berlusconi dando un concierto y todo el mundo pasándolo en grande”, cuenta Fraile.

Arrímate, Adolfo

El otro punto álgido de la carrera de Fraile tuvo lugar en 1986, tras ser nombrado asesor de comunicación de Adolfo Suárez y el CDS con este argumento: "Si lograste que Julio Iglesias vendiera millones de discos, lograrás que Adolfo Suárez vuelva a sacar millones de votos”.

Suárez intentaba reflotar su carrera política tras su dimisión como Presidente del Gobierno en enero de 1981 (poco antes del 23-F y tras sucumbir a la presión conjunta de militares, oposición, ciudadanía y su propio partido).

Si lograste que Julio Iglesias vendiera millones de discos, lograrás que Adolfo Suárez vuelva a sacar millones de votos

La campaña electoral del CDS en 1986 fue un triunfo si tenemos en cuenta su presupuesto y de dónde venía el partido: de los 2 escaños de 1982 a los 19 de 1986. ¿En qué se notó el toque Fraile? Tanto en detalles costumbristas -Suárez tirando su chaqueta al público tras un mitin, como hacía Julio Iglesias en los conciertos- como en su lucha para convencer al político de que necesitaba un cartel electoral que emulara la mítica foto del 23-F con Suárez sentado en un hemiciclo vacío (porque el resto de diputados -menos Santiago Carrillo- se habían tirado al suelo cuando Tejero empezó a pegar tiros). Suárez se resistía: temía que le acusaron de “instrumentalizar un momento doloroso para España”. Fraile le insistía en que ese momento trágico era su principal valor político. Suárez dio su brazo a torcer… a medias: el día que tenía que hacerse la foto en el Congreso vacío, no apareció. Finalmente su equipo de campaña recurrió a un fotomontaje.

Pero donde Fraile hizo la diferencia como fontanero fue durante la preparación de la entrevista televisiva que puso en órbita la campaña de Suárez: su paso por el programa ‘De jueves a jueves’ de Mercedes Milá, el 22 de mayo de 1986, un mes antes de las elecciones, el momento clave para lograr que un Suárez en horas bajas “despertara de nuevo los sentimientos de admiración y simpatía que había provocado en el pasado”.

Este oficio depende mucho de tener mano izquierda; hay que contar con amigos en todos sitios y tener teléfonos que puedan abrir las puertas

He aquí la historia de una de las operaciones de fontanería televisiva más sagaces de la democracia.

Sostiene Fraile que su oficio “depende mucho de tener mano izquierda” y que “hay que contar con amigos en todos los lugares y disponer de teléfonos que puedan abrir las puertas”. Resulta que el hermano de un amigo de Fraile trabajaba con Mercedes Milá, y resulta que era fan de Adolfo Suárez… Fraile se lo cameló para que le pasara las preguntas que Milá iba hacerle a Suárez. Ni Suárez ni Milá supieron nunca del apaño.

Durante la preparación del programa, el equipo de Fraile realizó un simulacro de entrevista a Suárez... que se iba a parecer exageradamente a la que le iba a hacer Milá. “Adolfo llegó a plató ignorando que se sabía de memoria las preguntas que le iban a hacer… Todo ocurrió según lo que habíamos calculado. Las preguntas eran las que nosotros sabíamos y el político se desenvolvía con la naturalidad que habíamos ensayado. Logró acercarse a Mercedes, la sedujo, la descolocó, consiguió agarrarla del brazo y la embaucó. Así que, entre que Suárez engatusó a Milá y que tenía respuestas brillantes para todo, salió literalmente a hombros del plató”, escribe Fraile.

Adolfo Suárez y su mujer Amparo Illana en sus verano en Mallorca. (Korpa)
Adolfo Suárez y su mujer Amparo Illana en sus verano en Mallorca. (Korpa)


Y es que, otro de los consejos de Fraile a Suárez fue que tenía que tirarle los trastos a Milá en directo (poco más o menos). No porque Suárez buscara novia, sino como modo de resucitar su mítico carisma en las distancias cortas (o la vuelta del Suárez del que toda España se enamoró en 1977, antes de que cayera en desgracia atacado por... toda España).

“Por la forma como estaba montado el plató, entre Milá y sus entrevistados siempre había una notoria distancia que daba a la entrevistadora una posición de fortaleza de la que se servía para llevar la conversación por los derroteros que más le convenía. Queríamos que Suárez transmitiera la imagen de alguien cercano, simpático, espontáneo, para lo cual había que vencer ese hueco. Suárez tenía que seducir a Mercedes Milá. ¿Cómo? Empezando por romperle los esquemas. Había que descolocarla y vencer su posición de superioridad en el plató. Aleccioné a Adolfo para que fuera moviendo su silla durante la entrevista y cada vez se acercara más a ella, sin abandonar nunca la sonrisa y el poder de atracción que él tenía. Llegado un momento, debía aproximarse tanto a la periodista que no resultara extraño que la tocara. Es más, le dije: ‘Adolfo, has de llegar a agarrarla del brazo, has de seducirla’”, zanja Fraile.

Así se escribe la historia de la fontanería.

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