publica 'los tesoros de la cripta'

Juan Manuel de Prada: "El capitalismo nos quiere solteros e infecundos"

El escritor recupera sus críticas cinematográficas en un libro que muestra su talante a la contra y su rechazo al sistema

Foto: Juan Manuel de Prada. (EFE)
Juan Manuel de Prada. (EFE)

El escritor y periodista Juan Manuel de Prada (Barakaldo, 1970) es uno de los pensadores más radicales de nuestro país. Triunfó muy joven, ha recibido casi todos los premios literarios y tiene un amplio recorrido como columnista, ligado a medios de la derecha. Quizá por eso, el sector más superficial de los “progres” se ha empeñado en caricaturizarlo. Estos días presenta 'Los tesoros de la cripta' (Renacimiento), un recopilación de sus críticas cinematográficas donde se trasluce su rechazo al sistema. De Prada conversó con El Confidencial en una terraza de La Latina, donde encadenó respuestas incómodas tanto para los neoliberales como para la izquierda posmoderna.

Valga este ejemplo: “Lo que quiere el sistema es que no tengamos hijos y así seguir pagándonos sueldos bajos, que no llegan para mantener a nadie. Hay marxistas que entendieron eso, por ejemplo Pasolini, que explicaba que la promoción de la libertad sexual era una forma de evitar que se formasen familias fuertes. También lo comprendió Herbert Marcuse, cuyo ‘Eros y civilización’ (1955) habla de la desublimación represiva, que consiste en que el sistema te mete mucho sexo en la cabeza y además lo banaliza, logrando que tu creatividad disminuya. Saturarnos con estímulos sexuales y evitar la fertilidad es la religión del capitalismo. Muchas veces me pregunto por qué la izquierda no es capaz de rebelarse contra eso. Pienso que, sin darse cuenta, se han dejado domesticar”, explica.

'Los tesoros de la cripta'. (Renacimiento)
'Los tesoros de la cripta'. (Renacimiento)

Unos minutos más tarde, lamenta que “la iglesia también se ha rendido en algunos aspectos, por ejemplo abandonando términos como ‘usura’, fundamentales para una visión crítica de la economía”. De Prada desafía el discurso dominante, tanto por sus reflexiones cinematográficas como por reivindicar la carga subversiva de la doctrina social cristiana.

PREGUNTA: La primera conclusión que sugiere su libro es que el cine ha ido a peor.

RESPUESTA: Está claro. Para ponerme tremendamente reaccionario, diría que se echó a perder con la llegada del sonoro. Antes el cine era una sucesión de imágenes capaz de crear sensaciones, impresiones y reminiscencias en quien las estaba contemplando. Transmitía emoción estética. Con el sonido empezó a estropearse como arte autónomo, aunque fueron los sucesivos avances técnicos -color, cinemascope, efectos especiales…- los que lo han ido corrompiendo. La capacidad que tenía en la época muda para tocar al espectador con historias simples se ha desvanecido. Hoy la presencia de los efectos especiales es aplastante. Muchas de las películas que recojo en el libro son superproducciones, pero esas historias no necesitaban efectos especiales; lo que hacían era reconstruir los escenarios y meter en cada escena las multitudes que tuvieran que meter. Otro problema de las películas actuales es la incapacidad para contar una historia en noventa minutos. Ahora duran dos horas como poco, tardan mucho en entrar en materia. Todo está muy literaturizado. El otro día fui a ver ‘Molly's Game’ (2017), protagonizada por Jessica Chastain, una película que ha tenido buenas críticas. Me pareció un horror lo mucho que hablaban. Siempre he sido partidario de la literatura, en el sentido más duro de la palabra, pero creo que las mejores películas son aquellas que puedes entender sin sonido. ¿Por qué nos fascina ‘Vértigo’ (1958), de Alfred Hitchcock? Porque es casi una película muda. Para mí el cine es mejor cuanto menos diálogo tiene. Pero eso se ha perdido para siempre.

Juan Manuel de Prada. (EFE)
Juan Manuel de Prada. (EFE)

P: Sus juicios más implacables los dirige contra tótems de la modernidad como Werner Herzog y David Cronenberg.

R: Soy una persona exagerada y truculenta. Entonces, cuando quiero alabar el ‘Teniente corrupto’ (1992) de Abel Ferrara, aprovecho para decir que el remake de Herzorg es muy malo. Estos cineastas que cuestiono, como tantos otros, hicieron obras meritorias o incluso sobresalientes, por las que fueron abrazados y encumbrados por la modernidad. Lo que me parece evidente es que luego cayeron en un manierismo penoso y vacuo, propio de artistas fofos, carcasas vacías. Igual ocurre con David Lynch, cuyo cine se convierte en penoso después de ‘Mulholand Drive’ (2001). No se salva ni la última temporada de ‘Twin Peaks’. Recuperando el concepto de la vieja moral, diría que el halago mundano es peligroso para el artista.

Alucino cuando se despacha el cine del franquismo como folclórico y nacional-católico. Eso solo puede hacerlo gente que no lo ha visto

P: Hay frases tremendas en el texto. Una reseña termina así: “Vade retro, cinéfilos de pata negra y pezuña roja”.

R: Es mi defensa de Cecil B. DeMille. Antes de responder, quiero aclarar una cosa: yo no rechazo la crítica con intención ideológica. Lo que ocurre es que ha habido una serie de cineastas a quienes se ha estigmatizado por razones políticas, por ejemplo a Cecil B. De Mille o al español Rafael Gil. Esto me parece una locura, una perversión del arte, que impide comprenderlo. Realmente alucino cuando se despacha el cine del franquismo como folclórico y nacional-católico. Eso solo puede hacerlo gente que no ha visto películas españolas de la época. Rafael Gil, por ejemplo, se podría considerar uno de los tres mejores directores del cine español. Lo que no me parece aceptable es el apriorismo ideológico, pero no tengo problema en que la ideología del critico juegue un papel fuerte en sus reseñas literarias o artísticas. En realidad, es complicado decir cuando un artista es de izquierda o de derecha. Los directores y guionistas se expresan por medio de personajes, con lo cual no es sencillo adivinar hasta qué punto reflejan lo que piensa quien les crea. Viendo el cine de Edgar Neville es imposible decir si es de derechas, de derechas solo en ciertas cuestiones o si se hizo de derechas por el lugar en que le pilló la guerra civil. Un artista no se puede clasificar con el sentido esquemático con el que hoy se contempla la política desde los informativos de televisión.

Decir que la religión está desprestigiada culturalmente es como decir que follar está desprestigiado vitalmente

P: Sostiene que una película religiosa puede ser muy subversiva. ¿No le da la impresión de que ser creyente está muy desprestigiado? De manera un poco absurda.

R: Decir que la religión está desprestigiada culturalmente es como decir que follar está desprestigiado vitalmente. Recordemos que son las religiones quienes fundan las culturas. Tu pregunta confirma que vivimos en un caos. El ser humano tiene unas inquietudes espirituales que podemos pensar que son paranoias y fantasmagorías que se crean en su cabeza, lo cual nos llevaría a concluir que la civilización es un sujeto colectivo enfermo. Yo prefiero pensar que la religiosidad es algo real, que necesita ser nutrido. Una civilización sin religión, que es lo que trata de crearse después de la Revolución Francesa, está condenada al fracaso, por eso creo que nos pasan las cosas que nos están pasando ahora. La democracia puede ser una estupenda forma de gobierno, pero no es posible convertirla en una una religión. Relacionarnos con los misterios que adivinamos en la otra vida es una necesidad humana. Hemos llegado a una sociedad materialista que no prohíbe la religión, pero condena a esas comunidades a una especie de reserva de indios comanches. Se contempla como frikis a quienes quieren cubrir una aspiración humana universal. En cualquier obra de arte la religión juega un papel enriquecedor.

P. ¿Cómo afecta esto a los enfoques del cine contemporáneo?

R. Muchas veces el mal se presenta de forma banal, a través de una versión edulcorada y merengosa de la vida. La mejor prueba es el cine francés buenrrollista, donde las dificultades se superan con suma facilidad. Una película como 'Amélie' (2001) puede ser el ejemplo más claro, pero en Francia esto es omnipresente. Luego está el otro extremo, que dice que el mal es una cosa que el hombre no puede vencer, ni siquiera usando toda su voluntad. Entonces llegan esas visiones tenebrosas del futuro, tipo Michael Haneke. Esto también es irreal. Todos tenemos experiencias en nuestra vida que nos dicen que el mal es muy fuerte y que nuestra libertad es imperfecta, pero que a pesar de todo podemos hacer lo correcto. Unas veces conseguimos evitar ese mal y otras no. Esto, para mí, es el conflicto religioso por excelencia. El drama clásico consiste en el enfrentamiento del hombre contra el mal y la adversidad. Justamente la pérdida del sentido religioso es lo que nos ha llevado a estas dos opciones falsas y monstruosas que dominan los guiones actuales.

'Campeones' muestra a un equipo de chicos con retraso mental. La cruda realidad es que casi el 100% de esos niños son abortados

P. ¿El cine sigue teniendo voltaje político?

R. Puede tenerlo, en la medida en que se aleje del dinero. Por supuesto, cuestionar al poder no van a interesar a las grandes productoras. En general, hemos pasado del cine de entretenimiento al cine de hipnosis, que intenta mantener a la gente feliz en su burbuja. Las películas cada vez son más blandas y asépticas, incluso las consideradas “de calidad”, que huyen de las cuestiones espinosas. El cine español está aparentemente muy ideologizado, con todas esas galas de los Goya que un día son “no a la guerra”, otro “no al chapapote” y otro “no a la madre que te parió”. Pero luego es un cine que aborda las cuestiones de manera un tanto inocua. Muchas veces, ser inocuo es la manera más clara de ser inicuos. Te pongo un ejemplo: el éxito de ‘Campeones’ (2018), que cuenta la historia un equipo de baloncesto formado por chicos que sufren retraso mental. La cruda realidad es que casi el cien por cien de los niños que son concebidos y sufren minusvalía psíquica son abortados. A mí me parece extraordinario que estos chavales deportistas sean protagonistas de una película. Son personas que pueden amar, tener amigos, disfrutar de un viaje, de un cuadro y llevar una vida cuasi-normal. El enfoque duro sería preguntarse por qué tan pocos padres tienen el valor de aceptarlos como hijos. A mí me gustaría una historia más comprometida donde se muestre nuestro rechazo a que nazcan. El problema es que nadie va a escribir un guión donde media docena de personajes femeninos expliquen cómo se enfrentan a este tipo de decisión. Vivimos en una sociedad moralmente amputada donde nos quitamos de encima a los niños como quien se quita una verruga.

P. La mayoría del público te percibe como alguien de derecha, pero sintonizas con intelectuales marxistas como Santiago Alba Rico y Carlos Fernández Liria.

R. Con ellos siento una cercanía espiritual, basada en situaciones que consideramos monstruosas. Los tres estamos contra esa versión degenerada del capitalismo que se ha impuesto hoy en día. Puede sonar extraño, pero la variante del libre mercado que sufrimos en el siglo XXI es el mayor enemigo de la propiedad privada, ya que trabaja para concentrarla en muy pocas manos. Basta echar un vistazo a las calles de Madrid y ver la cantidad de pequeños negocios que han cerrado. Lo que estamos viviendo es una negación de la propiedad privada. En ninguna otra época de la historia las personas han estado tan sometidas al dinero como lo están hoy. El buen gobernante es quien protege al pueblo de los poderosos. Es algo que advertía ya Pio XI en su encíclica ‘Quadragesimo Anno’ (1931), donde denuncia que los estados han dejado de ser árbitros para convertirse en siervos del capital.

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