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Sangría y nostalgia imperial: las canciones más patrióticas para el 12 de octubre

Con Cataluña dividida entre partidarios y detractores de la independencia, nos preguntamos... ¿Qué tonadillas patrias son las más adecuadas para estos días?

Foto: Manolo Escobar canta 'Que viva España' en la celebración en Madrid del triunfo de la selección española en el Mundial de Sudáfrica 2010
Manolo Escobar canta 'Que viva España' en la celebración en Madrid del triunfo de la selección española en el Mundial de Sudáfrica 2010

El 12 de octubre, la fiesta nacional de España o Día de la Hispanidad, llega este año en un momento delicado, con Cataluña dividida entre partidarios y detractores de la independencia. La mayoría de países de nuestro entorno apenas tienen conflictos con sus identidades estatales, pero en España la herencia del franquismo dificulta para muchos el entusiasmo nacional. Las canciones patrióticas, pensadas para unir, pueden causar rechazo en escenarios de enfrentamiento. Eso da pie una serie de preguntas: ¿Qué tonadillas son más adecuadas para estos días? ¿Qué sensibilidades podría herir cada una de ellas? ¿A quién sirven las guerritas culturales sobre cuestiones identitarias? Son algunas de las cuestiones que sobrevuelan la siguiente lista de himnos.

Si falta el suyo, solo tiene que decirlo.

'Que viva España' (Manolo Escobar)

Para muchos turistas europeos, esta es la banda sonora de la sangría, trasegada sin medida desde mediodía hasta medianoche. Para otros, los emigrados económicos de los cincuenta y sesenta, es una letra que dispara el resorte nostálgico, recordando la tierra que dejaron (posiblemente, pase algo parecido con los nuevos migrantes a Europa). En realidad, Manolo Escobar podría ser un símbolo reconciliatorio, el español residente en Cataluña con público de clase obrera y seguidor del Barça. Hoy a algunos le sueña a bizarrada kitsch, pero este ritmo está saturado de densidad histórica. Y de alegría contagiosa.

'Suspiros de España' (Estrellita Castro )

Pocas cosas más españolas que un pasodoble. Compuesta por el maestro Antonio Álvarez Alonso en 1902, no ha perdido un ápice de potencia expresiva. Estrellita Castro la hizo popular en 1938, Carlos Saura la incluyó en 'Ay Carmela' (1990) y el escritor Javier Cercas la usó como hilo para coser la trama de su exitosa novela 'Soldados de Salamina' (2001). ¿Podría ser esta la melodía que pusiera de acuerdo a las presuntas dos Españas? De momento, parece que su poder de seducción ha sido reconocido por todos. ¿La mejor versión? Seguramente la de Rocío Jurado, pura dinamita emocional.

'Volando voy' (Camarón de la Isla)

Podría ser la “tapada” de esta lista. El critico musical Diego Manrique la propuso una vez como himno nacional de consenso. La verdad es que tiene todo: alegría, elegancia y esa confianza para afrontar el futuro que resulta crucial en momentos de incertidumbre. En realidad, es un milagro, ya que Kiko Veneno (compositor de la pieza) la escribió en un aeropuerto mientras veía aviones que aterrizaban y despegaban. También hay que sumarle el mérito de la voz de nuestro artista más internacional y de estar en la antípodas de la rigidez militar típica de los himnos. Hasta el más hippie se viene arriba al escucharla.

'España, camisa blanca' (Ana Belén)

Estamos ante una pieza perfecta para quien siente afecto por el país, sin renunciar a reformarlo. Adelantándose a Barack Obama, Víctor Manuel (compositor de este himno) se dio cuenta de que la palabra “esperanza” tiene un poder de seducción universal. El asturiano se apoyó en un solo verso de Blas de Otero, a quien cambió una palabra, ya que el original dice “España camisa limpia de mi esperanza”. La letra reconoce la “reseca historia que nos abraza”, pero no se deja vencer por ella, pidiendo “cielos más estrellados, donde entendernos sin destrozarnos/ donde sentarnos y conversar”. Una pieza que huye de registros melodramáticos.

'Andaluces de Jaén' (Paco Ibañez)

En su famoso congreso de Vistalegre I, en pleno subidón mediático, Podemos escogió 'L`estaca' de Lluís Llach para simbolizar su idea de país. En principio, parecía lógico, ya que fue uno de los grandes himnos que unieron a los dos grandes colectivos de la resistencia antifranquista, los estudiantes y los obreros. Poco podían intuir que, unos años después, Llach la cantaría en Barcelona ante decenas de miles de independentistas, rebosantes de ánimo secesionista. Lo que buscaba el partido morado en un himno para la España humilde, la de abajo, la que suele pagar siempre las facturas de cada crisis. Visto lo visto, quizá hubiera sido más sensato usar este poema de Miguel Hernández, que emociona a casi todo el que la escucha por su reconocimiento de la clase trabajadora, presente en los versos sin necesidad de mencionarla de manera explícita. A esta letra nadie le podrá acusar de franquismo.

'El imperio contraataca' (Los Nikis)

Según los Nikis, se trata de una simple broma, pero los pijos de los ochenta la tomaron como un himno que cantar ebrios a voz en cuello en los cierres de la mítica discoteca madrileña Jacara. Bajo la apariencia de himno antianglosajón, se esconde un chute de orgullo orgullo nacional, peligroso por pegadizo. Algo parecido pasaría años después con 'De puta madre', de Terra Wan, convertida por Chimo Bayo en 'España es de puta madre'. Como se puede comprobar, el patriotismo no es incompatible con la modernidad.

Posdata

En los últimos días, hemos asistido a dos momentos inefables de fervor patriótico-musical. Uno fueron las escenas de exaltación nacional provocadas por Taburete, tanto en su concierto en el San Jordi Club como entre los jóvenes proespañoles que bailaban 'Sirenas' en manifestaciones por la unidad de España. Por otro lado, un discjockey de la discoteca Pachá consiguió demostrar que el himno nacional es capaz de conectar con la población más joven , especialmente a altas horas de la madrugada, con determinados niveles de intoxicación.

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