Taburete y Hombres G en Barcelona: "¡Yo soy español, español, español!"

Los dos grupos madrileños sumaron esfuerzos en Barcelona en un espectáculo que el público utilizó para exhibir su españolidad

Foto: Willy Bárcenas actúa con 'Taburete'.
Willy Bárcenas actúa con 'Taburete'.

La gira intergeneracional del año, si no de la década, reúne al fenómeno del momento, Taburete, y al grupo que más décadas ha resistido el apelativo de grupo para adolescentes, Hombres G. Se supone un montaje ganador. Se han agotado con casi tres meses de antelación las entradas para el concierto en el Wizink Center de Madrid. Sin embargo, hoy el Palau Sant Jordi de Barcelona está cerrado. El concierto se celebra en la nave anexa, el Sant Jordi Club y apenas hay cuatro mil espectadores. A veces pasa. Grupos rematadamente madrileños no cuajan del todo en Cataluña. Lo mismo ocurría con Pereza.

El martes habló el pueblo catalán y el rey Felipe VI. El miércoles habló Carles Puigdemont y Gerard Piqué. El jueves habló la banca y Andrés Iniesta escribió tres tuits. El viernes habló el delegado del gobierno en Catalunya y declaró el mayor de los Mossos d’Esquadra.

Y, mientras tanto, en una colina en lo alto de Barcelona

Hoy hay poco público, pero el que ha venido está crecido y con ganas de reivindicarse. Con el orgullo renacido del que se sabe entre iguales. En más de tres décadas yendo a conciertos, este cronista nunca vio una concentración tan desmedida de jóvenes con camisas de manga larga: camisas con el bordado de Ralph Lauren, camisas de cuello mao, camisas blancas, azules o con rayas verticales, ¡camisas con coderas!… También abundan los jerseys cubriendo los hombros y anudados por delante. Ellas son más y visten bastante más variado, pero también hablan con ese típico deje finolis-desganado. Con muchos oseas y muchos quéfuerte. Nada grave. Son sus costumbres y hay que respetarlas.

Ah, y casi nadie por aquí habla en catalán.

Los primeros en salir a escena serán Taburete. Para la clase obrera de la Zona Franca, el barrio que queda debajo del Sant Jordi Club, que ve cómo sus derechos laborales se recortan día a día y no da crédito a la impunidad con la que el PP sigue manejando el país, no debe existe grupo más odiable. Eso, si saben de su existencia. En cualquier caso, parece una banda diseñada para focalizar su ira. Por mucho que ni Antón Carreño, nieto del ex-presidente de la CEOE Gerardo Díaz Ferrán, y Guillermo Bárcenas, hijo del ex-tesorero del PP Luis Bárcenas, no sean responsables de los actos de sus respectivos abuelo y padre. Ellos no tienen culpa, claro, pero no había existido en España un grupo tan vinculado a la élite. Lo suyo es, en términos podemitas: música de la casta.

¡Yo soy español, español, español!

El concierto empieza casi media hora tarde. Una mujer negra advierte a su amiga: “El Taburete este no sé quién es, ¡eh!”. Cuando por fin salen a escena, se proyectan en las pantallas imágenes de bailaoras y ellos intentan casar rock y sevillanas en 'My name is Taburete'. Willy Bárcenas grita: “¡Viva Barcelona! ¡Viva la gente de Barcelona! ¡Y viva México, cabrones!”. Imposible detectar arengas españolistas en sus palabras, pero emerge en la platea una bandera española. Cuando acabe 'México DF', media sala entonará por primera vez el estribillo que más se repetirá esta noche: “Yo soy español, español, español”.

El de Taburete es un pop anodino, sin aristas, con un punto rancio y nutrido de esa poesía sabinera de tercera

Hay una decena de músicos en el escenario, pero Taburete suenan como una voluntariosa orquestilla de verbena. Y su música es tan neutra, higiénica y apolítica que tanto podría compartir cartel con Café Quijano como con Fito & Fitipaldis. Es pop-rock español de-toda-la-vida. Como el de aquellos grupos de mediados de los años 80 que solo sonaban en las desconexiones provinciales de Los 40 Principales, pero nunca llegaban a la lista nacional. Pop anodino, sin aristas, con un punto rancio y nutrido de esa poesía sabinera de tercera, la del “se han olvidado a qué huele la luna” y las "sonrisas de primavera”. Un grupo, también, atractivo para madres y padres. No solo mencionan a Los Panchos, sino que en directo se marcan el 'Me gustas mucho' de Rocío Dúrcal.

Hombres G y Taburete (EFE)
Hombres G y Taburete (EFE)

Llega el momento ‘Cine de barrio’ pop. Bárcenas presenta al cantante de Hombres G así: “Todos tenemos un referente y yo quería ligar más que David Summers”. Juntos cantan 'Ella'. Willy Bárcenas exclama: “¡Hoy nos vamos a volar la peluca!”. Willy Bárcenas informa: “No lo digo por hacer populismo, pero el público de Barcelona es acojonante”. El 'acojonante' público de Barcelona ya ondea cinco banderas españolas. No habrá más que cinco en toda la noche. Pero cuando Taburete se arranquen con su versión rockera de 'El toro y la luna' (han leído bien, sí, versión rockera de 'El toro y la luna', con sus imágenes de corridas), el canto del ‘yo soy español, español, español’ ya será prácticamente unánime en el Sant Jordi Club. Y acto seguido se le sumarán varios ‘Viva España’.

David Summers, el mediador pop

La transición entre el final del bloque Taburete y el inicio del bloque Hombres G se resuelve en apenas 20 segundos. Un viaje en el tiempo fulminante que se inicia con '¿Por qué no ser amigos?'. La cuenta Hombres G Team aseguraba minutos después por las redes que no es una canción habitual en el repertorio actual de la banda y que la habían escogido especialmente para la ocasión.

Primera estrofa: “¿Qué es lo que pasa? ¿Estamos locos o qué? / ¿Qué es esta farsa? Dime, ¿quién engaña a quién? / ¿Quién se han creído que somos para tratarnos así? / Solo sé que así no se puede seguir / Hay muchas formas para hacerse escuchar / Muchas personas que merecemos la paz / ¿Por qué odiar al diferente si no es como los demás, / Cuando todos somos gente nada más?”. En el estribillo parece que Summers se esté ofreciendo como mediador entre Mariano Rajoy y Carles Puigdemont: “¿Por qué no ser amigos? ¿Estar unidos? / ¿Vivir sin miedo y en libertad? / ¿Por qué no dar la mano? ¿Ser como hermanos? / ¿Por qué no intentamos vivir en paz? / Contad conmigo en lo que yo os pueda ayudar / Se puede hacer trabajando, juntos se conseguirá”.

En el estribillo parece que Summers se esté ofreciendo como mediador entre Mariano Rajoy y Carles Puigdemont

La segunda estrofa adquiere una especial resonancia, considerando que Willy Bárcenas sigue en escena cantando con Hombres G: “Yo no comprendo esta mierda de sociedad / Nunca estoy de acuerdo con los que quieren gobernar / Que se metan sus mentiras por donde les puedan caber / Pero nosotros tenemos aún mucho que hacer”. Ahí se detectarían hasta puntos de acuerdo. Muchos ciudadanos que se reúnen para protestar frente a sedes del Partido Popular suscribirían estos versos. Otros, simplemente, repetirían lo que ya dicen siempre que se manifiestan: “Se nos mean encima y dicen que llueve”.

Ni mucho ni poco, ni para comerse el coco

Hombres G, tres décadas más viejos, suenan tres décadas más jóvenes que Taburete. Son solo seis en escena, pero ,sin tener un directo apisonador, ni mucho ni poco ni para comerse el coco, es mucho más potente. Ya no habrá más guiños a la situación política, aunque sorprende la cantidad de canciones posesivas de su repertorio: “No te escaparás”, “Si no te tengo a ti”… “El ataque de las chicas cocodrilo” no es recibido por el público como un insulto sino como una reafirmación de identidad. El pijódromo ya está que arde de alegría.

Hombres G, tres décadas más viejos, suenan tres décadas más jóvenes que Taburete

Llevamos hora y media de concierto. Padres e hijos se desmelenan y bailan juntos 'Indiana' y 'Nassau'. Una mujer se deja filmar por su amiga mientras salta y canta 'Suéltate el pelo' con el sujetador atado sobre el vestido. Cuando Bárcenas se une a Hombres G para destrozar 'Temblando' añoras a Dani Martín y recuerdas que la gira conjunta de Hombres G y El Canto del Loco sí metió a 18.000 personas en el Palau Sant Jordi. Una joven rubia y delgada descansa apoyada junto a la pared con la mirada perdida. De repente, vuelve en sí: “Yo soy español, español, español”. Su amiga la secunda sin entusiasmo.

Los dos grupos ya están unidos en el escenario, intercambiándose roles en un tercer y último bloque. Los de la casta pop y los inventores del punk-pop pijo español generan un ambiente de orgullo de clase alta. Y también de cierto desenfreno. Las camisas blancas de Ralph Lauren ya están abiertas hasta el tercer y cuarto botón. Antón Carreño toma la palabra para soltar lo siguiente: “Hace mucho calor aquí arriba. Que abran todas las puertas porque están llegando nuestras amigas ¡las mariposas!”. Así presenta 'Mariposas' el chaval. Su colega. Willy, ya no puede morderse más la lengua. “Solo quiero decir una cosa: disfrutemos de la juventud, disfrutemos de los amigos. Tener a tu gente alrededor vale más que cualquier puta cosa”. Y canta 'Amos del piano bar', su particular living la vida loca en aviones, pisos de Sierra Nevada y Nueva York.

Si han llegado hasta este punto de la crónica, no creerán lo que ocurrió a continuación. El público se arrancó por enésima vez a corear, lo adivinaron, ‘yo soy español, español, español’. Pero sin mediar palabra, Javi Molina (batería de Hombres G) lanzó un redoble de batería inconfundible y el cántico se deformó así. “Yo soy español, español, español, yo soy espamarta tiene un marcapasos, que le anima el corazón”. Podría haber seguido asá: “No tiene que darle cuerda es… español, español, español”. Y de ahí a 'Visite nuestro bar'. Y de ahí a 'Sirenas', en la que mientras Taburete se confirma como relevo natural de La Oreja de Van Gogh, uno no sabe si ellos preferirían ser los nuevos Café Quijano o el nuevo Melendi.

Pasaremos de la mafia

Recta final. Suena 'Sufre mamón'. Luces abiertas. El pijódromo es una fiesta. Dos seguratas se descojonan a pie de escenario. Un chaval con flequillo tieso se golpea enérgicamente el bordado de la camisa mientras grita eso de “le he quemado su jersey y se ha comprado cinco o seis”. Un treintañero con polo negro, gafas y pinta de informático lanza un sujetador al escenario. Sí, él.

Taburete da por finalizado su repertorio con 'Caminito a Motel', pero aún falta la última escena para mear y no echar gota. Falta 'Venezia'. El batería de Hombres G se atiza un trago largo de tequila y entona los versos que mejor resumen la eufórica impunidad con que los ladrones de guante blanco saquean nuestro país: “Io sono il capone della mafia / Io sono il figlio della mia mamma”. Yo soy el jefe de la mafia. Yo soy el hijo de mi madre. Y punto. Willy Bárcenas, se ha atizado otro trago de tequila, aún más largo. Y empapado en sudor como su colega Antón Carreño, abre los brazos en cruz, reclina la cabeza, mira al techo del pabellón y grita: “Pasaremos de la mafia, nos bañaremos en la playa”.

Clamor pijo. Sudor perfumado. Amnistía fiscal. Precariedad sistémica. No me consta. Desahucios criminales. Recortes cocodrilo. Cataluña, sé fuerte.

La escala barcelonesa de la gira intergeneracional del año para algo más de tres mil espectadores toca a su fin. Willy Bárcenas sigue eufórico y propone un último cántico neutro, rancio y universal: “Bona nit, Barcelona”, al son del 'Seven nation army' de The White Stripes. David Summers, más contenido, se despide con un “Sed buenos, sed felices”.

Bajando de la montaña de Montjuïc por la calle del Foc, en el cruce con el paseo de la Zona Franca, una mujer rubia al volante de su imponente Opel Mokka blanco con tracción 4x4, se salta el semáforo en rojo.

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