estreno el 20 de abril

'Custodia compartida' o la impotencia de las víctimas de maltrato

Xavier Legrand, ganador del León de Plata en Venecia, estrena en España 'Custodia compartida', un éxito rotundo a su paso por la cartelera francesa

Foto: Léa Drucker y Dénis Menochet en un fotograma de 'Custodia compartida'. (K. G. Productions)(
Léa Drucker y Dénis Menochet en un fotograma de 'Custodia compartida'. (K. G. Productions)(

Cuando la vecina de Miriam Besson cierra la puerta, la pantalla funde a negro y el espectador se funde, a secas. Prácticamente en shock. Antes ha pasado por el escepticismo, la náusea, el miedo y finalmente el aturdimiento, en un camino en paralelo al de la protagonista, Miriam (Léa Drucker), y sus hijos. ‘Custodia compartida’ comienza, efectivamente, con la lucha de una pareja sobre la custodia de sus dos hijos: Julien (Thomas Gioria), de 11 años, y Joséphine (Mathilde Auneveux), de 18. En un despacho aséptico y burocrático, una juez lee la carta de Julien, en la que el niño insiste en que no quiere ver a su padre, delante de las partes y sus abogadas. Revisan los documentos. Discuten sobre la validez o no de sus argumentos, la falta o no de pruebas para sustentarlos, la veracidad o no de los mismos.

Mathilde pide la custodia completa y una pensión alimenticia de 110 euros por hijo y mes. No quiere pensión compensatoria. Antoine Bresson (Denis Ménochet) sólo pide compartir la custodia de su hijo pequeño, porque Joséphine, mayor de edad, se niega a verle. La justicia actúa como sabe, limitándose al derecho, al papel, a lo tangible. Pero lo tangible no siempre es igual a lo real. Y la justicia no siempre acierta a calibrar lo determinante que resulta lo intangible.

El director Xavier Legrand —ganador del León de Plata en Venecia por este film que pasó por la sección de Perlas del Festival de San Sebastián y ahora se estrena en cines— se atreve en su ópera prima con un tema tan candente como el de la desprotección y la impotencia de una víctima de malos frente a un abusador obstinado, bestial e incasable, y lo fatal que puede ser una equivocación por parte de la justicia. Y el resultado es un drama seco —un drama de terror— e implacable, que va abriéndose hueco hasta las entrañas y que arrastra al espectador ante la urgencia, le obliga a aguantar la mirada y le pregunta si siempre hay lugar para el vale, si siempre hay matices, si es que las cosas se exageran.

Thomas Gioria es Julien. (K. G. Productions)
Thomas Gioria es Julien. (K. G. Productions)

‘Custodia compartida’ no es una película sobre los casos de custodia compartida en general. Y si alguien consigue identificarse con el protagonista, debería hacérselo mirar. Porque Antoine Bresson tampoco es el hombre en general. Antoine Bresson es ese hombre iracundo, violento y vengativo, ese hombre que maltrata a su mujer y a sus hijos, ese hombre que frente al juez pide con voz pausada la custodia compartida de un hijo que no quiere verle como forma de encadenarse a su mujer. Ese hombre compulsivo y celoso, que no puede entender por qué ni su mujer ni sus hijos le quieren ver, que no es capaz de sentir empatía, ni un amor sano, porque su amor sólo se basa en el concepto de propiedad: tú eres mi hijo, por lo que aunque tú no queras tengo derecho a verte; tú eres mi ex mujer, por lo que aunque no me quieras me vas a querer por cojones. O yo o la nada. Porque, repito, ese hombre no es el hombre, pero ese hombre existe. Y como ese hombre existe, también existen sus mujeres, algunas engrosando las listas todos los años. La película plantea —y lo hace verbalmente—: ¿puede un hombre que maltrata a su mujer ser un buen padre?

La película plantea —y lo hace verbalmente—: ¿puede un hombre que maltrata a su mujer ser un buen padre?

"Al principio quería hacer tres cortometrajes que mostrasen tres momentos diferentes en una familia que estuviera viviendo una situación de violencia. En el primer corto narré la decisión de una mujer de irse del hogar y organizar su nueva vida y en los otros dos episodios quería reflejar el divorcio y custodia de los hijos y la tentativa de homicidio, respectivamente", ha contado Legrand a su paso por España para promocionar la película.

Legrand retrata a ese hombre, primero, a través su relación con Julien que, además de su hijo, es la puerta para llegar a su mujer. Los podríamos ir juntos a cazar pasan a ser los ¿y dónde vivís ahora?, ¿y tu madre tiene novio?, los enséñame tu casa, ¿y en qué piso?, ¿y dónde va?, y pásame el teléfono que quiero hablar con ella y el te he dicho que me pases el teléfono, joder, que quiero hablar con mi mujer. Luego, a través de la mirada asustada de la hija, que muestra el peso del terror continuado. Y por último, y sobre todo, a través de la mujer maltratada, que intenta convivir con la angustia de la espera, porque no sabe cuándo, ni hasta qué punto, pero sabe que no la dejará en paz. Quizás, la principal pega de 'Custodia compartida' es la poca complejidad del personaje del maltratador, que crea un rechazo absoluto, sin ambages y que podría considerarse algo simplista. Su gran acierto, la ausencia de aderezos para potenciar el drama.

Mathilde Auneveuxy Thomas Gioria en 'Custodia compartida'. (K. G. Productions)
Mathilde Auneveuxy Thomas Gioria en 'Custodia compartida'. (K. G. Productions)

Es imposible que nadie en ningún momento sienta una mínima conexión con un personaje despreciable en todas sus caras, a pesar de que en el informe del juzgado, sus compañeros de trabajo le hayan definido como trabajador, eficiente y de buen trato. O sus compañeros del club de caza. Antoine Bresson se presenta casi desde el principio como una mala bestia e, incluso cuando llora para apelar a la lástima de su mujer, resulta aún más repugnante, por lo obvio de la artimaña. No es sibilino, sino simple y primitivo. Un retrato que puede pecar también de simpleza, porque si los abusadores resultasen tan evidentes e inequívocamente despreciables a los ojos del mundo, ni la duda ni la controversia existirían. En ese sentido, el personaje de Perry Wright (Alexander Skarsgård) en 'Big Little Lies', ese hombre de éxito socialmente admirado, resulta más poliédrico y complejo y, por ello, más terrorífico.

si los abusadores resultasen tan evidentes a los ojos del mundo, ni la duda ni la controversia existirían

"Lo primero que hay que saber es que al menos en Francia cada dos días y medio una mujer muere a manos de su compañero o excompañero", explica el director, quien añade que "suele ocurrir durante la separación o justo después". Y por eso quiso centrar la trama de 'custodia compartida' en el tiempo después de la separación: "No veo demasiado interés en mostrar a un hombre golpeando a una mujer".

A medida que avanza la historia, el drama va dejando paso a la angustia y el terror. Y el clímax da paso al desasosiego más absoluto. ¿Cómo es posible que exista ese desamparo? ¿Cómo es posible que haya resquicios para la duda? ¿Cómo es posible que no haya unanimidad, que alguien en algún lugar pueda encontrar matices, o justificaciones o dejarse llevar por el puro escepticismo en un caso como este? Porque no todos los casos de custodia compartida son como este, pero los casos como este existen. Y —porque a veces la reiteración es necesaria— no todos los hombres son como este, pero los hombres como este existen. Y, sobre todo, sus mujeres y sus hijos.

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