el museo maldito del paseo del prado 30

Batalla por el edificio más caliente de Madrid: el pelotazo de Botella hace aguas

El Ayuntamiento apuesta por revertir la cesión a Ambasz y recuperar la titularidad pública del edificio okupado. La fundación arquitectónica amenaza con ir a juicio

Foto: Okupación del edificio el pasado 6 de mayo. (EFE)
Okupación del edificio el pasado 6 de mayo. (EFE)
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El edificio más caliente de Madrid está ahora mismo en el número 30 del Paseo del Prado. La okupación del inmueble para hacer un centro social (La Ingobernable) ha desatado una doble batalla política: entre las dos almas de Ahora Madrid y entre los dos propietarios: el Ayuntamiento y la Fundación Ambasz. De fondo, una cuestión que agita a todas las partes: la cesión del edificio a la fundación por parte de Ana Botella entre sospechas de “pelotazo” .

"La cesión fue una chapuza, a dedo, y ni siquiera se fijó un canon; o sea, que se 'regaló' un edificio por 75 años en el mejor lugar de Madrid", cuenta a El Confidencial José Manuel Calvo, concejal de Desarrollo Urbano Sostenible del Ayuntamiento de Madrid. "Tras consultar cinco informes técnicos diferentes que concluyen que el proyecto no es interesante para Madrid por múltiples motivos, nuestro dictamen es desfavorable. Vamos a ver cuál es la respuesta de la fundación, pero aunque el Ayuntamiento respeta la seguridad jurídica, está obligado también a defender el patrimonio de la ciudad. Si hay que dar los pasos para resolver la concesión, los daremos", añade Calvo.

La cesión fue una chapuza. Ni siquiera se fijó un canon. Se 'regaló' un edificio por 75 años en el mejor lugar

La fundación, cuyos abogados han denunciado la okupación tras consultarlo con el arquitecto Emilio Ambasz, no se quedará de brazos cruzados si el consistorio rescinde el contrato. “La concesión tiene una duración de 75 años. Si el Ayuntamiento intenta resolver la misma, deberá acreditarlo, y si el señor Ambasz no está de acuerdo, para eso están los tribunales”, cuentan los representantes legales de la fundación a este periódico.

Choques entre arquitectos

El edificio, de 3.000 metros cuadrados y situado en pleno Eje del Prado, cambió de manos en los últimos días de la alcaldía de Ana Botella. El Ayuntamiento cedió gratuitamente su uso a la Fundación Ambasz para construir un museo donde antes hubo un centro de salud y una sede de la UNED. La fundación se comprometió a financiar su construcción. La protección histórico/artística fue rebajada para facilitar el derribo a instancias de la Comunidad de Madrid. El valor de la parcela se cifró entonces en más de 4,5 millones de euros.

Si el señor Ambasz no está de acuerdo con la medida que tome el Ayuntamiento, para eso están los tribunales

El museo Ambasz tuvo en contra desde el principio al tejido arquitectónico de la ciudad, incluido el Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM), por la falta de concurso público. Según alegan los abogados de la Fundación Ambasz, “la ley permite la concesión directa a entidades sin ánimo de lucro” dispuestas a financiar el proyecto y a reinvertir los beneficios. “Es un proyecto absolutamente legal”, añaden.

Se da la circunstancia de que la Fundació Ambasz fue creada en 2008 por Miguel Ángel Cortés –senador del PP, ex secretario de Estado de Cultura, hombre fuerte del aznarismo y de FAES y polémico empresario cultural– lo que no ayudó precisamente a mitigar el malestar contra el proyecto. Tras conocerse la cesión de Botella, Cortés dijo que ya no estaba vinculado a Ambasz, lo que ha resultado ser una verdad a medias: aunque el político dejó de ser secretario de la fundación en 2010, le sustituyó otro hombre de FAES, Guillermo Martín Hirschfeld, coordinador para América Latina del ‘think tank’ aznarista. La relación de Cortés y Hirschfeld es más que estrecha: desde 2007 son socios en una Sociedad Limitada (Bajoz Internacional) dedicada primero a la explotación de concesiones administrativas y luego a la consultoría. Cortés y Hirschfeld se turnaron como administradores únicos de la sociedad hasta 2016. Hirschfeld no ocupa actualmente ningún cargo en la fundación: el año pasado fue nombrado agregado para inversiones de la Embajada de Argentina en España y se retiró de Ambasz para evitar incompatibilidades, según ha confirmado a este periódico.

El arquitecto Emilio Ambasz en una exposición en el Reina Sofía. (EFE)
El arquitecto Emilio Ambasz en una exposición en el Reina Sofía. (EFE)

Uno de los misterios del museo Ambasz es saber por qué no se ha movido una piedra del edificio a día de hoy. Los abogados de la fundación lo achacan a la "ralentización de los trámites" por parte del Ayuntamiento, sugiriendo quizá un boicot de baja intensidad.

En el consistorio, por su parte, no lo ven del mismo modo, sobre todo algunos técnicos. El 23 de febrero de 2016, durante una Comisión Permanente de Cultura, un técnico municipal denunció la dejadez de Ambasz con el edificio. Cita literal: “Yo creo que soy la única persona que ha mantenido algún contacto con alguien de la fundación, en concreto con un representante legal, y eso fue como hace dos meses; y si me guardas el secreto, te diré que fue con ocasión de la rotura de una tubería –la salida de agua–, y te digo que guardes el secreto porque aquello parecía como un sainete, ¿no? Me llamaban, yo decía que era cuestión del responsable, en este caso de la fundación; el de la fundación, que no... En fin, al final, la señora, que se le seguía saliendo el agua y que estaba en una tienda de al lado, nos decía: oiga, por favor, por favor, que llamo a los bomberos, y mandamos nosotros a la policía y aquello se solventó. No hemos tenido más relación con ellos”.

O el fuego cruzado entre los okupas, el Ayuntamiento, un arquitecto argentino y unos fontaneros de la FAES con fugas en las tuberías... Este Madrid.

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