crónica de una desparición

Por qué la clase obrera no va al paraíso. Así se cocina el clasismo en España

Arantxa Tirado y Ricardo Laullón “Nega” analizan la guerra cultural contra la clase obrera

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Estamos ante una idea tan sencilla que parece imposible que no se le hay ocurrido antes a nadie. Consiste en traer a la realidad española los enfoques de ‘Chavs: la demonización de la clase obrera’ (Capitán Swing, 2014), ensayo superventas del periodista británico Owen Jones. Más que una simple traslación , estamos ante una profundización, ya que los dos autores pertenecen de pleno a la clase trabajadora y han pasado por trabajos típicos de su origen como soldador, instalador de gas, camarera, administrativa y vendedora de zapatos.

El texto de Arantxa Tirado (politóloga) y Ricardo Laullón “Nega” (la mitad de los raperos Los Chikos del Maíz) transmite de manera articulada la impotencia y el orgullo de una clase machacada, que se ha pretendido invisibilizar . Pocas semanas después de publicarse, ‘La clase obrera no va al paraíso’ (Akal, 2016) ha llegado a la segunda edición. Su retrato del rampante clasismo contemporáneo, que afecta incluso a ciertos sectores de la izquierda,  merece máxima difusión.   

PREGUNTA. La tesis del libro es que el éxito de la mentalidad de clase media impuesta en los ochenta ha desarmado la identidad y la capacidad de lucha de la clase obrera y trabajadora. ¿Se puede recuperar?

Portada del libro
Portada del libro

RESPUESTA. Nega: Es difícil, sobre todo teniendo en cuenta que un dependiente de Mango que cobra 800 euros no se considera clase obrera por el hecho de no ensuciarse de grasa o llevar un uniforme. La temporalidad extrema es fundamental también a la hora de evitar que surjan vínculos de clase y una identidad: ¿cómo va a brotar la solidaridad entre gente que dura dos meses, un mes, una semana en un trabajo? No son compañeros, son desconocidos que apenas se saludan. Para que surja el compañerismo de verdad y sólido tienen que darse años compartiendo tajo.

A.T: Es difícil, pero no imposible, sobre todo porque esa identidad y esa capacidad de lucha no están muertas, sino aletargadas. En cualquier momento brotan, como lo demuestran las luchas –algunas de ellas muy combativas- que ha protagonizado la clase obrera en los últimos tiempos (Panrico, Coca-Cola, Movistar, etc.). De todos modos, se trata de que no haga falta que te echen del trabajo para que brote la conciencia y la solidaridad y eso creo que se logra a través de recuperar las tradiciones de nuestra clase, empezando por una mayor implicación en la organización de base a través de la cual se va generando identidad, conciencia de clase y valores alternativos.

P. También afirmáis que el clasismo es una forma de discriminación que apenas se combate, en cualquier caso mucho menos que el machismo o el racismo. De hecho, una de las propuestas más específicas del libro es imponer una cuota de representantes obreros en partidos como Podemos. ¿Con qué apoyos cuenta este enfoque?

A un sector de Podemos le incomoda la presencia en sus filas de personas como Cañamero

N: A priori, pensamos que no demasiados. Pero no deja de ser curioso que los partidos de izquierdas compitan por feminizar la política (que está muy bien) o presuman de tener entre sus filas a personas de etnia gitana (que también está muy bien) pero la presencia de obreros u obreras no es que sea motivo para sacar pecho sino todo lo contrario: por poner el ejemplo más evidente existe un sector en Podemos al que la presencia de gente como Bódalo o Cañamero incomoda más que otra cosa. Creo que no se sabe aprovechar las potencialidades que ello implica. Las huelgas o movilizaciones obreras cuentan siempre con un apoyo casi total y la simpatía de amplias mayorías sociales. De los mineros a los teleoperadores, nadie se atreve a cuestionar o a no apoyar una movilización obrera. Los obreros son casi 'intocables' en términos mediáticos cuando se movilizan, no existe nada más transversal. Pues bien, creo que no se aprovecha en absoluto esa capacidad de generar consenso y solidaridad que alberga la clase trabajadora cuando levanta la voz.

P. Denunciáis que los altos cargos de Podemos están copados por hijos de alta burguesía, desconectados del pueblo hasta el punto de poner la revista del partido a nueve euros y llenar los contenidos de intelectuales con un espeso y barroco lenguaje académico. ¿Seguimos teniendo una izquierda hipster o izquierda caviarnbsp;¿Es el caso Espinar el último eslabón de una cadena para la que hay que estar preparados?

Lo que nos interesa es ver a Errejón con los teleoperadores en huelga, no los debates eternos sobre la banda sonora de Podemos

N: No es algo nuevo, la izquierda caviar existe desde que el marxismo pasó de las puertas de las fábricas en los años veinte y treinta a las universidades tras la Segunda Guerra Mundial (Perry Anderson lo explica muy bien en esa maravilla que es ‘Consideraciones sobre el marxismo occidental’). Es un tipo de marxismo que vive y se alimenta del debate cultural (que es materialmente infinito y del que formo parte muy a mi pesar). En plan croquis y resumiendo hasta el extremo: lo que nos interesa es ver a Errejón en la calle con los  teleoperadores en huelga (como pasó), no los debates eternos sobre la banda sonora de Podemos.

El caso de Espinar es significativo. No creo que haya nada reprobable ni poco ético en su proceder: compró un piso y al no poder pagar la hipoteca lo vendió, todo acorde con la legalidad y la Comunidad de Madrid. El morbo y el quid del asunto reside en de dónde sacó los 60.000 euros para la entrada del piso. Es entonces, significativamente, cuando la derecha recupera la lucha de clases y lo que es normal en cualquier familia acomodada (que unos padres presenten dinero a un hijo para una casa) se convierte en un lastre para un senador de izquierdas. En el fondo lo que subyace es lo de siempre: los de izquierdas no podéis tener dinero, no podéis comprar casa, o un coche y por supuesto no podéis comer marisco. Es una lucha de clases a la inversa que, para más inri, mucha izquierda acomplejada y cómoda en su espacio de confort, compra con los ojos cerrados.

El político Ramón Espinar (EFE)
El político Ramón Espinar (EFE)

 

P. Citáís una frase célebre de Pasolini que dice que el fascismo tenía de su parte a la iglesia y la policía, pero que la democracia liberal tiene la televisión, que es más eficaz. ¿Se ha equivocado la izquierda al darla por perdidanbsp;¿Cómo se podría democratizar el medio?

N: Pese al alcance de Internet, la televisión sigue siendo la reina indiscutible. Por ponerte el ejemplo más reciente, sin la presencia de Pablo Iglesias en las tertulias televisivas, hubiera sido imposible Podemos (por mucho que se trabajaran campañas en Twitter y otras redes sociales). La televisión no se puede desvincular del Poder, la única forma de cambiarla es accediendo al Poder, puedes aprovechar ciertas grietas: el tertuliano de izquierdas de turno. Ideas y planteamientos que se desvanecen en unos minutos tras las cuatro horas seguidas de 'Espejo Público' o cualquier telediario. La televisión es la fortaleza a tomar, indiscutiblemente. Vosotros quedaos con Vivienda, Sanidad y Defensa: dadme la televisión y los controlaremos a todos (risa maléfica…).

Todavía hay gente que dice con orgullo no tener una televisión en su casa, como si eso la hiciera más culta o inteligente

A.T: Todavía hay gente que dice con orgullo no tener una televisión en su casa, como si eso la hiciera más culta o inteligente. Esto es un error porque la televisión, como internet, es una plataforma de transmisión de contenidos que puede ser llenada de una manera u otra. Nosotros nos criamos viendo 'La bola de cristal', igual eso explica muchas cosas... Por eso hay que llegar al Gobierno para hacer una televisión de calidad con contenidos atractivos desde otros valores, lo cual no siempre es fácil, pero ya hay experiencias muy buenas como la multiestatal TeleSUR.

P. Vuestro retrato de las películas obreras es demoledor, con unos directores casi siempre incapaces de retratar la vida cotidiana de los trabajadores. Destacáis el ejemplo de Fernando León de Aranoa. ¿Hacen falta artistas de clase obrera para explicar los conflictos de la clase obrera? ¿Por qué?

Cuando uno habla de una realidad que no conoce de primera mano puede caer -en el mejor de los casos- en el paternalismo progre

N: Por supuesto, tanto en política como en cualquier manifestación artística, faltan siempre miembros de la clase trabajadora. Pero no es condición sine qua non: hay muchos artistas que provienen de la clase media pero que saben huir del paternalismo y la condescendencia. Ahí están Loach, Buñuel o José Padilha con 'Tropa de Elite'. El caso de Aranoa en 'Barrio' es paradigmático, no sólo presenta a los tres jóvenes como víctimas completas y carentes de cualquier tipo de maldad, algo de lo más habitual en ese tipo de barrios. Los presenta tan gilipollas y lerdos como para coger un trabajo de repartidor de pizzas sin moto. ¿Quién se cree eso?

A.T: Venir de la clase obrera no es garantía per se para saber retratarla pero ayuda bastante porque presupone un conocimiento auténtico, desde adentro, de esa realidad y multiplica las posibilidades de que otros se identifiquen con lo que les estás contando. Cuando uno habla de una realidad que no conoce de primera mano puede caer -en el mejor de los casos- en ese paternalismo tan progre o en caricaturizaciones hirientes. Otras veces hay pequeños detalles que denotan la falta de sensibilidad para captar la realidad obrera en toda su complejidad.

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