'el gran cambiazo' y otros cuentos

Roald Dahl, el lado erótico de un novelista infantil

El escritor ha enseñado a leer a niños de todo el mundo gracias a 'Matilda', 'Las brujas' o 'Charlie y la fábrica de chocolate'. Pero también tenía un lado oculto no apto para mojigatos

Foto: El matrimonio formado por la actriz Patricia Neal y Roald Dahl.
El matrimonio formado por la actriz Patricia Neal y Roald Dahl.

Una vez, Oswald Hendryks Cornelius tuvo, sin quererlo, un encuentro carnal con una leprosa siria, hija de un jeque árabe, en medio del desierto del Sinaí. El error se produjo cuando, bajo la oscuridad de una noche sin luna, intentó beneficiarse a hurtadillas a la mujer y a la otra hija del jeque, y tentando, tentando, acabó en cueros en la habitación equivocada. 

El mismo Oswald Hendrycks Cornelius que, años después, conoció a Henri Biotte, un belga "peludo como una cabra" y químico olfatorio de profesión que le convenció para participar en un experimento con partículas olorosas altamente erógenas. Y el mismo que, de nuevo, acabó en cueros en otra habitación equivocada, abarraganándose con Mistress Posonby, la "hembra más enorme que jamás había visto" -y eso que había visto mujeres gigantescas en el circo-, debido a un escape fortuito de la sustancia afrodisíaca del señor Biotte.  

Oswald Hendrycks Cornelius acabó en cueros en otra habitación equivocada, abarraganándose con la "hembra más enorme que jamás había visto"

Pero ¿quién es el tal Oswald Hendrycks Cornelius, amante confuso y allanador nocturno de habitaciones ajenas? Ni más ni menos que el tío ficticio del escritor Roald Dahl, nacido de la cara más pícara, verde y retorcida del autor galés de cuentos infantiles por antonomasia.

Steven Spielberg, al que a olfato no le gana nadie, ha aprovechado que se cumple un siglo del nacimiento de Dahl para estrenar su adaptación cinematográfica de 'El gran gigante bonachón', uno de los clásicos modernos salidos de la pluma del escritor, además de 'Charlie y la fábrica de chocolate', 'Matilda' o 'Las brujas'.  Novelas infantiles siempre con un punto de humor negro e irreverencia que alcanzan su culmen en el poemario 'Cuentos en verso para niños perversos', en el que Blancanieves y los siete enanitos se hacen superbillonarios en el mundo de las apuestas gracias al espejo mágico o donde el narrador vota por condenar a Ricitos de Oro por cometer allanamiento de morada, ser una cochina y romper una silla isabelina.

Agunas biografías describen a Dahl como "el mayor 'cocksman' de América" -'cocksman' viniendo a significar "hombre sexualmente talentoso"-

Sin embargo, esta otra faceta de Dahl, opuesta a la de autor prolífico de novelas infantiles, es mucho más desconocida y refleja el carácter aventurero y algo caradura del hombre que algunas de sus biografías describen como "el mayor 'cocksman' de América" -'cocksman' viniendo a significar "hombre sexualmente talentoso"-, en la época en que el galés trabajó como agente secreto vinculado a la embajada de Reino Unido en Washington en plena Segunda Guerra Mundial.

El binomio Dahl-'Playboy'

Algunos años después, en los inicios de su carrera literaria, Dahl alternó las novelas infantiles con cuentos macabros para adultos que iba publicando periódicamente en revistas como 'The New Yorker', 'Harper's', 'Tomorrow' o 'Ladies' Home Journal' -este último vendría a ser algo así como 'el diario casero de las señoras'. Pero no fue hasta 1959 cuando comenzaría la unión del binomio engendrador del tío Oswald Hendrycks Cornelius, las colaboraciones de Dahl en una de las revistas más populares del mundo: la 'Playboy'.

Portada del número de 'Payboy' de diciembre de 1959.
Portada del número de 'Payboy' de diciembre de 1959.

En las páginas interiores de una edición especial sexto aniversario, casta como una trenca de paño, el escritor de ascendencia noruega firmó 'Un buen hijo' -que luego retitularía como 'Génesis y catástrofe' y que formaría parte del libro recopilatorio 'Kiss Kiss'-, un relato en el que Klara, una mujer austrogermana que ha sobrevivido a la prematura muerte de tres de sus hijos y que acaba de dar a luz, teme que su hijo recién nacido, de aspecto frágil y pequeño, acabe siguiendo los pasos de sus difuntos hermanos. Klara reza por que sobreviva, y le pide a Dios misericordia para con su hijo, cuyo nombre, que nos revelará el autor justo al final es... Adolf Hitler. Giro dahliano en su máxima expresión. ¿Pero dónde está el erotismo de este cuento? ¿Dónde están los cuerpos turgentes y las curvas seductoras? En el mismo lugar que en la portada de este número de diciembre de 1959. En ningún sitio.

Tuvo que ser casi seis años después, en mayo de 1965, cuando entre los pechos y pechos de la 'playmate' Maria McBane, el escritor presentase a su tío ficticio Oswald Hendryks Cornelius en el relato 'El visitante', donde cuenta el desliz infeccioso-ulceroso con la leprosa siria. Una traslación de su humor retorcido y negro en un contexto de encuentros sexuales sórdidos y fantasías eróticas chifladas con las que se tomaría un respiro de niños, niños-ratón, niños-mago, oompa-loompas enanos, chocolaterías gigantes, melocotones gigantes y gigantes gigantes.

Una traslación de su humor retorcido y negro en un contexto de encuentros sexuales sórdidos y fantasías eróticas chifladas

En el número de enero de 1966, con la pelirroja Judy Tyler en la portada, Dahl publicó 'El último acto', un cuento que él mismo definió como "un asesinato a polvos" que no se acaba de consumar por una "vaginitis atrófica senil". En él, la protagonista, Anna, no le encuentra sentido a la vida después de enviudar y de que sus hijos abandonen el nido para formar sus propias familias, y busca una forma de acabar con su alienación vital. Y aquí Dahl recurre a un sexo de un "realismo trágico" de amas de casa, sequedades, depresiones y coitos frustrados de forma original y extraña. 

El gran cambiazo

En abril de 1974, Dahl volvió a recurrir a 'Playboy' para publicar 'El gran cambiazo', donde el autor danés construye un alocado plan para que los hombres de dos matrimonios puedan consumar un intercambio de parejas con sus respectivas mujeres sin que se enteren. El plan parece salido de las cabezas de Mortadelo y Filemón, pero extrañamente funciona. Pero con Dahl no se puede cantar victoria antes de tiempo. Siempre hay un giro, siempre hay moraleja y todos los vencedores se convierten en vencidos.

Tan solo tres meses después, 'Playboy' publicó 'Bitch', la segunda parte de las aventuras de Oswald Hendryks Cornelius -la de la sustancia afrodisíaca del señor Biotte-, el último cuento que, junto con los anteriores, completará el recopilatorio 'El gran cambiazo' (1974) -cuyo título original, 'Switch Bitch', es un juego de palabras intraducible con las palabras cambio y perra.

Portada de 'El gran cambiazo'.
Portada de 'El gran cambiazo'.

Y este 'bon vivant muchimillonario' sofisticado, viajado y cínico, consiguió tanta aceptación entre el público masculino que Dahl tuvo que dedicarle una novela entera, 'Mi tío Oswald' (1979), que su autor calificó como "la historia más sucia y más larga" que jamás había escrito. En esta comedia de picaresca erótica, el tío Oswald decide ampliar su fortuna con un negocio de venta de esperma de los hombres más brillantes a mujeres que quieren tener los hijos más brillantes. Además de escritor, emprendedor visionario. Roald Dahl fue un hombre polifacético, controvertido y terriblemente talentoso que enseñó a leer a generaciones y generaciones de niños en todo el mundo. Y por eso, el 13 de septiembre -fecha de su nacimiento-, estudiantes de todo el globo celebran el día de Roald Dahl, ajenos -¡animalitos!- a las vaginitis atróficas seniles, la venta de esperma al por mayor y las consecuencias nefastas de tener sexo sin protección con leprosas del desierto. 

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