Alcohol, mujeres y speed... hasta morir. El suicidio planeado del poeta David González
  1. Cultura
crónica de una derrota

Alcohol, mujeres y speed... hasta morir. El suicidio planeado del poeta David González

El escritor asturiano de culto anuncia en internet su voluntad de morir "lo más rápido posible", dejando en el cajón un último poemario

placeholder Foto: El poeta David González (Carmen del Río Bravo)
El poeta David González (Carmen del Río Bravo)

Te levantas un sábado. Abres Facebook y encuentras un mensaje del poeta David Gonzálezque te deja mal cuerpo: “Siete y cuarto de la mañana. Acabo de llegar a casa. Dos días sin dormir. Uno sin comer. Salvo una caja entera de Rubifén, no sé cuántos gramos de speed y alcohol de todas las especies y en cantidades industriales. Sí, a qué engañarte a ti o engañarme a mí: la vida o lo que sea me ha vencido, me ha derrotado en toda regla, así que ahora voy a invertir mi tiempo y mi dinero (cuando lo tenga) en autodestruirme. Pero pasándolo lo mejor que pueda, es decir: drogas, mujeres, dobletes y tripletes y así hasta que el cuerpo ya no aguante…”. ¿Cuál es el motivo de esta decisión extrema? Lo explica el propio mensaje: “Si lees esto, no te confundas. No estoy deprimido o triste. Solo soy realista. Solo eso. Solo soy uno más de tantos y tantos fracasados e infelices y solitarios. Nada nuevo bajo el sol. Pero sí algo nuevo bajo la lluvia permanente que me espera de aquí a que la palme. Que espero, y lo espero sincera y literalmente, sea lo más rápido posible”. Así de crudo, así de claro.

David González (Gijón, 1964) es un poeta de culto. Su nombre, tan corriente, no sonará a la mayoría, pero disfruta de prestigio gracias a notables poemarios como 'Sembrando hogueras'(2001), 'Anda hombre, levántate de ti'(2004) y 'Algo que declarar'(2007), entre otros. En su trayectoria, además, destacan numerosas colaboraciones en revistas y la dirección de la colección de poesía Zigurat, del Ateneo obrero de Gijón. Algunos de sus poemas han sido vertidos al portugués, al inglés, al alemán, al árabe y al húngaro. David Gonzálezestuvo enlacárcel de joven por participar en un atraco. "Allí, la poesía le sirve para mantenerse a flote de la durísima experiencia de la reclusión", se cuenta en la semblanza biográfica de alguno de sussus poemarios.

Muchos descubrimos a González en 2003 gracias al cantautor Nacho Vegas, vecino de su ciudad, que comparte muchos planteamientos con el enfoque del poeta. Se puede ver en esta entrevista de la revista Ladinamo, titulada Palabras duras como aceras.Así le describía Vegas: “La poesía que ha ido publicando David González es cruda y tierna a un tiempo y está marcada por experiencias vitales de las que te obligan a vomitar las cosas si no quieres morir ahogado en ellas: su paso por la cárcel, la vida imposible en una ciudad deprimida y el desencanto vital”. Parece que el desencanto ha llegado al extremo. Quisimos entrevistar a David por teléfono, pero le han quitado el número por falta de pago, así que usamos el mail.

PREGUNTA.El pasado sábado subiste un post a Facebook donde explicabas que la vida ya no tenía más que ofrecerte, ni tampoco tú a ella. Me gustaría saber cómo has llegado a este punto y qué porcentaje de esto tiene que ver con una situación personal y cuánto con la emergencia social que vive España desde 2008.

La vida ya no tiene más que ofrecerme. De hecho, me ha ido quitando lo poco que he podido obtener a base de mucho esfuerzo y sacrificio

RESPUESTA.La vida ya no tiene más que ofrecerme. De hecho, me ha ido quitando lo poco que he podido obtener a base de mucho esfuerzo y sacrificio, y cuando hablo de sacrificio lo digo en el sentido literal del término. Tengo 51 años y estoy, como digo en uno de mis poemas, solo, pobre, enfermo y desorientado… Y lo que yo podía ofrecerle a la vida, es decir, mi poesía, una poesía sin trampa ni cartón, una poesía original tanto en su contenido como en la forma de expresar ese contenido, ha sido sistemáticamente silenciada por los medios de comunicación escritos, ya sabes, suplementos culturales, etcétera, con lo que no ha llegado a los lectores, o solo a unos pocos… Pero, en lo que a mí atañe, poco o nada tiene que ver con la emergencia social española desde 2008, porque yo llevo así desde, al menos, el año 2000, cuando supuestamente no había crisis económica, con lo que, en ese sentido, casi podría decirte que yo siempre he estado en crisis.

P.¿Podemos hablar de “suicidio pasivo”?

R.Sí. Me gusta esa definición. Se puede calificar de “suicidio pasivo”. Que, además, es un título muy potente para cualquier libro.

P.Dices que uno de tus pocas ambiciones actuales es acabar tu último libro de poemas y dejarlo en un cajón. ¿De qué trata este libro? ¿Qué intentas plasmar en él?

R.Esa es una de mis pocas ambiciones, y en el plano estrictamente poético quizá sea la última. Y sí, de momento, y en vista de que lo que tiene éxito son los libros de entretenimiento puro y duro, es decir, libros de pura fantasía y ficción, dejar mi libro en un cajón es la mejor opción que se me ocurre, máxime cuando se trata de un libro en el que aplico originales técnicas de escritura, así como técnicas de comunicación con el lector, es decir, hago que el lector se sienta un personaje más del libro, hago que participe en él… El libro trata, por ejemplo, de sacerdotes que abusan de menores a su cargo; trata de extranjeros que las pasan putas para sobrevivir; trata de mis fracasos sentimentales… Y es el 'Cuaderno 3' de un ciclo que se titula 'Los que viven conmigo'… Y ya no puedo contarte más, que hay mucho escritor sin talento por ahí y no quiero que me copien…

P.Mucha gente estará pensando que, si no puedes ser poeta, te busques un trabajo normal para sobrevivir.

R.Esta última pregunta no te la puedo responder del todo porque es material que forma parte de mi 'Cuaderno 3', por ejemplo… Yo trabajé diez años en una empresa del metal, en el último puesto del escalafón, a tres turnos, uno de esos trabajos que son para toda la vida, incluidas las épocas de crisis… Pero lo mandé a tomar por el culo el día que me diagnosticaron diabetes, les pedí un cambio de puesto, me engañaron y fui a la oficina del jefe del personal y le dije que me hiciera la cuenta, el finiquito, cagando leches, que dejaba la empresa, que se fueran a reír de su puta madre, esto era el día 23 de diciembre, pues bien, aquel capullo, todavía tuvo la desfachatez de ofrecerme una botella de cava del más barato y un bote para guardar bolis, que era el regalo que nos hacían a los obreros por esas fechas navideñas, no creo que haga falta explicarte dónde le dije que se los podía meter… A partir de ahí…. Que se lean mis libros….

P.Comentas que el jueves que viene tienes un juicio por agresión a la autoridad. ¿Nos cuentas cómo fue el incidente?

R.Ellos lo llaman “atentado”. La verdad es que no recuerdo mucho. Sé que era un sábado hacia las nueve de la mañana, pero mi último recuerdo de la noche del viernes fue en un bar. Luego no recuerdo ya nada. Pero por lo que sé la cosa fue que llegué a casa y al no encontrar las llaves para entrar en ella, agarré un paraguas (de mi propiedad) que había en el descansillo y la emprendí a golpes con la puerta, pero al no conseguir abrirla, volví a salir a la calle, pero alguien había avisado a “la madera” y me estaban esperando fuera.

Según ellos, me resistí a la detención y me peleé con ellos. Yo esto no lo supe, dónde me habían detenido ni por qué motivo, hasta que me lo contó la comisaría que me tomó declaración luego de tenerme encerrado todo el día en los calabozos, después de quitarme los bolígrafos de insulina, imprescindibles para que pueda seguir viviendo, y no llevarme a un médico. Todo un día sin ponerme insulina y sin comer, meando en la celda, etcétera… Me trataron como a un puto perro, así de claro… Y encima dicen que les lesioné. O sea, un tipo como yo, delgado, con hernia de disco, diabético y con 51 años lesiono a dos armarios de unos treinta o treinta y pico años. Si lo llego a saber de mi fuerza, me hubiera dedicado al boxeo, te lo juro… Ahora, el fiscal me pide año y medio de cárcel…

P.Dices en el post que ojalá te metan el cárcel. Eso me recordó al documental ‘El desencanto’, cuando Leopoldo María Panero explica que los momentos de mayor solidaridad y comunidad que había disfrutado fueron entre los barrotes. ¿Sientes algo parecido? ¿Cuáles son tus motivos para desear que te priven de la libertad? Luego añades que “no debería haber salido nunca de la cárcel”.

Cuando careces de dinero, la calle es un auténtico infierno, una auténtica cárcel

R.A ver… En la cárcel no hay ni solidaridad ni comunidad de ningún tipo, al menos en lo que a mi propia experiencia personal se refiere… No sé Panero, pero yo no vi esa solidaridad por ninguna parte durante los tres años que permanecí allí dentro… En realidad, no deseo que me metan en la cárcel (por mis padres más que nada), pero los motivos, hablo de los actuales es que no veo mucha diferencia entre estar encerrado en mi estudio prácticamente toda la semana, sin ver a nadie, a estar encerrado en la celda de una cárcel, y lo digo sinceramente… Cuando careces de dinero, la calle es un auténtico infierno, una auténtica cárcel…

P.El músico Nacho Vegas te describía diciendo que -como en el caso de Alexander Trocchi- tu compromiso no era con la literatura, sino con la realidad. ¿Estás de acuerdo? ¿Cómo ha evolucionado ese compromiso?

R.Estoy de acuerdo con Nacho, pero solo en parte. Yo diría más bien que mi compromiso es con la realidad en la literatura. Y ese compromiso ha evolucionado hacia lo que yo llamo utilizar “el lenguaje de la ficción” para contar esa realidad de la que te hablaba antes.

P.Prestas mucha atención al trabajo de poetas contemporáneos. ¿Qué poemas o poemarios te han impactado últimamente?

La cultura, en este país al menos, siempre ha estado del lado de los poderosos

R.Sí, debo de ser de los pocos gilipolllas que le prestan más atención al trabajo de sus compañeros que al suyo propio. Creo que la literatura debería usar el verbo “compartir” y no el verbo “competir”… Últimamente me ha encantado 'Hoz en la espalda', de Isla Correyero, por ejemplo… O 'La línea oscura', de Pedro Juan Gutiérrez… O 'La maleta medio rota', de Julien John Higgins… O 'Viga', de Gsús Bonilla… O 'Las sumas y los restos', de Ana Pérez Cañamares…

P.¿Crees que el mundo de la cultura ha ido deteriorándose en España o simplemente que tú eres cada vez más consciente de lo mal que están las cosas?

R.La cultura no es que se haya deteriorado, es que, salvo escasas excepciones, ya no existe. Joder, si hasta llaman “cultura” a las corridas de toros… La cultura, en este país al menos, siempre ha estado del lado de los poderosos y solo hay que ver las bajadas de pantalones de los supuestamente grandes escritores cuando les otorgan un premio, cuanto mayor es el premio más se los bajan, y no tienen el menor inconveniente en darle la mano a un rey o a un dictador o a quien sea con tal de embolsarse la pasta. Para mí, en cambio, la cultura debería estar del lado de los humildes y de los desfavorecidos, pero, claro, estos últimos no te pueden conceder premios económicos… El problema es que la contracultura, a mi modo de ver las cosas, sigue el mismo camino, salvo, claro está, las consabidas excepciones…

Poema de David González incluido en el libro 'El amor ya no es contemporáneo. Poemas y relatos 1997-2004'

'HUMILLACIÓN'

el funcionario,
un cacho de carne con ojos
en mangas de camisa,
dice:

todas las cosas
de metal que tenga,
sáquelas y déjelas
sobre esa mesa.

luego, mi abuela,
apoyada en su muleta
(hace un año
se rompió la cadera
al caer de espaldas al suelo
mientras limpiaba los cristales
de la ventana de la cocina
subida encima de una banqueta),
pasa por el detector
de metales y el detector
emite una serie de pitidos.

a lo mejor es la muleta
dice mi madre.

¿puede andar sin ella?
le pregunta el funcionario.

bueno, sí, pero no querrá que

que se la de a usted
y que vuelva a pasar.

y mi abuela,
su largo pelo blanco
recogido en un moño
por detrás de la cabeza,
un pañuelo negro cubriéndola,
hace lo que le ordenan
y, aunque cojeando,
consigue que el detector
de metales pite otra vez.

a ver, quítese ese pañuelo.

mi abuela obedece.

seguro que son esas horquillas,
así que haga el favor
de soltarse el pelo.

mi madre explota:

¿pero no se le cae a usted
la cara de vergüenza
al hacer que una persona
tan mayor tenga
que pasar por todo esto
para ver a su nieto?
¿quién se cree que somos nosotros?
¿es que no sabe usted
distinguir a la calaña
de las personas honradas?

pero ya mi abuela,
con su vestido gris,
está pasando otra vez
por el detector de metales
con idéntico resultado
que las dos veces anteriores.

y el funcionario,
un cacho de carne,
dice:

quítese el vestido.
si quiere puede doblarlo
y colgarlo del respaldo
de esa silla de ahí.

mi madre está tan indignada
que no le salen
ni las palabras;
y mi abuela,
cojeando,
despeinada,
en enaguas,
consigue cruzar al otro lado
del detector de metales
sin ser delatada.

ahora ya puede vestirse
y pasar al locutorio
dice el boqueras.

no tiene usted
perdón de dios
dice mi madre.

y mi abuela, que al ir
a ponerse el vestido
ha encontrado en el bolsillo
una moneda suelta,
se acerca al boqui
y le dice:

perdón, señor,
¿sería esto lo que sonaba?

y le pone delante de los ojos,
a modo de espejo en miniatura,
una peseta
con la cara de Franco

Libros Drogas Poesía
El redactor recomienda