Autotune, quejíos, euforia... Dellafuente, el diamante en bruto de la música española
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Velada en Barcelona

Autotune, quejíos, euforia... Dellafuente, el diamante en bruto de la música española

El granadino se perfila como uno de los artistas de trap más genuinos y prometedores con su disco 'Azulejos de colores' y apoteósicos conciertos como el del sábado en Barcelona

placeholder Foto: Dellafuente (con camiseta negra) en Barcelona el pasado sábado. Foto: Patricia Moral
Dellafuente (con camiseta negra) en Barcelona el pasado sábado. Foto: Patricia Moral

Se podría retratar el ambiente un concierto centrando la atención en el rastro de botellas abandonadas a la puerta de la sala. En los alrededores de Razzmatazz 2, por ejemplo, hay latas de Sprite, de Rooster y de cerveza del Carrefour. También, botellas de litro de Jager, de litro y medio de bebida energética marca Hacendado y de dos litros de refresco de sandía sin gas.

En las escaleras que dan acceso a la sala se mezclan los fans de Dog Eat Dog y los de Dellafuente. Los primeros son minoría. El veterano grupo californiano de rap-metal anda de gira con su imponente autocar de vidrios tintados, pero contento estará si llena la sala 3. Mientras, el joven cantante granaíno casi reventará la sala 2. Huele a noche inolvidable. Ocho colegas fans de Dellafuente saltan abrazados porque justo en el preciso instante en que han entrado en la sala ha sonado un energético remix de 'Le monde ou rien' de los franceses PNL. Los ocho se la saben de memoria y bailan chocando suave y felizmente los unos contra los otros como raperos mareados.

'Dile' - Dellafuente

Camarón, Pacquiao y El Vaquilla

Se podría redactar la crónica de un concierto basándose en las imágenes que se proyectan en las pantallas. Y tras el logotipo de la gira 'Dellafuente & Maka: quejíos y autotune', hoy el proyector lanza escenas del documental 'Can Tunis' sobre el degradado barrio barcelonés, del histórico concierto de Camarón de la Isla y Tomatito en París, de las victorias del púgil filipino Manny Pacquiao, de la detención de El Vaquilla, de varios grupos de hip-hop... Raperos y palmeros, bailaores y boxeadores, buscavidas y referentes vitales escoltan visualmente unas canciones con apenas tres años de vida que el público recibe y corea como si fueran auténticos clásicos de la calle.

El pase de calentamiento de Maka no ha surtido demasiado efecto. Su melódico quejío aflamencado es mucho más determinante cuando apoya los recitados autotuneados de su colega. Y cuando sale Dellafuente, el público sí enloquece. No tiene ni que anunciar la primera canción. Todo el público entona 'Bailaora'. Luego 'Te como la cara'. Y luego 'Dile', esa en la que samplea una entrevista al cantaor Juan Moneo El Torta. No es ya que se sepan todas las letras; tanto las del disco 'Azulejos de colores' como las que circulan por internet. Es que las recitan a grito pelao y con la mano en el pecho. Con todo el sentimiento de que son capaces. Ellos y ellas.

'Consentía' - Dellafuente

Yo a Vevo y tú a Youtube

Se podría informar de un concierto en base a las imágenes que registra el público. Pero eso no daría tan buen resultado. Cuando suena 'Siempre preguntando', un chaval rapado con cresta a lo cantante de Ska-P saca el móvil y filma mientras salta y canta. Resultado: focos, techo, un mancha que se mueve por el escenario, más techo, un mar negro que es el público y, lo mejor, su colega con chaqueta Adidas roja cantando: "Cuando estoy'n la calle tú estás siempre preguntando / 'Toy con mi hermano y tú siempre preguntando / Dónde estoy metío tú andas siempre preguntando / Qué cojoné 'tás hasiendo, siempre dinero gastando". ¿Eliminar vídeo? Aceptar.

El calor ya es insoportable. El propio Dellafuente pide al técnico de luces que deje de castigar al público con esas planchas de focos cegadores

El calor ya es insoportable. El propio Dellafuente, consciente de ello, pide al técnico de luces que deje de castigar al público con esas planchas de focos cegadores que están deshidratando al personal. Maka hace la broma de la noche: "¡Dellafuente se ha vendío! Se ha pasao al Vevo y a mí me ha dejao en Youtube". Un rato después, Dellafuente pedirá al público que le filme cuando canta 'Consentía': "Pero con los móviles en Full HD, que luego en internet parece que lo hacemos muy mal". Este tipo de chistes no se podían improvisar hace diez años. No existía todo este argot tecnológico.

'La vida es' - Dellafuente

La vida es un contratiempo

Se podría haber filmado el concierto de Dellafuente para refutar de una vez por todas ese mito de que "el público de Barcelona es muy frío". En un momento del concierto, Dellafuente suelta: "Somos más de 800 personas aquí dentro. Sólo os pido que no haya violencia". La advertencia está fuera de lugar. El público no es agresivo, sino todo lo contrario: educado, respetuoso y muy atento con el de al lado. El comentario, en realidad, es su forma ingeniosa de presentar la canción 'Se me pone violenta'.

Lo que sí debería haber filmado alguien en Full HD es el momento en que Dellafuente y Maka abordan 'La vida es'. Desde el fondo de la sala, la estampa es emocionante. Más de ochocientos espectadores gritando eso de "la vida, la vida es, es un contratiempo". Cada cual con sus motivos, pero todos al unísono. Esta canción, quizás la primera de Dellafuente capaz de trascender su público natural, destila la melancolía fatalista que tan bien evocó Ray Heredia en su disco 'Quien no corre vuela'. Palabras mayores, sí.

Dellafuente ha sabido inyectarle al trap personalidad autóctona; flamenco, rumba quinqui y dembow reggaetonero forjan un sonido adictivo y genuino

Como comentaba el curtido DJ 2D2, presente en la sala, Dellafuente ha sabido intuir el potencial del trap e inyectarle una personalidad autóctona; esa banda sonora personal en la que coexisten flamenco y rumba quinqui y que, unido al dembow reggaetonero, forjan un sonido altamente adictivo y genuino. Hace dos años el granadino ni siquiera sabía si valía la pena dedicarse a esto y montaba canciones pillando instrumentales de youtube. Hoy ya tiene decenas de productores mandándole bases. Dellafuente entra perfectamente en la categoría de diamante en bruto. Cuando alguien es capaz de tomar estilos tan geográficamente distantes y moldearlos con tanta naturalidad, merece una condecoración. Y la mejor prueba de la viabilidad del invento es ver cómo el público canta y baila sus canciones sin pensar en el origen de cada ingrediente sino rindiéndose por completo a la eficacia de la fórmula; como si ese sonido hubiese existido siempre en el barrio.

Si se llevasen a Dellafuente al festival South By Southwest de Austin a los americanos se les quedaba el culo torzío como ya pasó en su día con Mala Rodríguez. Sus quejíos autotuneados son un tesoro 100% exportable.

'Olvídame' - Dellafuente

Un AMG blanco con ambientador de coco

Dellafuente y Maka se han ventilado una veintena de canciones en apenas una hora y sin casi pausas. Si el concierto ha flojeado algún rato ha sido cuando recuperaban los cortes más añejos y apegados al hip-hop. El barcelonés Zeno El Faraón ha salido a cantar Y.E.L.I. y el público también la ha coreado de memoria. Y así, entre bocinas y palmas, ritmos electrónicos y arabescos vocales, menciones a Rihanna y Niña Pastori, Bendito castigo (en la que rima gayumbos con Raimundo) y AMG-Coco ("soy feliz con poco: un AMG blanco con ambientador de coco"), hemos llegado a la recta final con 'Olvídame', otra de sus reggaetoneras y aflamencadas dianas.

Los últimos diez metros al final de la sala son los únicos en los que se puede respirar y bailar con cierto espacio. Por ahí se mueven los que ya no aguantan apretujados entre el escenario y la mesa de sonido: el melenudo con camiseta heavy, los hipsters de postal (con barba esculpida en barbería hipster), ese cuarentón gordo, calvo y totalmente sudado, la parejita con calzado de suela luminosa... La prenda estrella de la noche es la chaqueta de marca deportiva y el perfil dominante, el de juventud de extrarradio, pero Dellafuente ya está cazando otros públicos y cuesta creer que alguno de ellos salga decepcionado de esta velada de euforia y amor.

Dellafuente ya está cazando otros públicos y cuesta creer que alguno de ellos salga decepcionado de esta velada de euforia y amor

O sí. Quizá alguien sí esperaba algo más de la noche. Al fondo de la sala, un tiarrón de metro noventa con chaqueta de cuero baila solo, con los ojos entornados, mirando hacia el suelo. Por delante suyo cruzan dos chicas camino del lavabo. La más alta y morena cambia de plan al ver al pibón y las dos se ponen a bailar a su lado. El pibón las detecta y abre los ojos. Los tres cantan: "No, no, no, no, no, no, no, no, no, no! Eso no es así. La idea no era esa, hablamos de hacerlo hasta que amanezca". 'Olvídame' puede ser su canción de la noche. El pibón improvisa un roce de hombro con la amiga de la morena alta. Ellas bailan mejor y con más decisión. Olvídame pudo ser la canción con la que se conocieran en un concierto de Dellafuente, pero la más alta y morena decide que no vale la pena esperar más. El pibón no espabila a tiempo y las dos amigas enfilan de nuevo camino al lavabo.

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