los hábitos de los nacidos después de los 80

Los millennials no quieren quemar la noche (y otras costumbres generacionales)

Los altos precios, las redes sociales y el estrés académico/laboral impiden que se suelten el pelo en los clubes de música electrónica

Foto: Fiesta de música electrónica (EFE)
Fiesta de música electrónica (EFE)
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El diario británico 'The Guardian' ha publicado un extenso reportaje sobre el rechazo o la pereza de los millennials respecto a los clubes. Se trata de una pregunta muy específica, pero las respuestas dan mucha información sobre sus situaciones laborales, emocionales y de ocio, además de sobre su relación con las redes sociales.

Se les percibe como una generación enganchada a sus portátiles y teléfonos móviles, pero muchos rechazan acudir a los clubes de música electrónica porque el ambiente es demasiado impersonal. Sarah, una chica de treinta de años de Bristol, explica que “prefiero hacer un plan con amigos, cara a cara, que meternos todos en una discoteca y acabar en habitaciones distintas hablando a través de las redes sociales. He dejado de usar Facebook y creo que mis relaciones personales han mejorado, ya que ahora me siento obligada a hacer el esfuerzo de mantenerme al día de la vida de la gente de manera real. Me encanta la música y creo que ver conciertos es la mejor forma de apoyar a los grupos y que sigan existiendo y tengan tiempo y recursos para componer y grabar”, explica.

Los clubes son caros y mucha gente no disfruta por la sensación de estar tirando el dinero

Sentirse robados

El abanico de edad del estudio abarca desde los dieciocho hasta los treinta y cinco años. Se interrogó a 196 personas, de las cuales una inmensa mayoría (131) opinaron que una noche en casa era preferible a una noche fuera. Setenta de ellos opinaron que los millennials estaban menos interesados en ir a clubes, frente a cuarenta y cinco que opinaron que lo estaban más.

El dinero es un factor crucial, ya que los clubes son muy caros. Harri, un londinense de veintisiete años, señala que una noche de clubbing es tan costosa como una escapada de fin de semana. “Creo que bailar y sudar al ritmo de buena música toda la noche es bueno para el alma, pero puedes encontrar ofertas para ver otras ciudades por el mismo precio. Al final, de la noche en el club apenas recuerdas nada, mientras que el viaje lo retienes perfectamente y las fotos quedan mejor en Instagram”, bromea. Tom, otro londinense de treinta y tres años, añade un factor nuevo: el declive de los propios clubes. “Los porteros son bordes y agresivos, sin ninguna necesidad. Los discjockeys pinchan lo que les gusta, en vez de lo que gusta al público. Las bebidas son excesivamente caras. La última vez que fui al Fabric, la música estuvo bien, pero salí con la sensación de que me habían robado”, recuerda. Imaginen como puede traducirse el sentimiento a España, con una tasa de desempleo juvenil cercana al cincuenta por ciento.

Una inmensa mayoría opinaron que una noche en casa era preferible a una noche fuera

La selva laboral

¿Otra razón de peso para los millennials? Están demasiado exhaustos por el esfuerzo académico y laboral, en un mercado cada vez más competitivo. Ruth, una chica de veintidós años de Edimburgo, comparte su situación: “Los puestos de trabajo están más disputados que nunca, con todo el mundo aspirando a posiciones de poder. No me puedo imaginar llegar el lunes cansada o con resaca a la oficina y rendir al nivel que me exige el entorno. Los clubes son caros y mucha gente no disfruta por la sensación de estar tirando el dinero que podrían usar para una hipoteca o para tener niños”.

La competitividad llega incluso antes, cuando están en la universidad. Emily, de dieciocho años, que prepara la selectividad, tiene su agenda a tope: “Durante la semana estudio duro, el sábado lo dedico al deporte y por la noche estoy demasiado cansada para plantearme salir. Prefiero quedarme en casa relajada. Me pongo al día de cosas que no he podido ver o leer y además no gasto dinero”, apunta. Brie, de Sheffield, que tiene veintiún años, dice que no aguanta los dolores de cabeza después de salir un sábado. “Té y galletas enfrente de la televisión me parece mejor plan que meterte en un club donde tardan quince minutos en servirte cada copa”.

Los puestos de trabajo están más disputados que nunca, con todo el mundo aspirando a posiciones de poder

Machismo nocturno

Otros motivos tienen que ver específicamente con las mujeres, sobre todo con los problemas que suelen encontrar en contextos festivos, y que todavía no han sido superados. Ashley, londinense de veintiún años, lo expone de manera sencilla: “Como mujer, entrar en un club puede resultar molesto e incluso intimidante, ya que te pasas las horas evitando gente borracha que quiere aprovecharse de ti. No quiero tener que preocuparme de este tipo de cosas en mis noches libres”.

Mina, dos años más joven, procedente de Walsall, se muestra de acuerdo. “No ir a clubes reduce las posibilidades de que alguien ponga algo en tu bebida o de que algún tipo siniestro se empeñe en hablarte. Prefiero escuchar música con mis amigos, sin necesidad de gritar por encima del sonido ambiental”, apunta. Otra razón relacionada es el temor a encontrarte con fotos “inadecuadas” el lunes siguiente en Facebook. “El desinterés de mi grupo de amigos en los clubes tiene que ver con la obsesión de cómo queremos ser percibidos por los demás. Sobre todo, en el mundo virtual. Eso impide que alguien se desmelene, porque es muy duro convivir con ciertas fotos durante la semana siguiente. Además, si bebes mucho y acabas fatal, puede entrarte cierta depresión cuando te comparas con conocidos que tienen mejores trabajos, relaciones estables y estilos de vida saludables”, zanja Álex, de Essex, veintisiete años.  

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