estreno de 'la chica danesa'

Hooper domestica al primer hombre que se cambio de sexo

La película de Tom Hooper resulta un buen ejemplo de gentrificación cinematográfica de la diferencia

Foto: 'La chica danesa'
'La chica danesa'

Hay un par de ideas muy reivindicables en 'La chica danesa', la aproximación que ha llevado a cabo Tom Hooper a la figura de Einar Wegener/Lili Elbe, la primera persona conocida que se sometió a una operación de cambio de sexo. El director de 'El discurso del rey' y su guionista Lucinda Coxon entienden que Lili no es el único personaje extraordinario en esta historia. Y desarrollan su transformación a través del vínculo que mantiene con su esposa, la pintora Gerda Wegener. De esta manera, el film esquiva a priori adaptarse a la manida fórmula del drama biográfico sobre alguien adelantado a su época para reivindicar una relación amorosa contra toda norma.

La película parte de un escenario corriente: en una reunión social un grupo celebra el éxito del pintor Einar, mientras su mujer Gerda, también artista, se alegra con discreción. Seguidamente nos presentan a Gerda en una clara inversión de roles: la mujer está pintando a un modelo masculino, que se muestra ostentosamente incómodo por saberse en una situación tan poco habitual, un hombre a expensas de la mirada de una mujer. El poco éxito artístico de Gerda cambia cuando por casualidad, a falta de su modelo femenina habitual, empieza a dibujar a su marido travestido. Y este encuentra así la forma de dar salida a la fémina que siempre había llevado dentro.

El poco éxito artístico de Gerda cambia cuando por casualidad, a falta de su modelo femenina habitual, empieza a dibujar a su marido travestido

A partir de aquí, 'La chica danesa' muestra la progresiva transformación de Einar en Lili, que pasará por unas pioneras pero fatales operaciones de cambio de sexo. Gerda, asiste y apoya a su marido, a pesar de sentirse cada vez más alejada de Lili.

Hooper domestica al primer hombre que se cambio de sexo

Un drama embellecido

En primera instancia, el universo bohemio en que se mueven los personajes le permite a Hooper otro nutritivo apunte en torno al papel del arte como constructor y a la vez espejo de un ideal de feminidad. Es en un cuadro que pinta su mujer donde Einar se reconoce por primera vez como Lili y al mismo encuentra en estos óleos un reflejo a partir del cual modelar su propia imagen.

Pero a Hooper no le interesa sacar más partido de estas ideas y encorseta la extraordinaria historia de Einar/Lili y Gerda en un drama embellecido que, en lugar de celebrar la diferencia, la domestica para que resulte aceptable al mayor número de espectadores posible. Con la excusa de que Einar y Gerda se dedican a las bellas artes, toda la película se esfuerza en resultar “bonita” a base de recargar las ambientaciones: cuando no se remite a los cuadros de Degas, ofrece un despliegue interminable de interiores art nouveau. Hooper lleva a cabo una gentrificación de los círculos de bohemia y marginalidad por los que se debían mover los protagonistas, de manera que incluso lo que claramente debía ser un ambiente gay portuario se nos presenta como un encantador rinconcito para tomar el café.

Lo que claramente debía ser un ambiente gay portuario se nos presenta como un encantador rinconcito para tomar el café

La transformación de Einar en Lili se desarrolla a partir de un fetichismo por aquello que se asocia de forma más tradicional y simplista a la feminidad: las medias de seda, el maquillaje, las compras de perfumes en unos grandes almacenes, las formas corporales más voluptuosas... Lili incluso deja de pintar para dedicarse solo a “ser” mujer. Como si, tal y como le reprocha la propia Gerda, no se pudiera ser ambas cosas a la vez. La interpretación histriónica, afectada y nada sutil de Eddie Redmanyne no contribuye a darle la profundidad necesaria a un personaje que se siente mujer más allá del vestuario.

Pulverizando roles

Y nada se nos explica por ejemplo, de la faceta como pintora erótica de escenas lésbicas de Gerda, una pionera también en lo que a identidad y género se refiere, para reducir su figura a la de una esposa fiel que además cuenta con un apuesto galán siempre a punto para consolarla cuando su marido empieza a devenir una mujer.

En un par de años se han estrenado en la televisión más series queer de las que habían existido en toda su historia. Ficciones como 'Transparent', 'Sense8' y 'Orange is the New Black' no solo coinciden en el hecho de contar con un personaje, con mayor o menor protagonismo, transexual. En los tres casos se pulverizan los roles sexuales tradicionales para reivindicar concepciones mucho más abiertas de la identidad, el amor y el sexo. Las tres series también tienen en común la voluntad de no reducir la transexualidad a una mera problemática y evitan envolver a sus personajes de un excesivo dramatismo. Son ficciones donde los personajes transexuales tienen una identidad, unas circunstancias y unas emociones más allá de su cambio de sexo.

'La chica danesa' enfoca la transexualidad como si la ficción queer de series como Orange is the new black' o 'Transparent' jamás hubiera existido

'La chica danesa', por el contrario, enfoca la transexualidad como si la ficción queer jamás hubiera existido. Einar/Lili queda reducida a ser la primera persona que conocemos que se sometió a una cirugía transformadora. Los aspectos más incómodos de su vida han sido eliminados y su identidad diferenciada no se celebra tanto como se victimiza y se vincula al sufrimiento. 'La chica danesa' no apela a la aceptación del otro sino a ese sentimiento de superioridad llamado compasión.

Cultura

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios