PRECURSORA DEL ARTE ERÓTICO PARA MUJERES

La otra 'chica danesa': ¿qué harías si tu marido se cambia de sexo?

La película sobre el primer hombre que se convirtió en mujer se olvida de la verdadera protagonista: su esposa. Pionera del arte lésbico, pintó a su marido travestido como ideal de la belleza femenina

Foto: 'Un día de verano', de Gerda Wegener (1927). Su marido Einar aparece al fondo como hombre y en primer plano está su versión femenina, Lili, desnuda. (Museo Arken)
'Un día de verano', de Gerda Wegener (1927). Su marido Einar aparece al fondo como hombre y en primer plano está su versión femenina, Lili, desnuda. (Museo Arken)

La pintora Gerda Wegener (1886-1940) acude con su marido a la presentación de su nueva exposición. Los críticos le preguntan insistentemente sobre la nueva modelo que aparece en muchos de sus cuadros, una joven desconocida pero que según todos es increíblemente guapa. Un experto se atreve a decir incluso que es la representación femenina más sensual que ha visto y le pide a Gerda que se la presente. Lo que nadie sabe, ni siquiera los amigos más íntimos de la artista, es que esa modelo es en realidad un hombre al que conocen muy bien: Einar Wegener (1882-1931), el esposo de Gerda.

Los Wegener eran una pareja convencional de artistas de Copenhague hasta que una casualidad lo cambió todo. Gerda necesitaba a una mujer que le hiciera de modelo para un retrato pero como no encontraba a nadie, le pidió a su marido que se pusiera un vestido y posara para ella.

‘Lili con abanico de plumas’, Gerda Wegener (1920). Lili es en realidad su marido Einar travestido (Museo Arken)
‘Lili con abanico de plumas’, Gerda Wegener (1920). Lili es en realidad su marido Einar travestido (Museo Arken)

A Einar le gustó tanto verse como mujer, que empezó a acompañar a su esposa a todo tipo de actos públicos vestido de Lili, el nombre que le pusieron a su alter ego femenino. Gerda, a quien le encantaba el juego, le presentaba como su amiga o hermana y nadie, ni siquiera su familia, se dio cuenta nunca de quién era en realidad. Tampoco se percataban de que no era una mujer y causaba sensación entre los hombres, que le sacaban a bailar, piropeaban e incluso llegaron varias veces a intentar robarle un beso. Con el tiempo, la chica que se escondía dentro de él acabó imponiéndose y, aunque para el resto del mundo seguían siendo un matrimonio normal, en la intimidad de su casa vivían como dos mujeres.

Marido y musa de sus cuadros

 Ese secreto se trasladó a los cuadros de Gerda que, maravillada con la doble cara de su marido, convirtió a Lili en su musa. La artista ya era conocida en Dinamarca por sus retratos estilo Art Decó de chicas elegantes y sensuales, pero la llegada de esta peculiar modelo revoluciona su arte.

La pinta segura de sí misma, mirando al espectador con actitud erótica e incitándole con sus ojos entrecerrados. La crítica de la época, que no sabía que en realidad se trataban de retratos de un hombre travestido, los calificó como los mejores que había hecho jamás. Paradójicamente, Gerda encuentra en su marido la esencia femenina más allá del aspecto exterior: no importan la ropa, el maquillaje, ni siquiera los rasgos masculinos. La verdadera naturaleza de la mujer es algo más, invisible, que logra transmitir con maestría en esos cuadros.

Gerda y Einar Wegener en una foto delante del cuadro 'Sur la route d'Anacapri' (1924), donde Einar aparece retratado como Lili (Museo Arken)
Gerda y Einar Wegener en una foto delante del cuadro 'Sur la route d'Anacapri' (1924), donde Einar aparece retratado como Lili (Museo Arken)

Casi por primera vez en la historia, un artista representaba al género femenino no como objeto de deseo para los hombres, sino como seres independientes y fuertes. Gerda luchaba contra el machismo imperante en el mundo del arte pintando a una mujer guapa dispuesta a utilizar su poder de atracción sobre el género masculino. Y por si eso fuera poco atrevimiento, lo hacía además utilizando una modelo que, irónicamente, era un hombre. Según Andrea Rygg Karberg, comisaria de la exposición que estos días le dedica a Gerda el Museo Arken de Copenhague, esta contradicción es lo que hace de Gerda una artista especial: “En una época (principios del siglo XX) en la que muchas mujeres luchaban por conseguir los mismos derechos que los hombres e intentaban copiarles, Lili simplemente quería ser una mujer. Gerda lo entendió bien y retratándola quiso romper los límites impuestos al sexo femenino”.

La pintora alude secretamente a esa doble cara de su marido en el cuadro ‘Día de verano’ (1927), donde le retrata como hombre y mujer a la vez sin que nadie por aquel entonces se diera cuenta. Al fondo, como parte del pasado, aparece Einar en su faceta masculina de pintor mientras que en primer plano le vemos transformado en Lili, tumbada y completamente desnuda. A juzgar por el erotismo que desprende su cuerpo sin ropa, no hay ninguna duda de a quién prefería la señora Wegener tener a su lado.

Pionera del arte lésbico

A pesar de haberse casado con un hombre, Gerda aceptó sin problemas el cambio de sexo de su esposo y parece que siguieron manteniendo después una vida conyugal secreta como mujeres. Además la artista elaboró numerosas pinturas e ilustraciones de contenido lésbico en las que chicas jóvenes se dan placer mutuamente. Una vez más rompe tabúes al mostrar a la mujer disfrutando del sexo sin complejos, ya sea con otras mujeres o en solitario. Si aparece algún hombre, son ellas las que gozan de él y no al revés, algo muy inusual en este tipo de escenas pornográficas.

 Illustración de Gerda Wegener para el libro erótico Les Délassements de l’Éros (1925) (Museo Arken)
Illustración de Gerda Wegener para el libro erótico Les Délassements de l’Éros (1925) (Museo Arken)

Pero mientras Gerda triunfa, Einar se siente cada vez más oprimido en su cuerpo de hombre. Tras visitar multitud de médicos, un análisis de rayos X revela lo que le sucede: además de sus genitales masculinos, tiene dos ovarios atrofiados. La intersexualidad era una anomalía que apenas había sido estudiada por la ciencia en la década de 1920, sin embargo él decide ponerse en manos de los cirujanos. Tras extirparle los órganos reproductores masculinos y trasplantarle los ovarios, Einar se convierte en una de las primeras personas en realizar un cambio de sexo. Dio por terminada su vida de hombre y se registró legalmente como Lili Elbe.

Guapas pero no tontas

La aún señora de Wegener se mantiene a su lado hasta que hacen público el secreto, momento en el que solicitan la disolución de su matrimonio y se separan amistosamente. Gerda, ya sin su musa, se casa con un militar italiano de alto rango y disfruta de su éxito como ilustradora de moda y publicidad en numerosas revistas francesas como 'La Baïonette', 'Fantasio', 'Le Rire' o 'La Vie Parisienne'. Tanto en sus anuncios de medias, maquillaje o cremas, como en sus descripciones de vestidos y peinados, reivindica el derecho de las mujeres a mostrarse guapas y a la última sin por ello tener que ser consideradas superficiales.

Lili como la 'Reina de Corazones', Gerda Wegene (1928) (Museo Arken)
Lili como la 'Reina de Corazones', Gerda Wegene (1928) (Museo Arken)

Esta pasión por la moda le vale el desprecio de muchos compañeros que consideran que una obra hecha para publicaciones populares femeninas no puede ser estudiada como un arte elevado. Sin embargo hoy los partidarios de Gerda Wegener, como la historiadora del arte Rygg Karberg, ven en esos trabajos mucho mas que elegantes piezas de decoración: “Ella no distinguía entre alta y baja cultura. Para ella todo era arte. Su obra investiga la imagen que tenemos de nosotros mismos y cómo actúa el erotismo en nuestras relaciones con los demás. Y lo hace a través del seductor y distintivo parpadeo de ojos de sus modelos”.

Sólo 14 meses después de su cambio de sexo, Lili vuelve al quirófano para que los médicos le reconstruyan una vagina, pero la operación no va bien y muere. La noticia deja destrozada a Gerda que comienza una imparable decadencia en lo personal y profesional. Su estilo cae definitivamente en desgracia con la llegada del Funcionalismo, una moda que favorece la simpleza frente los artificios del Art Decó. Se separa de su marido y, sin dinero, vuelve a Copenhague, donde muere sola y completamente arruinada.

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