Seis autores en busca de tumba
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cervantes no es el único

Seis autores en busca de tumba

Mientras que Cervantes acapara todas las miradas, los cuerpos de otros artistas ilustres de nuestro país como Lope de Vega, Calderón de la Barca o Federico García Lorca siguen desaparecidos

placeholder Foto: Presentación de las conclusiones del equipo arqueológico (Efe)
Presentación de las conclusiones del equipo arqueológico (Efe)

Visualicen la imagen más repetida del día de ayer. Restos arqueológicos, políticos, una extensa rueda de prensa y una conclusión: hay esquirlas de huesos que podrían ser de Cervantes pero “no podemos confirmar que los huesos sean los de Cervantes”. Este es el resumen del proyecto Buscando a Cervantes, tras un año de trabajo y 120.000 euros de presupuesto.

A falta de una prueba más determinante, como el cotejo del ADN, el objetivo parece estar cumplido para el Ayuntamiento de Madrid. Cervantes (o algo de él) descansa en el convento de las Trinitarias y se puede empezar a explotar el turismo necrológico. Pero, ¿y el resto de los grandes escritores y pintores españoles dónde yacen y por qué no los buscamos? Y lo más importante, además de rebuscar pequeños pedazos de sus huesos, ¿esto servirá para desenterrar y recuperar su (más importante) obra y su figura?

Lope de Vega

Enemigo acérrimo del protagonista del mes y, paradojamente, similar sainete. Todos los documentos sitúan el cuerpo de Lope de Vega en la Iglesia de San Sebastián de la capital. Parece que sus huesos están en una fosa común -dicen que bajo el altar-en la que juntaron varios restos óseos, pero donde fluctúan las historias es en el por qué.

Una versión explica que su amigo el duque de Sessa se hizo encargo del sepelio. Pagó 700 reales para que le enterraran en 1635 en el templo pero el dinero no alcanzó y sus descendientes tampoco se hicieron cargo de la deuda, motivo por el que sus huesos pasaron al osario común. Otras voces dicen que se movieron a este osario al hacer unas obras de reforma del templo.

Calderón de la Barca

Es el más difícil todavía. Pocas pistas y seis periplos con los restos de un lugar a otro. El autor de La vida es sueño recibió sepultura en 1681 en la iglesia de San Salvador, de Madrid. Así lo deja escrito en su testamento días antes de morir.“Será mi sepultura la bóveda de la capilla que con antiguo nombre de San José está a los pies de la iglesia, donde hoy se venera colocada la santa imagen de la Sentencia de Cristo Nuestro Señor. Aquí habrá prevenida otra caja sin más adorno que cubierta de bayeta, en que, sepultado mi cadáver en compañía de mis abuelos, padres y hermanos, espere la voz de su segundo llamamiento…”.

En este templo estuvo hasta 1840, año en el que comenzó su periplo por la capital. De ahí pasó al cementerio de San Nicolás, a la iglesia de San Francisco el Grande mientras, en teoría, se construía un panteón de hombres ilustres, para volver de nuevo al cementerio de San Nicolás. Después fue reclamado y llevado a la sede de la Congregación de Presbíteros Naturales de Madrid y, por último, a la Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, en la calle de San Bernardo. Pero el templo fue saqueado y destruido en plena Guerra Civil y en 1936 se le pierde la pista de Calderón. Varios testimonios apuntan a que se esconden los restos que quedaban en un muro de la iglesia pero no se sabe nada más.

Francisco Quevedo

La historia de los restos de Quevedo se parece mucho a la de Cervantes. El escritor murió en la localidad manchega de Villanueva de los Infantes y fue enterrado en 1645 en el mausoleo de la familia Bustos en el convento de Santo Domingo. Un siglo después fue trasladado a la cripta de la Iglesia de San Andrés Apóstol, pero sus huesos se perdieron con otros.

En 2007, una investigación promovida por el Ayuntamiento de la ciudad junto a la Universidad Complutense recuperó diez restos óseos de una fosa común en la cripta de esta parroquia que reposaban junto a los de hasta 167 sujetos más. A falta de poder realizar pruebas de ADN, la cojera del escritor fue determinante para concluir que estos restos pertenecían a Quevedo. Los restos fueron depositados en una urna en la capilla de la Virgen de la Soledad de la iglesia, donde originariamente fue enterrado.

Federico García Lorca

Sin duda el peor destino y tristemente el más conocido. Lorca fue fusilado en la madrugada del 17 de agosto de 1936 por los falangistas en Granada y su cuerpo fue arrojado a una fosa común. Las últimas investigaciones sitúan ese lugar en un olivar conocido Peñón Colorado, donde el año pasado se realizó sin éxito la búsqueda de los restos de nuestro poeta más universal. En diciembre, la Junta de Andalucía avaló realizar microperforaciones en la zona de Alcafar, donde ya se realizó otra búsqueda frustrada en 2009, para seguir con las tareas arqueológicas.

Diego de Velázquez

Cuando muere en 1660 fue enterrado en la cripta de la iglesia de San Juan, de Madrid. El templo fue derribado en 1811, durante la ocupación francesa, para construir la plaza de Ramales. Y ahí se perdió todo rastro de los restos del pintor. En 1998 se hicieron obras en la plaza para construir un aparcamiento y se intentó dar con los restos de Velázquez, pero nunca parecieron a pesar de que los historiadores le situaron allí.

Francisco de Goya

Su cuerpo descansa en la iglesia de San Antonio de la Florida, de Madrid, desde 1919 pero no su cabeza. Goya fue enterrado en Burdeos en 1828 y cuando se exhumó su tumba en 1888 ya se cuenta que no estaba su cabeza. España reclamó los restos de Goya “con cráneo o sin él” y así llegó a nuestro país. Antes de descansar en el paseo de la Florida, su cuerpo pasó también por la iglesia de San Isidro.

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