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''Este es un libro de utilidad pública: hay que hablar con nuestros padres de lo más íntimo''
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Fernando Marías gana el premio Biblioteca Breve

''Este es un libro de utilidad pública: hay que hablar con nuestros padres de lo más íntimo''

“¿Quién es ese hombre? Con esta frase comenzó el Miedo Mutuo”. Con esta frase arranca La isla del padre, novela ganadora del Premio Biblioteca Breve, galardón

Foto: Fernando Marías tras ser premiado con el Premio Biblioteca Breve, dotado con 30.000 euros. (EFE)
Fernando Marías tras ser premiado con el Premio Biblioteca Breve, dotado con 30.000 euros. (EFE)

“¿Quién es ese hombre? Con esta frase comenzó el Miedo Mutuo”. Con esta frase arranca La isla del padre, novela ganadora del Premio Biblioteca Breve, galardón dotado con 30.000 euros que ha entregado la editorial Seix Barral a Fernando Marías (Bilbao, 1958), en el Museu Marítim de Barcelona.

Su autor quería depurar las zozobras y recelos que se inspiraban mutuamente él y su progenitor, cuando el hijo crecía en el Bilbao de los años sesenta y el padre tenía dos vidas en una: seis meses en la España franquista y otros seis viajando por todo el mundo como marino mercante. “Cuando volvía era una figura rara. Era fascinante, pero por otro lado tú tenías tu vida montada y casi te obligaban a querer a un extraño”, recuerda.

Quizás por eso la novela laureada es un cruce poco habitual entre la autoficción a tumba abierta y la novela de aventuras: “Cuando regresaba al hogar intentaba ganarse nuestra confianza explicándonos las peripecias que había vivido en lugares exóticos. Así que la novela cierra el círculo: él viajó para explicarme una vida que ahora yo recojo desde mi experiencia”.

Un libro con su padre

“No quería escribir un libro sobre él, sino con él”, explica Marías, Premio Nadal 2001 con El niño de los coroneles. Ha explorado la relación especular entre las cuitas de su progenitor y las suyas. “Como él, yo también me busqué la vida por Madrid. En mi caso fue durante los años ochenta”, apunta. Antes, aclara: “No, ni siquiera formé parte de la Movida. Quería formar parte de ella pero ni lo conseguía, lo cual es mucho más literario y también más triste. Una historia de frustraciones, errores y un baile con la muerte casi permanente. Sobre todo si acompañas esa búsqueda con una relación con el alcohol que casi me costó la vida. Todo eso también debía aparecer en este libro”.

Las batallas de su progenitor eran otras. Su padre luchó en la Guerra Civil, otro de los escenarios de la novela, con los nacionales. “Él se presentó voluntario a luchar por la República en Bilbao. Cuando cayó la ciudad huyó a Asturias y lo capturaron. No lo fusilaron y lo pasaron al ejército de Franco porque un capitán franquista lo reconoció: jugaba a fútbol con su hijo. Él era sólidamente de izquierdas y le salvó la vida un franquista”. Con los mimbres de ese tipo de azares y contradicciones se construyen las novelas. Incluso las casi documentales.

El viaje de Fernando Marías fue más bien literario, mientras que el de su padre lo hizo atracar en puertos de todo el mundo. “Lo veíamos irse con un maletín y volvía de lugares exóticos como Beirut, Nueva York o Bagdad. Mis hermanos y yo sospechábamos si no sería un espía”, recuerda. El primer personaje casi de ficción aventurera que conoció el ahora escritor fue, en definitiva, su propio padre: “Me regaló el personaje, sin necesidad de adorno. El personaje es él o como yo lo veo a él. De hecho, antes de leer las novelas de Jack London o de Robert Louis Stevenson yo ya veía a mi padre con ese misterio y emoción”.

Literatura como refugio y terapia

Cuando en febrero de 2009 operaron a su padre a vida o muerte, él decidió que debía escribir sobre él para entenderlo mejor. Afrontó esa enfermedad con la dignidad y la luz de ese capitán del relato El barco que se hunde, de Stevenson, que le dice al grumete: “Aunque el barco se hunda, no hay razón para ir a medio afeitar”. “Sí (Risas). Esa sensación de mantengámonos afeitados la mantuvimos toda la familia. Sobre todo mi hermana, porque la sociedad vasca la figura de la matriarca es muy importante y ella adoptó ese rol. Cuando mi padre murió yo ya había tenido tiempo para procesar lo que sucedería. Pero aun así yo necesitaba escribir esta novela”.

La literatura como refugio y también como terapia, pero sobre todo como una forma de recoger la memoria y de captar la calidad de la experiencia del protagonista ausente. Aunque su padre debería haber durado apenas unos meses, finalmente pudo alargar su vida hasta junio de 2013. “Hablaba con él sobre muchas cosas, pero siempre me reprocharé por no preguntarle más sobre su vida. A veces nos empeñamos en hablar sobre política o sobre libros, pero no sobre cosas más íntimas. Por eso creo que éste es un libro de utilidad pública, porque hay que hablar con el padre de lo más íntimo.¿Qué sueños tenías a los 20 años? Este libro es una invitación a preguntar ese tipo de cosas”.

Acabó el libro ese mismo verano. Se encerró en el gran piso bilbaíno que había ocupado la familia Marías durante cien años, donde había, claro, objetos de la infancia (y los objetos no son más que tiempo concentrado): “La escribí en la mesita abatible donde estudiaba cuando era un niño. Además iba colgando en Facebook cosillas que me encontraba en el armario, como juguetes, cartas o cuadernos de la primera comunión… Objetos que servían para luego desarrollar historias”.

Cuando acabó la novela, cerró el ordenador. Después cerró la puerta de su casa por última vez. A renglón seguido, estaba entregando las llaves. “Vendimos la casa y el nuevo dueño no tenía prisa y me permitió trabajar en ella. Nos dio una prórroga. Así que acabé un martes por la mañana, recogí todo y entregué las llaves. Fue una sensación de pena porque había acabado la novela, la casa, incluso esa forma de recordar mi pasado”.

Arriba la autoedición

La isla del padre llega en un momento dulce para la autoficción que explora traumas y relaciones paternofiliales. Aquí, con el éxito de También esto pasará, de Milena Busquets, y más allá, con La muerte del padre, primera entrega de la titánica sexalogía del noruego Karl Ove Knausgard. El seudónimo, convención que (presuntamente) se guarda celosamente en el proceso de elección de los premios literarios, quedaba en este caso arruinado.

Como ha explicado Rosa Regás en la lectura del fallo, el nombre aparece pasados unos capítulos. “Escribir sobre lo más íntimo me ha cambiado la vida. Estoy tan en paz con lo que he hecho que ni siquiera sé cómo serán mis próximas novelas. Dicen que mis novelas inspiraban miedo o terror, al final me pasaré a la autoayuda”, bromea Marías.

Según Marías, esta historia (que llega el 3 de marzo a las librerías) la escribieron esos dos personajes en blanco y negro que aparecen en la portada: Fernando Marías niño (sandalias, pantalón corto, rizo rebelde y medallita familiar), y su padre, un tipo con aspecto de Kerouac joven y camisa con bolsillos en la pechera. La madre está ahí, aunque no aparezca en la instantánea. Porque esa fotografía de portada la capturó la madre y esposa, que también, afirma el novelista, sobrevuela toda esta historia y, por tanto, también toda esta novela.

“¿Quién es ese hombre? Con esta frase comenzó el Miedo Mutuo”. Con esta frase arranca La isla del padre, novela ganadora del Premio Biblioteca Breve, galardón dotado con 30.000 euros que ha entregado la editorial Seix Barral a Fernando Marías (Bilbao, 1958), en el Museu Marítim de Barcelona.

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