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Versos a los postres, los inéditos de Neruda
  1. Cultura
un viaje al interior del alma del poeta chileno

Versos a los postres, los inéditos de Neruda

Los poemas perdidos abarcan un largo periodo, desde principios de los cincuenta hasta poco antes de la muerte de Neruda, en 1973

Foto: 'Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos', un viaje al interior de la poesía de Pablo Neruda.
'Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos', un viaje al interior de la poesía de Pablo Neruda.

“Tú y yo somos la tierra con sus frutos./ Pan, fuego, sangre y vino/ es el terrestre amor que nos abrasa”, dice el final del poema, escrito en un menú impreso en una cuartilla. Hay una fecha apuntada: 29 de diciembre, un buen día para volar a 3.500 metros de altura, entre Recife y Río de Janeiro. Es posible que Neruda lo escribiera cuando volaba de regreso de Europa a reunirse con Matilde Urrutia –viuda y tercera mujer del poeta– y pasar juntos Año Nuevo. Versos entre postres, entradas, vinos. El poema hecho carne. Del puño y letra, de la tinta y el borrón, a la pulcritud de la versión hecha máquina.

En el camino hacia el libro impreso, las pérdidas. La Fundación Pablo Neruda ha puesto orden al archivo del poeta chileno desde 2011, para rehacer el trayecto del maestro. Hubo sorpresas, aparecieron poemas inéditos, que son los que forman el libro que ahora aparece en España con el título Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos (Seix Barral). Como indica Darío Oses, director de la biblioteca y los archivos de la fundación, estos poemas escaparon a las revisiones que hizo Matilde Urrutia a la muerte de su esposo.

“Fue un excepcional viaje hacia el interior de la poesía de Neruda, en su materialidad primordial”, recuerda Oses en la introducción del volumen. Al manejar los originales creyó ver “el pulso del poeta” entre sus manos. Como si fuera un corresponsal en sus tripas, revisaba materiales de escritorio habituales: cuadernos escolares de los años cincuenta y sesenta, papeles sueltos, blocs de distintos formatos, “algunos con marcas extrañas”, cuadernos universitarios, tintas de varios colores… y los menús. También hay garabateados programas musicales de los barcos en los que viajaba.

Los poemas perdidos abarcan un largo periodo, desde principios de los cincuenta hasta poco antes de la muerte de Neruda, en 1973, y sus temas recurrentes. Amor, naturaleza, mundo, biografía, responsabilidades del poeta, viajes, trabajos. Oses subraya que se ha respetado la ortografía original, “en especial la ausencia de signos y puntuación”.

En una de las cajas con manuscritos de poemas conocidos (odas a Walt Whitman, a Louis Aragón) apareció uno inédito, en el que el premio nobel de Literatura se dirigía al joven para aconsejarle. Para restarle importancia y bajarle los humos, en un largo sermón sobre la humildad y la honestidad. “Conserva/ alarga tu silencio/ hasta que en ti/ maduren/ las palabras,/ mira y toca/ las cosas,/ las manos/ suben, tienen/ sabiduría ciega,/ muchacho,/ hay que ser en la vida/ buen fogonero,/ no te metas/ a presumir de pluma,/ de argonauta,/ de cisne,/ de trapecista entre las frases altas/ y el redondo vacío,/ tu obligación/ es de carbón y fuego,/ tienes/ que ensuciarte las manos/ con aceite quemado,/ con humo/ de caldera,/ lavarte,/ ponerte traje nuevo/ y entonces/capaz de cielo puedes/ preocuparte del lirio,/ usar el azahar y la paloma,/ llegar a ser radiante,/ sin olvidar tu condición/ de olvidado,/ de negro…” Un reflejo certero para cualquiera de los oficios que se quieran ver advertidos en esta definición del poeta.

También el Neruda irascible, tan sarcástico como divertido, contra el teléfono, un invento del demonio que, aun silencioso, le insulta. “Pasé de ser telefín, telefonino,/ telefante sagrado,/ me prosternaba cuando la espantosa/ campanilla del déspota pedía/ mi atención, mis orejas y mi sangre,/ cuando una voz inequivocadamente/ preguntaba por técnicos o putas”.

Los retazos inéditos del poeta maduro responden al “terror de vivir sin ser amado”, a la necesidad del poeta de “partir y regresar”, al “crecimiento de la historia” y la necesidad de luchar contra “las viejas cicatrices”. Apuntes sobre el dolor de la despedida, esos que “murieron antes de morir”. Bocetos apresurados sobre cualquier papel, en los que reflexiona sobre su paso por la vida y sus “corbatas machitas”. El poeta no es una piedra perdida, siempre vuelve al poema.

“Tú y yo somos la tierra con sus frutos./ Pan, fuego, sangre y vino/ es el terrestre amor que nos abrasa”, dice el final del poema, escrito en un menú impreso en una cuartilla. Hay una fecha apuntada: 29 de diciembre, un buen día para volar a 3.500 metros de altura, entre Recife y Río de Janeiro. Es posible que Neruda lo escribiera cuando volaba de regreso de Europa a reunirse con Matilde Urrutia –viuda y tercera mujer del poeta– y pasar juntos Año Nuevo. Versos entre postres, entradas, vinos. El poema hecho carne. Del puño y letra, de la tinta y el borrón, a la pulcritud de la versión hecha máquina.

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