Cómo sobrevivir a un naufragio en Marte
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Ridley scott ya rueda esta novela autoeditada

Cómo sobrevivir a un naufragio en Marte

‘El marciano’ de Andy Weir, en una de las sorpresas editoriales del final de 2014, ya prepara su estreno en cines para finales de este año

placeholder Foto: Fragmento de la portada de 'El marciano', que publica Ediciones B en España.
Fragmento de la portada de 'El marciano', que publica Ediciones B en España.

Podría ser una versión de Náufrago (Robert Zemeckis, 2000), ambientada en Marte y protagonizada de nuevo por un Tom Hanks demacrado y hecho polvo: el astronauta Mark Watney, botánico, ingeniero mecánico y miembro de una expedición al planeta rojo, es dado por muerto y abandonado por sus compañeros después de una tormenta de arena. Solo, incomunicado, con alimentos, agua y oxígeno limitados, su prioridad a corto plazo es sobrevivir con lo que queda del equipo de la misión. Y una vez satisfechas las necesidades básicas, idear una forma de entrar en contacto con la NASA. Ellos sabrán qué hacer. Faltan todavía meses para que se lance la próxima misión a Marte desde la Tierra, no aguantaría vivo ni devorándose un brazo. Otros, en su situación, terminarían chalados hablándole a una pelota.

Finalmente, el actor que se ha puesto el traje de astronauta Watney en la adaptación al cine de la novela El marciano es Matt Damon. Dirige Ridley Scott, cuyo primer acto de promoción el pasado diciembre fue digno del director de Alien (1979) y Prometheus (2012): envió al espacio la primera página del guion, que incluía un dibujo suyo de Matt Damon perdido en Marte mientras apela a la ciencia en “este planeta de mierda”. La hazaña pudo llevarse a cabo durante un vuelo de prueba de una sonda de la NASA, que ha demostrado mucho interés en la película. Su estreno se espera para noviembre y el reparto lo completan, entre otros, Jeff Daniels, Jessica Chastain, Sean Bean y Chiwetel Ejoifor.

un escritor que creció leyendo “la colección de libros de ciencia ficción de mi padre”, según cuenta a El Confidencial. Weir incubó esta historia de supervivencia en otro planeta durante tres años. “Tenía en mente la historia de un vuelo tripulado a Marte y buscaba encajar todas las piezas. Y por su propia naturaleza, tienes que tener en cuenta la posibilidad de haya errores en la misión y disponer qué podría hacer la tripulación en esos casos. Y me di cuenta de que un escenario así era mucho más interesantes para la novela”, recuerda.

Comercialización revolucionaria

Weir publicó El marciano por capítulos de forma gratuita en su web en 2012. Empujado por sus lectores, después apostó por una edición para Amazon a 0,99 dólares y despachó 35.000 copias en tres meses. Luego llegó la venta de los derechos para audiobooks y para su edición en papel, ya en marzo de 2014 y ya con agente literario. En España ha sido traducido por Javier Guerrero y publicado por Ediciones B.

El marciano es una guía de supervivencia para el planeta vecino. Es un Robinson Crusoe en Marte (Byron Haskin, 1964) actualizado a la era del Do It Yourself: con sus conocimientos de botánica y mecánica, Watney es el astronauta perfecto para arreglar todas las chapuzas del día a día en el espacio exterior. Allí arriba consigue plantar un huerto de patatas e idear una forma para mantenerlo regado. Se las ingenia para manipular material de la NASA (incluida la sonda Pathfinder, después de lanzarse a una expedición), hackearlo y convertirlo en lo que necesita para realizar sus planes.

Weir, que ha trabajado como programador y es ingeniero de software, quería una novela que no traicionase a la ciencia y para ello se documentó en astronomía y en la historia de los vuelos tripulados. También ideó un programa para ayudarle a calcular trayectorias orbitales, “que simulase la nave y nuestro sistema solar”. “Soy un nerd, así que me molestan las historias contadas con errores garrafales. Me refiero a fallos que claman al cielo con respecto a cómo funciona una nave o los trajes espaciales. Quería que mi novela no encendiese las alarmas de los lectores con una mentalidad más científica”, confiesa.

Todo el esfuerzo anterior también tiene un coste en el lector no especializado. Escrito en forma del diario informal del astronauta Watney (cuyo sentido del humor llega a resultar molesto a lo largo de una novela que es una carrera de obstáculos y proezas), muchas de la entradas de El marciano parecen una lista de la compra y se basan en la descripción de operaciones y reflexiones a partir de pesos y distancias, combinaciones de elementos químicos, cálculos de gravedad. Weir defiende que “la cuestión está en mantener un equilibrio constante”. “Quiero que el lector entienda toda la ciencia que forma parte de la novela, pero no quiero aburrirlo. Por eso construí un protagonista tan sarcástico y –espero– divertido. Para salpicar la novela con toda esa información sin que parezca un soso”.

El último patriota

Si algo queda claro al lector después de leer Lo que hay que tener (Elegidos para la gloria) (1979), de Tom Wolfe, es que, para el gobierno de Estados Unidos, el apoyo incondicional a carrera espacial no respondía únicamente a un interés loable por llevar al hombre más allá del cielo, sino a una estrategia política propia de los años de la guerra fría: el mundo capitalista no se podía permitir un Luna roja, un espacio exterior colonizado por rusos que flotan en el espacio. ¿Cómo vivir sabiendo que sobre sus cabezas hay un montón de satélites comunistas? Al contrario, necesitaba la imagen de una bandera con barras y estrellas en el suelo del último continente por conquistar.

El marciano no se cuestiona en ningún momento la actuación de la NASA o del gobierno norteamericano en un mundo donde es posible enviar hombres a Marte. Astronautas y funcionarios son empujados por Weir de forma honrosa a una serie de operaciones millonarias y desesperadas por intentar salvar a un tipo que, digámoslo ya, está condenado a morir en silencio en el espacio. Sería lo más económico.

Le guste o no a Weir, en algunos momentos El marciano quiere brillar demasiado y aparece ante el lector como una novela patriótica, pensada para emocionar en el cine. “Nunca imaginé que pudiera ser una novela popular, y mucho menos que acabase en el cine. Pero no es justo decir que es un libro patriótico. No hay política en este libro, más allá de la suave insinuación de que EEUU y China podrían cooperar en un viaje espacial”, se defiende.

El escritor norteamericano también cree que “la NASA actuaría con transparencia en un escenario similar”. “No les quedaría otra opción. Mark Watney está en Marte, lanzando información de que está vivo. Si lo ignorase, otro país podría terminar sabiéndolo y contarlo al resto del mundo. No tengo esa visión tan cínica de la NASA o EEUU. Creo absolutamente que trabajarían juntos para salvar a un astronauta perdido. Es la cultura de la NASA. Y está en la forma de pensar de los americanos. Discutimos mucho pero en época de crisis cooperamos a la perfección”.

Pez pequeño y pez grande

El marciano es la historia de un éxito indie y otro ejemplo de una ciencia ficción que se mueve estupendamente en internet, donde conviven los siempre agradecidos bundles (paga lo que quieras por varios libros de un mismo tema) con el caso de otros autores que han llegado al mainstream desde una audiencia en la red, como Dmitry Glukhovsky y su serie Metro 2033. Weir solo puede defender la autoedición.

La autoedición elimina cualquier barreracon los lectores. Puedes colocar tu libro directamente en su mano y esperar a ver cómo reaccionan. Ya ni siquiera es necesario que convenzas a un editor de que es un buen libro. Y si vende bienon line, los editores vendrán a tu puerta a ofrecerte un contrato. Lo importante vuelve a ser un equilibrio entre calidad y diversión. Así es como tiene que ser”.

Weir ya está trabajando en su próxima novela. “Es ciencia ficción tradicional, con alienígenas, telepatía, viajes a la velocidad de la luz. Saldrá en algún momento en 2016. Y sí, he dejado mi trabajo como programador para dedicarme a la escritura a tiempo completo”, termina.

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