Teatro: Roberto Álamo y Sergio Peris-Mencheta, el teatro encuentra su pareja perfecta
estreno de la obra 'lluvia constante'

Roberto Álamo y Sergio Peris-Mencheta, el teatro encuentra su pareja perfecta

Los dos actores dan forma a unos de los mejores papeles de sus carreras en este 'thriller' dirigido por David Serrano y basado en un texto de Keith Huff

Foto: David Serrano dirige la versión española de la intriga escrita por Keith Huff
David Serrano dirige la versión española de la intriga escrita por Keith Huff

No busquen en la última creación de David Serrano una obra fácil ni una trama ligera, ni estar cómodamente apoltronados en sus asientos. Resoplarán, reirán e incluso dejarán caer alguna lágrima con este thriller policíaco. Y, por encima de todo, se conmoverán y disfrutarán de esta lluvia que cala profundo gracias a dos de los mejores actores que se pueden ver hoy sobre las tablas.

Después de padecer la agonía y el sufrimiento de Urtain, parecía difícil volver a ver a Roberto Álamo en mejores hechuras. Pero no. Siendo el primero su mejor papel, su Dani, este policía bruto, visceral y que haría cualquier cosa por su sangre es, simplemente, redondo. Y una muestra más de que el trabajo de Álamo en el escenario parece no tener techo.

Su alter ego, su hermano pequeño como dicen en la obra y su complemento, Sergio Peris-Mencheta ha encontrado en Rodo el mejor papel de su carrera. Fluye, lo hace fácil y está en estado de gracia. Sí, esta última frase es cliché pero no puede definir de otra forma el trabajo de un actor, al que su faceta de director ha hecho mucho bien para encarar personajes. Si aún dudan del Peris-Mencheta actor, pocos recelos pueden tener del director tras Un trozo invisible de este mundo o Tempestad, aquí despejarán cualquier resquicio.

La comunión en escena de los dos actores es espectacular. No sólo por la naturalidad con la hacen evolucionar una historia difícil y durísima

Juntos la química fluye. Esa amistad-dependencia que hay desde niños entre Dani y Rodo –"hombro con hombro", nos repiten incesantemente–, o entre Álamo y Peris-Mencheta, es imposible no verla en la vida real. Su comunión en escena es espectacular. Y no sólo por la naturalidad con la hacen evolucionar una historia difícil y durísima sino porque, en los momentos dramáticamente más complejos, parece que estos dos hombres saben al milímetro las flaquezas y necesidades del otro. Son (no hacen de) esta desafortunada pareja de policías. Huck Jackman y Daniel Craig le dieron vida en Broadway al texto de Keith Huff (guionista, entre otros, de House of cards y Mad Men) y ni importa.

Decíamos tras la presentación de la obra –los directores suelen ser celosos de avanzar los detalles más potentes de la trama– que en Lluvia constante el espectador hace de juez de los episodios que revolucionan la vida de Dani y Rodo. Y asumimos ese papel pero, más si cabe, los auténticos jueces de sus miserias son ellos mismos. No olviden que están obligados a decir la verdad y desnudar sus intenciones e inseguridades en ese tribunal que dibuja la iluminación en la parte delantera del escenario.

De igual modo, Dani y Rodo son dos y cuatro personas a la vez. El hundido y alcohólico Rodo, dependiente del seguro de sí mismo y feliz Dani. De cara a la galería porque en el fondo ambos son más parecidos de lo que nunca hubiesen imaginado. O de lo que podían suponer antes de ver sus vidas saltar por los aires, tiroteo mediante, en unos días en los que no paraba de llover. Así las cosas, Dani mutará en una bestia asustada que embiste para defenderse y defender a su familia, en un hombre herido que acaba cayendo en el infierno de sí mismo y con el que Álamo nos hace sufrir hasta retorcernos. Y Rodo emergerá como el “ex enfermo alcohólico” y el pilar fuerte (y m’as astuto) de este binomio.

De un primer acto más ligero, que parte del humor, desemboca en la cadena de violencia, ira, venganza, traición, culpa y sufrimiento

La estructura, a base de monólogos (es una obra de actores) y flashbacks, crece desde dos planos narrativos, el de la confesión y lo que les ha llevado a ella. Solo podemos añadir que se agradece un primer acto más ligero, que parte del humor y la retranca para aliviar el peso de la cadena de violencia, ira, venganza, traición, culpa y sufrimiento en el que desemboca. Y de las preguntas. Porque pesan como una losa. ¿Cómo habrías reaccionado tú? La respuesta desde el plano de las emociones es difícil. La lógica lo tiene más fácil, aunque a veces no empatiza con la piel tanto como al sentido común le gustaría. ¿Y si te hubiera pasado a tinbsp;

Desafortunadamente son menos las veces que uno se levanta de un salto del patio de butacas deseando ponerse a diseccionar lo que acaba de vivir esa noche en el teatro. Lluvia constate es una de esas maravillosas ocasiones.

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