una obra en miniatura para abrir 'la abadía'

El gran teatro del mundo es enano

El Teatro de la Abadía abre su temporada con una obra con más de 300 actores, helicópteros y animales... todo en miniatura. Así es 'Mi gran obra', de David Espinosa

Foto: Imagen de 'Mi gran obra', de David Espinosa
Imagen de 'Mi gran obra', de David Espinosa

Bienvenidos al proyecto más ambicioso de la historia del teatro. La obra de todo un megalómano. 300 actores, una orquesta militar, banda de rock, coches, helicópteros, playas, elefantes, toros… Todo es posible en Mi gran obra, el trabajo de David Espinosa con el que el Teatro de la Abadía abre su temporada 2014-2015. El proyecto tiene truco, la escala. Todos los elementos de la puesta en escena son miniaturas que el propio director manipula a su antojo contando una historia muda que hace reflexionar al espectador.

El germen de Mi gran obra surge en la danza. Allí comienza la carrera artística de Espinosa. Participa como bailarín en múltiples compañías, hasta que un día, en medio de un espectáculo se da cuenta de que algo no va bien. A pesar del gran presupuesto, los grandes decorados y toda la parafernalia la obra no funcionaba. Ahí surgió la pregunta: ¿qué haría si tuviera todo el presupuesto del mundo? El resultado es una propuesta arriesgada, protagonizada por muñecos enanos que tiene que ser vista con prismáticos por un público que no supera los 20 espectadores.

Del lujo al minimalismo, lo que surgió como una propuesta faraónica ha terminado por caber en una mesa donde más de 300 miniaturas se dan la mano mientras Espinosa actúa de Dios guiando sus acciones. El ambicioso proyecto del autor ha terminado por convertirse en un chollo para los teatros, que montan un espectáculo con un hombre y una maleta llena de figuras.

La obra lleva dos años girando, y el autor confiesa a El Confidencial que no se esperaba la respuesta ante una propuesta tan diferente. “Es curioso cómo se está asimilando el trabajo en todos los circuitos. Yo me planteaba que la pieza la iba a terminar representando en mi casa, porque surge en el apogeo de la crisis, y era muy difícil girar y acceder a los teatros comerciales. Pero ha sido todo lo contrario, he acabado en grandes festivales como la bienal de Venecia más que en salas alternativas”, explica el autor.

Espinosa confiesa que las grandes producciones le parecen poco honestas, y que siempre que las ve acaba en su butaca echando cuentas del dinero que hay metido en la producción en vez de en la historia, aunque admite que no por tener un gran presupuesto se es peor obra: “Tienen que tener una coherencia, un sentido y un rigor”, puntualiza.

Su apuesta puede calificarse como ‘low cost’, un término peligroso. “Por un lado hay una lectura positiva en el ‘low cost’, porque ha hecho una limpieza de la falla, del gastar por gastar. Pero existe también el riesgo de que el espectador y, sobre todo, el gestor y el político se acostumbren a que el teatro es algo que se cubre pasando la gorra, y eso hace difícil trabajar en condiciones”, cuenta Espinosa.

El tamaño no importa

Mi gran obra demuestra que en el teatro el tamaño no importa, que con ingenio y un gran número de miniaturas se puede contar una historia. David Espinosa no se atribuye el mérito, sino que cree que antes que él muchos ya habían demostrado que un actor en un espacio vacío, solo con su cuerpo y una persona que le observe puede hacer surgir algo especial.

Hay una lectura positiva en el ‘low cost’, porque ha hecho una limpieza del gastar por gastar. Pero existe también el riesgo de que el espectador y, sobre todo, el gestor y el político se acostumbren a que el teatro es algo que se cubre pasando la gorra, y eso hace difícil trabajar en condicionesSu apuesta surge de una pequeña mentira, ya que el autor confiesa que aunque tuviera todo el presupuesto del mundo no lo dedicaría para trasladar este trabajo a la realidad, sino que lo invertiría en “algo más coherente”. Y es que el autor no se imagina manejando grandes espectáculos. “No me veo en ese contexto, acabar trabajando con los objetos tiene mucho que ver con alejarme de la relación laboral vertical”, puntualiza.

No se plantea abandonar el formato de reunir a pocos espectadores delante de su obra, ni tampoco abandonar las miniaturas. De hecho su siguiente proyecto es un nuevo salto al vacío: “Intento reducir las obras completas de Shakespeare a una imagen y trabajo a partir de ellas. No manipulo las figuras, sino que a través de sombras y luces creo en la pared de detrás proyecciones que dan la dramaturgia a la pieza”.

Una obsesión demiúrgica que es el hilo conductor del comienzo de temporada del Teatro de la Abadía, que completa su programación con Petit Pierre, de la compañía Bambalinas. Dirigida por Carles Alfaro y protagonizada por Adriana Ozores y Jaume Policarpo cuenta la historia de Pierre Avezard, el hombre que hizo poesía de hojalata durante la Segunda Guerra Mundial. El retrato del siglo XX desde la vida de una de las pocas personas que vivieron aisladas sus acontecimientos, dedicándose solo a la creación de un enorme carrusel que todavía hoy se puede disfrutar.

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