La traición comunista que mandó a los exiliados españoles al Gulag
  1. Cultura
un libro repasa la diáspora republicana tras la guerra

La traición comunista que mandó a los exiliados españoles al Gulag

Un libro repasa la diáspora republicana tras la Guerra Civil y cómo muchos de los que huyeron a la URSS acabaron presos de los campos de concentración

Foto: Fotograma del documental 'Los niños de la guerra'
Fotograma del documental 'Los niños de la guerra'

156 marinos, 200 pilotos de la última promoción de la academia de pilotos rusa de Kirovabad, 200 exiliados políticos, 130 maestros y 2.895 niños de la guerra. Todos ellos llegaron a la Unión Soviética escapando de una España rota, derruida y en la que la dictadura avanzaba a sus anchas.

La URSS fue el único país que apoyó a la República durante la Guerra Civil, enviando combatientes y provisiones, por lo que muchos de los que huían veían en suelo soviético la mejor opción.

Sueños de una vida mejor, en libertad, que para muchos se vieron truncados. La vida en la URSS no fue un camino de rosas, sino que muchos vieron cómo terminaban escapando de la represión de la posguerra para terminar con sus huesos en un Gulag,los campos de trabajo para prisioneros políticos y opositores del régimen de Stalin.

Este caso poco estudiado de republicanos detenidos por el gobierno comunista de la URSS es el leitmotiv del libro En el Gulag, Españoles republicanos en los campos de concentración de Stalin (Ediciones RBA), de Luiza Iordache Cârstea, profesora en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad de Cataluña, y que ha analizado un profundo estudio de la “diáspora republicana” y de cómo muchos acabaron presos y nunca pudieron abandonar suelo soviético.

Para ello Luiza Iordache tratará no sólo la trayectoria de los republicanos españoles, sino también las “políticas del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y el Partido Comunista Español (PCE) que les afectaron, las gestiones para su liberación llevados a cabo por el Gobierno de la República española en el exilio, la Federación Española de Deportados e Internados Políticos y la España franquista,y el proceso de repatriación” explica.

Cuatro años de investigación en una treintena de archivos españoles y otros europeos, en losque la autora lamenta “el hermetismo de los archivos de la antigua URSS” lo que imposibilitó profundizar en la cuestión en base a documentación relevante producida por el PCUS, el Comisariado del Pueblo para Asuntos Externos (NKID) o el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos (NKVD).

Un libro, cuyo germen está en su propia tesis doctoral, que reconoce que el debate sobre la memoria histórica española ha hecho que muchos proyectos de investigación hayan salido adelante. Iordache es consciente de que todos estos estudios suelen ser usados como arma arrojadiza política, y por ello en la introducción a su trabajo deja muy claro que “no es una vía fácil para sacar provecho partidista a través de panegíricos de cualquier índole política”.

“La tardía Ley de la Memoria Histórica, con sus virtudes y defectos, fomentó la apertura de archivos, la digitalización de documentación situada en el extranjero y la desclasificación de documentos. Una sociedad verdaderamente democrática debe conocer y aceptar su pasado y hacer honor a la memoria de todas aquellas personas que lucharon por la libertad y la democracia en España y Europa, y que sufrieron bajo el yugo de diferentes dictaduras. Es un ejercicio de madurez democrática, siguiendo el ejemplo de otros países con un pasado autoritario o totalitario” comenta al respecto Luiza Iordache.

Presos por nada

La pregunta que Luiza Iordache intenta responder en su libro es por qué maestros, marinos e incluso niños de la guerra fueron confinados en un Gulag. La respuesta la encuentra en un poema de Anna Ajmátova: por nada. No había ningún motivo por el que muchos de ellos tuvieran que terminar en campos de concentración.

Se les detuvo por haber manifestado su deseo de salir de la URSS, o por oponerse a la línea política del Kremlin. Fueron víctimas de un régimen estalinista fundamentado en la violencia y el terror político y social.A pesar de ello, la mayor parte de españoles conserva un recuerdo de agradecimiento hacia los ciudadanos y el país que les cuidó, les acogió y les crió.

Una de las partes más polémicas del libro es aquella que explica cómo el PCE (con una cúpula en la que se encontraban entre otros Ibárruri, Carrillo, Claudín y Uribe), primero con su silencio, y más tarde con acusaciones directas, colaboró con la Unión Soviética para que los republicanos españoles fueran apresados.

“Su política osciló desde el silencio cómplice hasta la alineación con el PCUS, alcanzando ésta su máxima expresión a finales de los cuarenta con la ‘política del informe’ y la descalificación de los internados y de los organismos republicanos que lucharon por su liberación” explica la autora del libro. Los amigos del pasado en el frenteeran los nuevos enemigos.

Negociación en el exilio

El libro dedica especial atención a las negociaciones que se llevaron a cabo para la vuelta de los españoles que habían llegado a la URSS. No sólo por parte delgobierno franquista, para el que cada remesa de exiliados que volvían al país suponía una inmejorable campaña de publicidad, sino también, dentro de su aislamiento, elgobierno de la república española en el exilio.

La autora reconoce que al principio fue difícil no emocionarse cuando leía las memorias de los presos, o cuando escuchaba los testimonios de sus familias o incluso de los pilotos supervivientes que estuvieronpresosen la URSS, aunque a medida “que iba avanzando en la investigación, me acostumbré a escuchar y a leer ‘la tragedia’ en sus cartas, poemas, memorias, autobiografías”.

Y de entre todas las historias la que más le conmovió fue una llena de atrocidades, en las que la la autorano se recrea, acudiendo al dato objetivo y al hecho concreto, a pesar de hablar de “un mundo de torturas, castigos, privaciones, trabajos forzados, dolor y lágrimas”, como describe Luiza Iordache lo que ocurría dentro de los Gulag.

Joseph Stalin
El redactor recomienda