Rojos contra rojos, el gran chiste del comunismo
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arranca el festival documenta madrid

Rojos contra rojos, el gran chiste del comunismo

Un documental revisa en clave cómica las escisiones de los partidos comunistas. Es uno de los platos fuertes del festival Documenta Madrid

Foto: 'Nepal forever' compite en la sección oficial del Documenta Madrid
'Nepal forever' compite en la sección oficial del Documenta Madrid

La historia del comunismo es una mezcla de grandes logros y grandes catástrofes, grandes risas y grandes llantos. Piensen en la cantidad de cabezas que han rodado por la tendencia del movimiento a escindirse hasta el infinito, y la de parodias que ha generado dicho gusto por la autodestrucción: recuerden loshistóricos gags de La vida de Bryan (Terry Jones, 1979) sobre los choques entre el Frente Popularde Judea y el Frente Judaico Popular, grupúsculos izquierdistas tan pendientes de las nimias diferencias ideológicas que les separan... que se olvidan de luchar contra el invasor romano.

Y en esas llegó Nepal forever, de la directora rusa Aliona Polunina, plato fuerte del festival Documenta Madrid, que se inaugura mañana y proyectará hasta el 10 de mayo una selección de lo más granado del documental internacional (pueden consultar aquí la programación).

Nepal forever sigue las andanzas de dos desconocidos activistas de un grupúsculocomunistade San Petersburgo que, pese a estar enépoca de vacas flacas políticas, se embarcan en una extravagantemisión internacional: viajar al Nepal del siglo XXI para mediar entre las enfrentadas facciones comunistas (maoístas, marxistas leninistas, etc.) del lugar.

Haciendo buena la clásica cita marxista -"La historia se repite: primero como tragedia y luego como farsa"- Nepal forever parece recrear en clave cómica los tiempos en los que Moscú enviaba emisarios a oriente para tratar de reconducir el heterodoxo maoísmo chino. Flashback histórico: por si el movimiento comunistainternacional no tenía suficiente con lidiar con el leninismo, el trotskismo y el estalinismo, a mitad del siglo XX el maoísmo se incorporó a la fiesta de la guerra de doctrinas. Esta adaptación del marxismo a la realidad asiática (que algunos pintorescos intelectuales franceses vieron como una solución a los problemas europeos en los años sesenta) caló en los países vecinos a China, incluido Nepal.

Elcomunismo nepalí ha protagonizado en las últimas dos décadas su propio festival de escisiones, purgas y reunificaciones, al mismo tiempo que conseguíaliderar la guerra contra la monarquía (derribada en 2006) y gobernar durante un tiempo el país gracias al gran capital político obtenido tras luchar sin cuartel contra lacorrupta monarquía del país.

Fotograma de 'Nepal forever'

Y aquí es donde entran los dos protagonistas de Nepal forever, doscomunistas nostálgicosde perfil bajo cuyo lugar de reunión esun destartalado despacho presidido por un retrato de Stalin.Tras conocer la volátil situación de sus camaradas del Nepal, nuestros protagonistas deciden viajar hasta Katmandúpara"evitar una guerra civil entre el gobierno comunista y la oposición comunista".

Nepal forever, como ya se ha dicho, vendría a ser unaadaptación de las aventuras de Don Quijote y Sancho Panza. Dos personajes que, guiados por una lógica ilusoria, creen estar viviendo grandes aventuras que solo están en sus cabezas.

Las situaciones vividas en Katmandú son tan surrealistas que Nepal forever parece por momentos un falso documental cómico, aunque no lo sea. No hay más que ver la visita de nuestros hombres a la Embajada de Corea del Norte en Katmandú para presentar sus condolencias por la muerte de "ese gran político" llamado Kim Jong-il (previa llamada al telefonillo de la embajada).

Pero lo mejor llega cuando nuestrospequeños héroes se reúnen por separado con las dos grandes facciones comunistas del Nepal: el Partido Comunista (maoísta) y el Partido Comunista (marxista leninista), cuyos líderes muestran tanto placer en despellejar a la oligarquía internacional como a sus rivales comunistas locales, calificados como "burgueses" e "imperialistas" a la menor oportunidad y ante el estupor de los enviados rusos.

La paradoja es que la película viaja luego a Rusia, donde nuestrosprotagonistas se enfrentan a su propia realidad escindida: ellos son miembros de uno de los muchospartidos comunistas que hay ahora mismo en la URSS, y el suyo nisiquiera es el más popular. En todas partes cuecenhabas (escindidas) y burgueses camuflados de comunistas. Por supuesto, a los comunistas del Nepal les parece muy mal que los comunistas rusos se tiren los trastos a la cabeza, pero no tan mal como paraarreglar su propio desaguisado. Y viceversa.

Con todo, pese a su visión humorística de unos personajes fuera del tiempo, Nepal forever muestra una encantadoraempatía con sus héroesquijotescos. Puede que estos nostálgicosestalinistas estén confusos, parece querer decir el filme, pero lo que ha venido después -Putin y sus mariachis- no se caracteriza precisamente por su lucidez política.

Nepal forever, por último, está repleto de encantadores detalles costumbristas. Ejemplo: cuando unade las facciones comunistas del Nepal llegó al poder en2008,su presidentecelebróun consejo de ministros en el campamento base del Everest (en efecto, nunca antes en la historia del comunismo se había celebrado una reunión de marxistas/leninistas a semejante altura). Todo un hito del alpinismo político.

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