el prado y la bne desvelan la biblioteca del pintor

La venganza del Greco

El 31 de marzo se cumplieron cuatro siglos de la última voluntad del Greco a su hijo. Le pedía que fuese preparando todo lo que debiera

Foto: Montaje de la exposición 'La biblioteca del Greco'.
Montaje de la exposición 'La biblioteca del Greco'.

El 31 de marzo se cumplieron cuatro siglos de la última voluntad del Greco a su hijo. Le pedía que fuese preparando todo lo que debiera para hacer el tránsito hacia el otro lado del espejo. Siete días más tarde moría a los 73 años, en Toledo. Su hijo Jorge Manuel Theotocopuli lo preparó todo, incluido un inventario de todos los bienes que en vida había acumulado su padre, incluyendo los 130 libros que componían su biblioteca. Una cifra corriente entre los pintores contemporáneos del griego. Ahí aparecen 27 libros en griego y 67 en italiano, más 17 libros de romance (castellano) y 19 de arquitectura. Siete años más tarde su hijo se casa y hace inventario de sus posesiones: de los 94 libros en italiano y griego quedan 20 y de los 17 en español, sólo 9.

De los que han sobrevivido a la falta de liquidez del hijo destaca una edición de 1552 del Tratado de arquitectura de Vitruvio y la segunda edición de las Vidas de Vasari, de 1568 (que se vende a casi un millón de euros). El valor de estos dos ejemplares reside en el subrayado y las anotaciones que El Greco hizo en la mayoría de sus páginas, en cada una de las ideas que descubre. En unos casos es su alimento e inspiración, en otros la fuente de su ira y rapapolvo.

En las anotaciones que han llegado, podemos definir los pensamientos, la intimidad y la identidad del pintor con más rigor y acierto que la propaganda de 2014En esas páginas tiradas con una caligrafía exquisita, a veces en griego y otras en una mezcla durísima de itañol (italiano más español), encontramos lo más parecido a lo que debió ser el pintor más desfigurado por la historiografía del arte. Por ahí se cuelan los pensamientos, la intimidad y la identidad del pintor. Un pintor filósofo le llamaron, porque escribía y replicaba, porque se revolvía cuando algo no le gustaba y se atrevía a tocarle las narices al mismísimo monarca, que era más de Miguel Ángel que de Tiziano, más de dibujo que de luz y color.

No habíamos entrado hasta el momento en La biblioteca del Greco, para descifrar quién fue. Es la primera vez que una exposición acomete el ejercicio de darle voto a él y callar el historiador (todo lo que pueda). Es la primera vez que El Greco levanta la voz para reclamar su palabra y su pensamiento, su concepción de la pintura, sin tristes tópicos, sin vaguedades. Sin disfraces que no le encajan. Para la cita el Museo Nacional del Prado y la Biblioteca Nacional Española unen fuerzas, y José Riello y Javier Docampo su investigación para montar la introducción a todo este orgasmo celebratorio de la muerte del Greco.

Esa es la venganza del Greco, que en medio de los fastos políticos de la utilización de su figura para fines menos artísticos se subleva contra todo lo que los muertos dijeron de él una vez muerto y lo que los vivos han aprovechado para decir en este último año. La biblioteca del Greco no es una oportunidad perdida, es una exposición con vocación política, reivindicativa y resistente, que toma partido contra la manipulación del pintor y se inscribe en la línea de excelencia de las tres exposiciones temporales que pueden verse en estos momentos en El Prado, junto con Las Furias y Rubens. ¿Qué grita El Greco desde esas casi 18.000 palabras que ha dejado escritas en los márgenes?

"NO SOY UN PINTOR ESPAÑOL"

María Dolores de Cospedal, presidenta de Castilla-La Mancha, se postuló como heredera del alma obstinada de Doménikos Theotokópoulos. Su discurso de presentación del año Greco2014 fue un guiño a la divina propaganda: “El Greco es el alma de Castilla-La Mancha”. Para Cospedal la prioridad del desbordamiento cretense es “hacer de Castilla-La Mancha un referente turístico de primer nivel”. Porque “se trata de que nuestra historia, nuestra industria turística, nuestra hostelería y nuestro comercio aprovechen para generar riqueza en estos momentos”.

Frente a este discurso, que separa al Greco en más de cuatro siglos, y en estrecho vínculo con la muestra del Museo de Santa CruzEl griego de Toledo, se desvela a un pintor que rechazaba esas raíces toledanas que ahora pretendemos echarle. José Riello aclara a este periódico que “nunca se sintió español”.

“Es un invento de los herederos de la Generación del 98 y de Manuel Bartolomé Cossío. El Greco pasa a formar parte de la escuela española por palabra de este último, pero él siempre se consideró descendiente de la escuela bizantina”, añade uno de los dos comisarios. Él se veía como un caso único, un genio, como el pintor en el que se aunaba la tradición oriental con la occidental.

“El Greco habló, leyó y escribió griego como lengua materna y fue consciente de su excepcionalidad en este sentido, excepcionalidad que fomentó declamando su origen, esencialmente mediante su apodo, jactándose de su conocimiento del griego, que le permitía leer a los clásicos”, escribe Riello en la extraordinaria publicación que acompaña a la muestra. Firmó gran parte de sus obras con caracteres griegos y rubricó la mayoría de sus documentos con su nombre italianizado, lo que denota “un distanciamiento del ambiente hispánico”. “Es revelador que en su biblioteca hubiera un “lexicón” griego y un diccionario de italiano, pero también lo es que no hubiera ninguno español”. 

"NO SOY UN PINTOR CATÓLICO"

A pesar del intento del Arzobispado de Toledo por transformar al Greco en un ferviente creyente, las pruebas aportadas en la investigación de la exposición generan serías dudas acerca de esta necesidad evangelizadora de la figura del pintor. “La cobertura que se haga desde el Arzobispado será la de mostrar ese Greco que, sin duda alguna, era un hombre de profundas convicciones religiosas católicas y, sin duda, es lo que se demuestra en sus pinturas”, explicó el pasado mes de noviembre Anastasio Gómez, el ecónomo diocesano, en rueda de prensa junto con el arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez. Añadió Gómez que se reflexionaría sobre sus estudios humanistas y su sensibilidad “con la realidad de Cristo y de su madre María”.

La Catedral de Toledo, con 'El expolio' restaurado.
La Catedral de Toledo, con 'El expolio' restaurado.

Será mejor que el Arzobispado no pase por El Prado en los próximos tres meses, donde queda explicado al público sus vínculos comerciales con el mejor de sus clientes, la Iglesia: “Si mostró cierto desinterés por lo religioso –como parece sugerir el hecho de que en España no se integrara en alguna cofradía o que al morir sólo diera velas y no encomendara misas por su alma- no fue así en su actividad profesional, pues se acomodó a la demanda de pintura religiosa dominante en su tiempo”, puede leerse en la información de sala.

“Es significativo que un pintor que dedicó buena parte de su producción a la pintura de asunto religioso no escribiera sobre ella en las casi 18.000 palabras que dejó en los márgenes de los libros de Vitruvio y Vasari, que apenas tuviera once libros relacionados con la religión”, y que, aparte de la Biblia o los Cánones de Trento, el resto fueran Padres de la Iglesia griega. Es uno de los asuntos más espinosos en relación con el Greco, reconoce Riello. El pintor ha pasado por ortodoxo, católico, judío, neoconverso o ateo. “No podemos confundir su pintura religiosa, con su vivencia de la religión”, añade el comisario.

"NO SOY UN PINTOR MÍSTICO"

El pequeño tamaño de la sala facilita la concreción y exactitud del contenido de la exposición. En el centro, “un bosque de cristal” exhibe los ejemplares más importantes en vitrinas. Hay una aplicación, patrocinada por Samsung, que permite pasar por todas las páginas anotadas del Vitruvio (de la Biblioteca Nacional de España). En ellas aparece su devoción por Aristóteles y su anulación de Platón.

¿Y eso qué quiere decir? Que El Greco distingue entre los ojos del alma y los ojos de la razón, que con unos mira y con los otros mejora, porque con unos contempla y con otros actúa sobre la realidad. Entiende la pintura como una ciencia, el descubrimiento de la naturaleza. “Los problemas que afronta son los mismos que hace Caravaggio y Carracci, sin tener contacto con ellos”, resume Riello.

La pintura debe ocasionar mayor disfrute por la dificultad que la caracteriza y porque es un arte intelectual “que no se limita a la reproducción de las superficies”. Escribe el propio Greco: “La pintura tiene un puesto de prudencia y es moderadora de todo lo que se ve, y si yo pudiera expresar con palabras lo que es el ver del pintor, la vista parecería como una cosa extraña por lo mucho que concierne a muchas facultades. Pero la pintura, por ser tan universal, se hace especulativa”.

En la exposición se incluyen dos versiones de El soplón, porque fue un tema cardinal para nuestro protagonista. En ellas habría mostrado “su concepto de la pintura como ciencia especulativa, que no sólo sirve para crear artefactos bellos, sino para motivar la reflexión sobre la investigación empírica” y la imitación reflexiva del pintor.

Esta visión de la pintura como una actividad intelectual le une, según los comisarios, con Leonardo da Vinci, y su consideración de artista culto. Es la misma visión que le aleja de un pintor esencialmente místico. Es un pintor que celebra lo que nos rodea, desde un reflejo en una armadura a unas flores. 

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