muere la pintora más extrema de las vanguardias

Adiós al mundo de Ángeles Santos

Fallece a los 101 años la mujer que revolucionó de adolescente, antes de ser internada en un sanatorio y sin formación pictórica, las vanguardias españolas

Foto: Fragmento de 'Un mundo' (1929), Ángeles Santos, en el Museo Reina Sofía.
Fragmento de 'Un mundo' (1929), Ángeles Santos, en el Museo Reina Sofía.
Autor
Tags
    Tiempo de lectura4 min

    Fue sólo un cuadro, pero todo un mundo. Tenía 18 años y paralizó a las vanguardias españolas cuando presentó en el Salón de Otoño, de 1929, Un mundo. Así arrancan todas las biografías dedicadas a la pintora menos reconocida y reivindicada de la historia de la pintura contemporánea española y quizás un caso excepcional en la historia de la pintura universal. Hoy ha fallecido a los 101 años, en Madrid, mientras dormía, tal y como han asegurado a este periódico sus familiares.

    Ángeles Santos irrumpió para ganarse la admiración de Ramón Gómez de la Serna, Federico García Lorca, Jorge Guillén o Juan Ramón Jiménez. Aquel mundo lo contenía todo y lo había pintado una adolescente. Un mundo es un universo surrealista, un cuadro de tres metros de alto por tres metros de ancho, que hoy vive en un sitio privilegiado en una de las galerías del Museo Reina Sofía. Fue admirado desde el mismo momento en que la pintora lo dio a conocer como la obra más emblemática y sorprendente de la marea vanguardista.

    En la ficha de la obra que conserva el museo, la especialista Paloma Esteban Leal, explica que el cuadro participa a medias de los supuestos surrealistas y de la poética del realismo mágico, corriente difundida en el ensayo homónimo publicado por Franz Roh en 1925. Los personajes femeninos que pueblan la escena rodean los costados de un globo terráqueo que ha perdido su condición original para convertirse en una figura cúbica. En silenciosa procesión, estas mujeres de largos cabellos van iluminando las estrellas con el fuego previamente tomado del sol, mientras en uno de los ángulos del lienzo, otro conjunto de mujeres tocan instrumentos musicales”.

    Ramón Gómez de la Serna, trazó una elogiosa explicación a la obra, en La Gaceta Literaria, el 1 de abril de 1930: “Si sólo fuese una imaginación Ángeles Santos, si sólo fuese la que conserva más vivos en la memoria sus sueños y los traslada al lienzo, no tendría la verdadera calidad de pintora. Lo que la distingue es que, en la sustancia con que los redacta, hay “pinturas”, y eso les hace pasar de su estado de fluorescencia divagante y aparencial a un estado fijo de estampación eternal, con un tizne maravilloso de perpetuidad. Son iluminaciones de la realidad, equilibrios en que la realidad se extasía y queda horas prendida".

    Superior a sus precedentes

    También Juan Ramón Jiménez coló a la pintora entre las páginas de su Españoles de tres mundos. Viejo mundo, nuevo mundo, otro mundo. Caricatura lírica (1914-1940): "Alguno se acerca curioso a un lienzo y mira por un ojo y ve a Ángeles Santos corriendo gris y descalza orilla del río. Se pone hojas verdes en los ojos, le tira agua al sol, carbón a la luna. Huye, viene, va. De pronto, sus ojos se ponen en los ojos de las máscaras pegados a los nuestros. Y mira, la miramos. Mira sin saber a quién. La miramos. Mira".

    'La tertulia'
    'La tertulia'
    Al tiempo que Un mundo surgió La tertulia, asociada a los postulados de la Nueva Objetividad alemana, por su frialdad y el inquietante magnetismo de las cuatro mujeres protagonistas. Lo más increíble de todo es que el vínculo con el movimiento alemán (Christian Schad y Otto Dix, entre otros) surge de manera espontánea y sin apenas contacto con los medios de difusión de las corrientes artísticas europeas. Para los especialistas este cuadro supera con solvencia los avances realizados nueve años antes por José Gutiérrez Solana, con su famosa y expresionista La tertulia del Café Pombo. “Frente al hieratismo y la rigidez de los personajes del artista madrileño, las cuatro figuras femeninas del lienzo de Santos parecen retorcerse en un movimiento sinuoso que impregna toda la composición, de la que emana una casi “palpable” sensación de misterio”, escribe Paloma Esteban Leal.

    Después de estos dos cuadros las biografías dedicadas a Ángeles Santos continúan de la misma manera: el silencio. El padre de la pintora la internó en un sanatorio hasta que rectificó su decisión y la liberó. Pero algo se había roto. Sin formación pictórica alguna, a los 18 quería comerse el mundo, pintar todo lo que había visto; a los veinte no quería saber nada de sus primeros cuadros, “tétricos” y que tanto le habían hecho sufrir. Dejó de interesarse por el universo, el cielo, el infierno, las almas, el mundo tangible, las ciudades y sus casas, los trenes, los cementerios, los ríos y empezó a pintar paisajes. Contrajo matrimonio con el pintor Emilio Grau Sala (1911-1975).

    Su mundo se esfumó. Enterró a aquella Ángeles Santos y no volvió a recordarla. Hoy, la pintora más extrema de las vanguardias españolas vive en el museo para rendirla homenaje. 
    Cultura
    Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
    0 comentarios
    Por FechaMejor Valorados
    Mostrar más comentarios