Dostoievski envuelto en un albornoz sucio
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EL ESCRITOR SERBIO STEVE TESICH LLEGA A ESPAÑA CON SU NOVELA PÓSTUMA, 'KAROO'

Dostoievski envuelto en un albornoz sucio

¿Quién es ese hombre que lo ha perdido todo y anda de cabina en cabina de Manhattan haciendo llamadas imaginarias, hablando con su hijo adoptivo y

Foto: Dostoievski envuelto en un albornoz sucio
Dostoievski envuelto en un albornoz sucio

¿Quién es ese hombre que lo ha perdido todo y anda de cabina en cabina de Manhattan haciendo llamadas imaginarias, hablando con su hijo adoptivo y su pareja muertos en un accidente de tráfico? ¿Quién ha enterrado en vida a ese despojo que agoniza en su casa, en su planeta privado, y encuentra su única esperanza en la huida a lo público?

Sólo alguien con muchas ganas de hurgar en la herida de la desorientación del hombre contemporáneo es capaz de arrojar a la decadencia a este escritorzuelo de guiones, del que sabíamos que disfrutaba bebiendo y gritando banalidades en las fiestas de apartamentos extraños porque había desarrollado alguna clase de patología doméstica con la que sólo se sentía en casa en casas ajenas.

El zarandeado es Saul Karoo. Su creador, Steve Tesich. Del primero ya sabemos algo, aunque sea poco. Del segundo no sabemos mucho más: falleció a los 53 años, en 1993, de un ataque al corazón, dejó el rastro de una vida dedicada a los guiones de cine y al teatro, nunca se atrevió a triunfar con la novela y murió sin conocer el gran éxito de su vida, Karoo, su segunda y última novela, que ahora publica en España Seix Barral. Llega avalada por las ventas y el reconocimiento de los libreros franceses, y desata la tormenta de novelas de verano.

Tesich nace en Serbia y a los 14 años emigra con toda su familia a EEUU, donde estudia y se especializa en literatura rusa, y se convierte a la religión que adora a Dostoievski y Tolstoi. Pronto se gana la vida escribiendo y arreglando guiones cinematográficos y obras teatrales. Resumió su proyecto literario a dar testimonio del ser humano de su tiempo, mientras demostraba con su vida y obra ser de una integridad y moral intachable.

Un perro verde

También se mostró como un auténtico perro verde en un país que tenía en el comunismo a su peor enemigo. Reconoce vivir en una sociedad sin grandes ideales, sin alternativa al capitalismo, y se queja por ello en las pocas entrevistas que concedió durante su vida. Dice que un nuevo tiempo ha llegado a los EEUU, un tiempo en el que la libertad es el hábitat natural de la población, pero desconocen cómo utilizarla. La gente busca a su alrededor, pero no sabe qué.

Eso es Karoo. La novela de la gran derrota capitalista, que se ceba en un tipo que es crucificado para mostrarle su libertad y su desarraigo. Tesich escribió para reivindicar la fuerza del ser humano desde su desastre, una novela humanista escrita contra la imagen del artista convertido en animador de fieras. Es el libro de quien lucha para no volverse payaso de feria en la sociedad del espectáculo, eso sí, recurriendo –irónicamente- a las claves del humor.

Al menos eso hace hasta el último cuarto del libro, donde le da la vuelta al asunto, abandona la primera persona por la tercera y se viste áspero, sombrío y doloroso. Del humor al drama con una historia de amor trágica, “con aspiraciones al gran público y alto nivel literario”, como asegura la editora Mar García Puig que descubrió esta joya en pleno hervor en el mercado francés. Karoo debe su buena salud popular gracias, en gran medida, a la pincelada directa y expresiva del guionista avezado, premiado con un Oscar al Mejor Guion por Breaking Away, de 1979, que aquí se tradujo como El relevo.  

Sin amparo, con humor

Buena prueba de ello es el sarcasmo con el que atiza a esa sociedad cruel, donde sin seguro médico estás sentenciado: “También me gustaba (de forma algo intermitente) pensar en mí mismo como El Hombre Sin Asegurar. Estaba convencido de ser el único hombre sin seguro médico en la fiesta. Ese conocimiento me llenaba de una temeridad arrogante. ¡Qué audaz era! Qué independiente. No solamente aceptaba sin inmutarme mi carencia de seguro, sino que la integraba en la frescura misma con que me desplazaba de planta en planta, de lámpara en lámpara y de grupo en grupo. El Hombre Sin Asegurar”, relata Karoo en manos de Tesich.

En la tabla de los diez mandamientos del guionista, el primero es “no aburrir”. El autor hace correr endiablada la novela, disparada de anécdotas, como un proyector pasado de revoluciones, con unos diálogos como fórmula quitamanchas de la literatura con cine. Es Karoo una novela visual, eficaz, divertida y enérgica. No se debe perder la visita a la consulta del doctor Kolodny. El diálogo con la enfermera teutona no tiene precio.

Y, a pesar de todo, no es novela de usar y tirar, ágil y de fórmula. Es un guion que traiciona a la novela y una novela que se venga del guion. Teisch calienta el traspié con un final que rompe con el humor para dejar el texto en amor. Trágico, punzante. La tercera persona hace acto de presencia para abrir con bisturí el cuerpo de este zombi maleado: “La culpa estaba. Y el dolor estaba. Pero él era incapaz de acceder a ellos. Parecían encontrarse en un lugar aparte, igual que el sonido del televisor de la habitación de al lado que uno oye en un hotel”. Mayor soledad imposible.  

Abandonado como un albornoz sucio, comprado en alguna tienda para turistas, coloca al personaje en la línea de flotación de Tolstoi y Dostoievski. Ha desterrado a la inexistencia a un trabajador que lo ha perdido todo, que ha quedado desahuciado en una sociedad sin red. Allí donde sólo hay respeto por el poder y el dinero, donde las entrelíneas del escritor serbio dicen que Occidente no es el ejemplo a seguir. Tampoco lo es una dictadura comunista, deja claro.