LA BARONESA THYSSEN-BORNEMISZA Y LA CASA DE ALBA ALQUILAN SU PATRIMONIO AL ESTADO

El arte rescata a los nobles

Año 2013. España. Los nobles también lloran y venden. O alquilan. La tendencia histórica a que la herencia pictórica del rancio abolengo desembarque en los grandes museos

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El arte rescata a los nobles
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    Año 2013. España. Los nobles también lloran y venden. O alquilan. La tendencia histórica a que la herencia pictórica del rancio abolengo desembarque en los grandes museos –habitualmente, en forma de dación en pago para saldar impuestos atrasados con el Estado- pasa por un buen momento gracias a la crisis financiera. Pero no es la mejor opción. Las grandes casas nobiliarias prefieren la explotación económica del patrimonio artístico, es la mejor solución a la falta de liquidez. Pero no todas las familias están capacitadas para ello. Sólo aquellas que hayan mantenido a lo largo de los siglos una herencia sin quebrantos ni repartos, sólo aquellas preocupadas en la conservación y preservación del legado optan a exprimir hasta la última gota del beneficio cultural con cargo a las cuentas públicas y en nombre del interés general.       

    A la joven XXI duquesa de Cardona, Casilda-Ghisla Guerrero-Burgos y Fernández de Córdoba, huérfana desde los dieciséis años, le tocó vender su cuadro después de trece años conviviendo con él en propiedad. Así fue como llegó hace tres temporadas el excepcional El vino de la fiesta de san Martín (1565-1568), de Pieter Brueghel el Viejo, a las manos del Museo del Prado. El Estado compensó a la noble con siete millones de euros. Según la dirección general de Bellas Artes del Ministerio de Cultura de entonces, la compra fue una “opción ventajosa”, porque en el mercado podría haber llegado a los 30 millones de euros.

    El primer propietario de la pieza fue el IX duque de Medinaceli, Luis Francisco de la Cerda y Aragón. Cuando Medinaceli absorbe en 1670 los títulos de Segorbe y Cardona para multiplicar su poder no se plantea que con la separación de Cardona, siglos más tarde y hace siete décadas, el XVI duque de Medinaceli reparte títulos y bienes entre sus tres hijas y la colección revienta en mil pedacitos. Uno de ellos llega a quien lo vende al Prado, tras haber pedido opinión a los tasadores de una de las casas de subastas más importantes. No sabían lo que tenían en el salón. 
    La huella del olvido

    La división de una colección noble se hace al peso: se tasan los bienes y se reparten en función de lo que suman. No hay más criterio que la cuota matemática y caprichosa, y el resultado es la pérdida de unidad con la que se reunieron en su día las codiciadas piezas. También desaparecen las referencias en los inventarios, que vuelan con cada nueva separación y herencia. La pista de la autoría de la obra se pierde, las atribuciones se desdibujan y los cuadros acaban teniendo simplemente un valor venal y decorativo.

    Cuentan los anticuarios con más experiencia en el oficio que España es uno de los países con mayor patrimonio privado y, por tanto, oculto. Lo habitual es que se ignore el valor económico y pictórico de lo que se hereda. En estas condiciones, y animados ante el panorama económico, los tesoros afloran en Christie’s y Sotheby’s. Más de la mitad, según los especialistas de estas empresas, son obras que ni siquiera aparecen en los libros de historia del arte. Desconocidas por completo para propietarios, expertos y público.  

     

    Según un estudio realizado por la Obra Social de La Caixa, el coleccionismo español de arte está en retirada y es el sexto mercado de la Unión Europea, en el que el arte moderno y contemporáneo supone el 42% de las ventas españolas y los maestros antiguos el 37%. Las obras anónimas y olvidadas son carne de subasta. Es el tipo de patrimonio que busca salida en el mercado negro extranjero o una subasta, porque la Ley de Patrimonio Histórico de 1985 trata de impedir la fuga de capital cultural y deja la decisión de su venta legítima a la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico Español (organismo adscrito a la Dirección general de Bellas Artes y Bienes Culturales y de Archivos y Bibliotecas de la secretaría de Estado de Cultura).

    El precio del arte

    El recorrido especulativo de este tipo de obras es muy limitado. La verdadera rentabilidad se halla en las colecciones bien conservadas y agrupadas, capaces de lograr exposiciones públicas a precios disparatados y alquileres de alto coste político. Son los modelos que han instaurado en España Carmen Cervera, baronesa Thyssen-Bornemisza (aunque sin reconocimiento nobiliario) y María del Rosario Cayetana Fitz James Stuart y Silva, XVIII duquesa de Alba.

    Como ya adelantó este periódico, con la colaboración del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ por sus siglas en inglés), Cervera compró obras en subastas a través de entidades opacas de paraísos fiscales, debido a sus exenciones con el fisco. Son esas mismas obras las que a finales de 2010 la viuda del barón Thyssen-Bornemisza trató de alquilar al Estado por 13,5 millones de euros por tres años. Como el ministerio de Ángeles González-Sinde ofrecía 4,5 millones de euros por el mismo tiempo, el trato nunca se cerró y se acordó seguir con la cesión. La devaluación de la colección que se mantiene y conserva con dinero público empezó el año pasado con la venta del fruto más preciado de la misma: La esclusa de John Constable, que Cervera logró vender por 26,5 millones de euros.

     

    Además, Cervera está desmantelando la colección para la que fue ampliado el Museo Thyssen a costa del Estado dado que no obtiene los beneficios que ella esperaba: en 2012 la cantidad cedida se redujo un 35% con respecto a la del acuerdo original del año 2000. Las casi 200 obras viajaban a alimentar sus nuevos negocios: el Museo Carmen Thyssen de Málaga y el MNAC de Barcelona, como antesala a una nueva sede Thyssen en la ciudad condal.  

    Beneficios desinteresados

    La Casa de Alba también ha sacado partido a su tesoro patrimonial a costa del dinero público. Su modelo político no es tan agresivo como el de Cervera, pero las ganancias que demanda y obtiene no están al alcance de los principales museos del Paseo del Prado. Pero sí del Ayuntamiento de Madrid. El Confidencial informó la semana pasada del beneficio de más de un millón de euros que la familia logró al cierre de la exposición en Centrocentro Cibeles Legado Casa de Alba, por la que pasaron casi 160.000 visitantes, de cuya entrada un 90% quedaba en manos de los nobles.

    El contrato aclaraba que no habría ni un minuto gratuito ni uno de los días durante los más de seis meses que permaneció abierta al público, a pesar de que fueron los madrileños quienes adelantaron 170.000 euros para montar una muestra “costosísima”, como la califica el director del centro, Tono Martínez. Además, todos los beneficios devengados de la tienda y los patrocinadores quedaron en manos de los Alba, que eran calificados en la exhibición como “grandes mecenas del arte”.

    Los especialistas consultados por este periódico añaden otros rendimientos a favor de la colección que habitualmente puede verse en el Palacio de Liria. El primero de ellos es la tasación completa de las joyas del tesoro, como episodio previo al reparto entre los herederos y futura subasta de bienes de la XVIII duquesa de Alba. Esta casa ha tenido uno de los árboles genealógicos menos problemáticos, hasta ahora. El tránsito desde el gran coleccionista de la familia, Carlos Miguel Fitz-James Stuart (1794-1835), XIV duque de Alba, se ha mantenido sin crispaciones, gracias a la sucesión entre primogénitos.  

    Este vínculo inalterable del conjunto de bienes, enmarcados en la Fundación Alba, se romperá con los seis descendientes siguientes. Entonces habrá que ver qué pasará con las pinturas de Palma el Viejo, Pordenone, Andrea del Sarto, Tiziano, Rubens, Guido Reni o Luca Giordano. Entre otras cosas, la familia tendrá que hacer frente a un elevado impuesto de sucesión. La dación en pago está en el horizonte.

    Las aseguradoras recomiendan tasar la colección cada tres años, por seguridad, pero también por la fluctuación de los precios del mercado. En este caso, Generali, uno de los patrocinadores se ha encargado de hacerlo (que según fuentes de CentroCentro rondaba los 300.000 millones de euros) y de asegurar sin coste para la familia. El precio del tesoro está actualizado y dispuesto para arreglar la herencia.

    Por otro lado, los especialistas preguntados también aseguran que la mejor manera de revalorizar el arte es sumando exposiciones al caché de las obras. En este aspecto, Carmen Cervera es insuperable. La Casa Alba no ha podido encontrar mejor escaparate, ni reclamo más jugoso para su futura transacción, que la exhibición de las 150 joyas del tesoro cultural familiar en la exposición en el Ayuntamiento de Cibeles. No en vano, las alhajas han salido a la luz para quedar impresas –junto con los brindis de los historiadores del arte- en un catálogo… de ventas. 

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