LA DICTADURA RECORTÓ Y HOSTIGÓ EL CINE "PARA MORBOSOS" DEL DIRECTOR

El franquismo censuró el erotismo de Franco

“Rollo 4: Suprimir íntegramente la secuencia de la boîte. Suprimir el plano de Alicie desnuda vista de espaldas”. Corte. “Planos exhibicionistas innecesarios, rollos 2, 4 y

Foto: El franquismo censuró el erotismo de Franco
El franquismo censuró el erotismo de Franco

“Rollo 4: Suprimir íntegramente la secuencia de la boîte. Suprimir el plano de Alicie desnuda vista de espaldas”. Corte. “Planos exhibicionistas innecesarios, rollos 2, 4 y 6”. Corte. “Rollo 4: Suprimir desde cuando dicen: ‘Operación sexy del Palladium de Londres’”. Corte. “Rollo 6: Suprimir los latigazos a la chica. Supresión de pase de la rubia semidesnuda en el cabaret, y dice a la obra: “’Hija, tienes cara de amianto’”. Corte. “Rollo 7: Suprimir el plano del pecho desnudo de la capitana en el baño”. Corte. “Autorizado con las siguientes advertencias: Cuidar exhibicionismos femeninos o situaciones que puedan rozar el acto genético. Asimismo se evitarán los excesos de violencia o crueldad”. El acto genético.

En el Archivo General de la Administración, donde se conservan todos los informes de la censura cinematográfica y literaria, entre otros documentos, no se conservan los expedientes de algunas películas míticas del director Jesús Franco, fallecido el pasado martes, como su primer filme Tenemos 18 años (1959), entre otras. El cineasta se quejaba de que la censura no le dejó vivir desde la primera película. A partir de su segunda película, Labios rojos (1961), se concentra en el género del terror y trata de rodar la adaptación de Los colgados, de Craven, pero le tumbaron el guion en la Junta de clasificación y censura. Los encontronazos y recortes eran cada vez mayores y decidió abandonar España para realizar Necronomicón, en 1967. A esta le sigue un rocío de películas de género producidas y rodadas Francia, Inglaterra, Italia, Suiza, Holanda o Luxemburgo.  

Carpetas repletas de papeles. Los hay de todos los colores para las copias, los impresos, los informes, hay guiones, tablas en las que se especifican los sueldos de actores, decoradores, operadores, sellos, firmas, requerimientos, explicaciones, órdenes, la burocracia franquista se acumula en los archivos que recuerdan los trámites por los que el cine debía pasar para llegar a proyectarse. Controles y trabas, recursos y demandas. Una película no era película si antes no ponía su contenido a disposición de los censores de la Junta de clasificación y censura de la dirección general de cinematografía y teatro del Ministerio de Información y Turismo. Y las de Jesús Franco no lo tuvieron nada fácil con los cortes y las supresiones, a pesar de que los censores abrieron la mano ante el que veían un cine minoritario.

García Escudero, censor 

En 1962 Jesús Franco enseña la patita con Gritos en la noche, en la que el doctor Orloff, “un sabio chiflado que ha perdido a su hija, la embalsama y para devolverla a la vida manda raptar a otras muchachas con el fin de inyectarles su sangre”. La esencia del cine Franco. La película la produce Hispamer Films y pone 4.500.000 pesetas para su realización. El director cobraría 200.000 pesetas. Curiosamente, los creadores del decorado, Lega y Michelena, cobrarían 400.000 pesetas por su trabajo. El actor mejor pagado fue, tal y como reflejan las cuentas, Conrado San Martín, con 300.000 pesetas, y la que menos Elena María Tejeiro (15.000 pesetas).

Un nombre ilustre entre los censores de aquella película: Pío García Escudero, director general de cinematografía y teatro y según muchos de los que le sufrieron, como Basilio Martín Patino, "el peor de todos". Sobre el valor cinematográfico del guion escribe: “Muy escaso”. En su informe declara que “el guion dará lugar a una película truculenta que tendría muy escaso valor y propia solamente para los públicos aficionados al ‘suspense’”. El censor ve en la falta de atractivo popular de la película la razón para autorizarla; en el menosprecio está la salvación.

Y confirma su aprobación gracias al desenlace moral que propone Franco, en el que el bien vuelve a triunfar sobre el mal: “Con independencia de su truculencia, no ofrece inconvenientes de ningún género, ya que el asesino y su inocente cómplice resultan severamente sancionados. Nada se perdería si la película no se rodase, pero no encuentro motivo alguno que aconseje su prohibición, por lo que estimo que puede autorizarse el rodaje”.

La película se autoriza para mayores de 16 años. También coincide con Pío García Escudero su compañero censor el reverendo padre Manuel Villares, que el 11 de julio de 1961 escribe que es una película de misterio y terror con una gran dosis de fantasía, “por lo que queda muy rebajado tanto el uno como el otro, debido a la irrealidad del argumento”. Otro tanto a favor de Jesús Franco. Como su cine era absolutamente imaginario no es peligroso.

Temas “desagradables”

“Es una película macabra, apta sólo para esa clase de públicos que gusta de estos argumentos morbosos. Por lo demás, dentro de lo que es este género, no le encuentro reparos de mayor importancia desde el punto de vista moral”, cierra su análisis. Sin embargo, el resto de censores que visionan la película (en total cinco y dos de ellos, curas) son más duros que los críticos más sarcásticos de hoy: “El tema es desagradable, no vale nada y su interpretación es muy mediocre”.

Uno la prohíbe, la califica de “adefesio”, “desagradable”, “carga los minutos de muertos y asesinatos”. Otro cree que es “repelente”, que “no ofrece peligro, aunque por mí la prohibiría”. Lo acusan de “plagio servil” de las películas frecuentes “en el cine extranjero”. “Es un tanto ingenuo con fallos lamentables que rompen la línea temática”, en un arrebato analítico. Al año siguiente, en marzo de 1962, vuelven a reunirse otros 9 censores para tratar la autorización de Gritos de la noche y todos coinciden en una cosa: “No tiene interés nacional”. “Es un cine sin ambición, sin nobleza temática, morbo para morbosos, pero técnicamente realizada con habilidad”, no es el mejor resumen posible del cine de Jesús Franco, pero todavía hoy alguien se atrevería a firmarlo.

A finales de 1965 llega Miss muerte a las estancias de la junta de clasificación y censura, que la autoriza únicamente para mayores de 18 años, con “adaptaciones” en los rollos segundo, cuarto y sexto. “Película de terror con bastante morbo sexual en las escenas aprobadas”, asegura uno de los reverendos que firma el informe. Añade: “Planos exhibicionistas innecesarios, rollos 2, 4 y 6”.

En 1973 leemos un informe definitivo para entender la relación del cine de Jesús Franco con la censura franquista, que redacta el censor Alberto de la Escalera sobre la película Las vampiras. “Típico producto de Jesús Franco, hecho de sexo y terror donde el segundo resulta tan fallido como el primero. Esta vez es el vampirismo, ya viejo y tradicional en la historia del cine, la que sirve de trama argumental al estilo de este realizador”, es decir, en el Ministerio de Información y Turismo empezaban a reconocer las manías del director madrileño. También advierte el censor que la variante lésbica del vampirismo no es nueva, restando importancia a la combinación.

El censor disculpa la intervención en la cinta porque dice que lo dispuesto en la norma 9, 1, que prohíbe la presentación de las perversiones sexuales como eje de la trama, no se puede aplicar a filmes de “esta índole” porque “se trata de películas cuyo parecido con la realidad es imposible”. Si no es real no hay peligro. Y determina en su valoración: “Puede tolerarse por la falta de profundidad”. La ligereza también sorteaba la censura. A pesar de esta buena disposición, la mayoría decidió suprimir dos escenas de uno de los rollos. Las hordas de vampiras lésbicas no eran un inconveniente, pero una espalda desnuda en un plano era una tragedia.  

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