CARMEN CERVERA RETIRA CASI 200 OBRAS DE SU COLECCIÓN DEL MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA

Tita recorta su préstamo

Su imagen altruista de mujer entregada al beneficio cultural español esconde otra que el BOE destapa. En la renovación de la cesión de sus piezas a

Foto: Tita recorta su préstamo
Tita recorta su préstamo

Su imagen altruista de mujer entregada al beneficio cultural español esconde otra que el BOE destapa. En la renovación de la cesión de sus piezas a la fundación que gestiona el Museo Thyssen-Bornemisza, de 2012, apunta el boletín la desaparición de casi doscientas piezas de los fondos de la ampliación del museo que el Estado sufragó entre 2002 y 2004. A los pocos días del anuncio de Carmen Cervera de la cesión que llama “gratuita”, la publicación muestra cómo el número de las 655 pinturas originarias para las que se compró, rehabilitó e inauguró el edificio adyacente al Palacio de Villahermosa, desciende alarmantemente a 485 obras.

Aquella fue la primera negociación entre Cervera y José Ignacio Wert, ministro de Educación, Cultura y Deporte. Antes, Ángeles González Sinde se peleó públicamente con ella en el cierre del trato de 2011. El espectáculo fue dantesco. La exministra no quería ceder a la pretensión de Cervera porque prorrogaba la negociación un año más y dejaba el asunto a las puertas de las elecciones de marzo de 2012. El equipo de abogados del ministerio proponía dos años de alquiler, a precio de 1993, para garantizar –eso decían- la seguridad, el mantenimiento, la atención al público y la planificación del trabajo a largo plazo.

Tita se negó y venció, Sinde se revolvió molesta: “Los intereses de la ‘baronesa’ no son los de los contribuyentes”. Y añadía que lo que podía pagar el Estado por el alquiler de dos años “no era una cuantía que cumplía su expectativa”. Por su parte, Tita aprovechaba la coyuntura y declaraba que su colección era lo mejor que le había pasado a este país: “Mi colección ha dado a ganar muchos millones a España a través de hoteles, restaurantes, etc. Mis cuadros no cuestan nada al Estado y dan beneficios”.

Caída en picado

Hace más de un mes Tita volvió a anunciar su desinteresada acción, mientras espera a que la situación de España mejore para poder negociar en buenas condiciones. El BOE sigue sin hablar de este último convenio, aunque los abogados de la Fundación Thyssen-Bornemisza señalan a este periódico que la cifra se recortará en un cuadro y quedará en 484.

¿Cuál falta? La esclusa de John Constable, que Tita retiró del préstamo y vendió el pasado mes de julio por 28 millones en subasta. La última tasación valoró la pieza en 22.419.849 euros. Esta joya había sido adquirida por el barón Hans Heinrich ‘Heini’ Thyssen-Bornemisza en 1990 por 10,8 millones de euros, pero curiosamente no fue incluida en la colección que vendió al Estado en 1993, por cerca de 300 millones de dólares.

Carmen Cervera se guardaba del patrimonio de ‘Heini’ unas cuantas perlas para su futuro. Las más cotizadas son: Mata Mua (1892), de Gauguin 37.366.415 de euros; Idas y venidas (1887), de Paul Gauguin, por 14.946.566 de euros, mismo precio que la obra de Monet El puente de Charing Cross (1899); Picasso con Los segadores (1907), 11.209.924 de euros; Juan Gris y Mujer sentada (1917), tasada en 8.967.939; El jardín del Edén (1610) Jan Brueghel el viejo por 7.473.283; Caballos de carreras en un paisaje (1894), de Edgar Degas, por la misma cantidad; Casa en Dangast (La casa blanca) (1908), Erich Heckel también por 7.473.283, como La inundación en Port-Marly (1876) de Alfred Sisley.

Manga por hombro

Según los asesores de Tita “el contrato de préstamo permite a los prestadores recuperar la posesión de un número limitado de obras y la posibilidad de sustituir en determinadas condiciones unas obras por otras. En ejercicio de su derecho, los prestadores han recuperado algunas obras a lo largo de la vida del contrato, en particular, para su exhibición en el Museo Carmen Thyssen de Málaga”.

Eso lo confirma una de las vigilantes de la planta segunda en la que se encuentra parte de la colección Carmen Cervera: “Hay mucho trasiego de obra que se quita y se pone y se lleva al Museo de Málaga”. La misma trabajadora lamenta la pérdida de La esclusa, que presidía la sala “C”. En su lugar hoy cuelga un Corot, La soledad. Otra notable desaparición: Una mujer y dos niños junto a una fuente, la pintura de Goya que le enfrentó a los intereses de su hijo y que la Audiencia Provincial de Madrid terció a su favor. Cervera decidió descolgarla, llevársela a su casa para evitar cualquier disgusto. En su lugar hay dos tondos de Giuseppe María Crespi.

Los abogados apuntan que “las obras que dejan de estar en el préstamo, quedan fuera de la garantía del Estado. Esto explica las variaciones del número de obras prestadas a lo largo de la vida del contrato”. El capricho de la prestadora, para la que se construyó el edificio, ha logrado que el valor económico de los bienes entregados haya caído en picado: de la tasación original de 540.900.806 euros, la última fija el valor en 395.934.734 euros. A esa cantidad ahora hay que restarle los cerca de 23 millones de euros en los que se había tasado La esclusa. El capital de la colección que cuida el Estado se desangra. Cervera ha asegurado en repetidas ocasiones que tiene ofertas extranjeras por su colección por valor de 700 millones de euros.

Conflicto de intereses

Recordemos que Cervera es la vicepresidenta de la fundación a la que cede su colección personal. No parece que haya conflicto de intereses ante esta situación, a pesar de que en el contrato de préstamo de las obras cedidas, firmado el 15 de febrero de 2002, entre Omicron Collections Limited, Nautilius Trusteets Limited, Coraldale Navigation Incorporated, Imiberia Anstald (las empresas de Tita) y la Fundación Thyssen-Bornemisza -por un plazo de siete años- reconoce los “derechos sobre los activos cedidos en uso” - una figura similar a los derechos de explotación- y por ellos le concede un importe de 79 millones de euros.

Aunque como señalan los abogados de la Fundación a El Confidencial esta figura no es más que un “apunte contable”, que responde al reconocimiento de los derechos de uso del préstamo a la Fundación Colección Thyssen-Bornemisza para su exhibición. Dicho apunte se refleja en el activo y en el pasivo del balance de las cuentas de la Fundación y “en ningún caso supone desembolso alguno de tesorería”.

Tal y como ha podido saber este periódico, que el reconocimiento de estos derechos no se hayan hecho efectivo no exime que en un futuro pueda hacerse. Una de las mayores virtudes de Carmen Cervera es que las operaciones se cierran siempre a su favor. Además, desde 2010, fin del contrato, hasta hoy, se ha renovado cada año, de febrero a febrero, por 8.778.500 euros.

De esta manera se le reconoce el valor del préstamo formalmente, pero no se le paga. “Lo que deja la ‘baronesa’ tiene un valor. El balance refleja el beneficio de Carmen”, explica una persona ligada a la fundación a este periódico. La fuente subraya que el gran logro de Tita es cerrar cada nuevo contrato con más facilidades para vender la colección. Si antes podría vender el 3% del valor, las negociaciones sucesivas elevaron el valor de venta y del 5% lo elevaron al 10% actual. Por eso desapareció La esclusa.  

A cuenta del Estado

Tita ha aprovechado cada febrero para asegurar que sus compras son una fuente de ingresos para este país. Sin embargo, las cuentas de la fundación ponen en entredicho la cacareada filantropía de Cervera y demuestran los gastos de las arcas públicas. Es la colección privada mejor custodiada, preservada, cuidada y revalorizada del mundo, y todo al amparo de un museo público español.

No cuenta Cervera con las inversiones que hace la fundación en la conservación y mantenimiento de sus pinturas. Ya hemos mencionado la compra de los dos solares para albergar aquel aluvión de cuadros que mengua con cada cierre de contrato. Las nuevas instalaciones habilitaban 16 salas en las que se expone su colección, que gozan del amparo de la garantía del Estado, el mejor seguro contra cualquier desperfecto artístico; el personal técnico del museo se encarga del exhaustivo mantenimiento y conservación de las obras de Cervera. Tampoco las condiciones de las salas donde se recogen las pinturas son las mismas que si estuvieran en su casa.

Hay que añadir, también, que el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte cubre anualmente aquella parte del presupuesto aprobado por el patronato de la Fundación Thyssen Bornemisza que no se ha cerrado por otras aportaciones, incluidos los ingresos propios. De esta manera, la fundación ha recibido “a fondo perdido” en 2004, 4.128.460 euros; en 2005, 3.572.170; en 2006, 2.136.070; en 2007, 2.675.830 euros; en 2008, 1.800.000; en 2009, 1.861.400; en el año 2010, 4.369.000; y en 2011, 5.501.030; en 2012, 3.975.000; y en 2013, 2.553.790, según cifras facilitadas por el Ministerio de Cultura. 

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