quiere evitar el dominio en contenidos

Telefónica se enfrenta a condiciones muy duras de la CNMC para comprar Digital+

La CNMC tomará como referente las condiciones que allá por el año 2010 planteó a Telefónica y Mediaset cuando tomaron un 22% de la plataforma de pago.

Foto: El presidente de Telefónica, César Alierta (EFE)
El presidente de Telefónica, César Alierta (EFE)

Telefónica no va a encontrar una alfombra roja para comprar Digital+. Y es que, según aseguran fuentes conocedoras del proceso, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) tomará como referencia para abordar el expediente las duras condiciones que allá por el año 2010 planteó a la teleco y Mediaset cuando ya apostaron por tomar un 22% de la plataforma de pago. En función de aquellas restricciones, que incluían la apertura radical de contenidos a otros operadores, los afectados llegaron a plantearse abortar la operación. Es más, terminaron rediseñándola de forma radical para evitar un fiasco mayúsculo. El entuerto podría repetirse.

El planteamiento de la CNMC enlaza con la convicción de que el affaire Digital+ es probablemente el caso más importante que tiene sobre la mesa y, sobre todo, con la certeza de que es madre de todas las operaciones dentro del ámbito audiovisual y de las telecomunicaciones. No en vano, la compra de la plataforma supondrá la definitiva irrupción de Telefónica en el mundo de los contenidos, una tendencia imparable en un sector a la búsqueda de propuestas diferenciales en ofertas de triple o cuádruple play. No es casualidad que, sin llegar a cerrarse la compra, no falte quien en la multinacional de César Alierta hable ya sin reparos de la transformación de la firma en una TV company.

Con el músculo financiero de Telefónica, una incursión en la compra de derechos sin limitaciones de competencia afectaría decididamente a los Mediaset o Atresmedia, en el área audiovisual, pero, sobre todo, puede crear un elemento distintivo que expulse a los Vodafone, Orange et alii en su core business. De hecho, la complejidad del caso que ya presume la CNMC hace que la operación pueda no sólo terminar afectando a la sala de Competencia –que encabeza el presidente, José María Marín Quemada–, sino también a la sala de Supervisión Regulatoria Sectorial, en manos de la vicepresidenta, María Fernández, que podría tener voz en el expediente.

El presidente de la CNMC, José María Marín Quemeda. (EFE)
El presidente de la CNMC, José María Marín Quemeda. (EFE)

Eso sí, por ahora sólo se velan armas, ya que el proceso aún tiene recorrido. No en vano y según explican estas mismas fuentes, el expediente se encuentra todavía en fase de prenotificación a las autoridades de Competencia nacionales, después de que Telefónica consiguiera que Bruselas cediera a España la supervisión de la transacción. Un trámite habitual en estos casos pese a que la cifra de negocio del proyecto de concentración exigía una primera solicitud de supervisión a nivel comunitario. Desde el momento en que el expediente llegue formalmente a la CNMC, podrían pasar entre cuatro y seis meses hasta que se alcance una resolución.

Motivos de preocupación

Telefónica tiene motivos de preocupación a tenor de las obligaciones que la entonces Comisión Nacional de Competencia (CNC) planteaba a la entrada original de Telecinco y Telefónica en Digital+. En un borrador de condiciones de 19 páginas, la autoridad anti-trust obligaba a la plataforma a abrir a otros operadores de pago al menos el 50% de los canales que atesoraba dentro de su oferta mayorista. Es más, añadía que siempre debería permitirse el acceso a aquellas frecuencias “que contengan derechos de emisión en exclusiva de partidos de la Liga y Copa de S.M. el Rey”. Unos requisitos que iban –e irían si se repiten en este caso– contra la línea de flotación de la teleco.

“Es que si Telefónica tiene que abrir el fútbol, que es el derecho clave y premium por excelencia, probablemente no le interese seguir adelante con la operación”, exponían recientemente fuentes del sector. De hecho y como publicó El Confidencial, Telefónica quiso a la hora de formalizar el contrato dejarse una salida por si las autoridades de Competencia le complicaban sobremanera la compra a Prisa de su 56% en Canal+. En concreto, la compañía de César Alierta incluyó una cláusula en el acuerdo según la cual podrá abandonar la operación al cabo de un año si las condiciones impuestas eran inasumibles. Eso sí, previa penalización de 58 millones.

La sangre, en todo caso, no debería llegar al río. Como en su momento Telefónica y Mediaset plantearon una batería de compromisos a la Comisión para buscar su plácet, lo normal sería que en estos meses la teleco colaborara y buscara puntos de ‘complicidad’ con las autoridades de Competencia. El fútbol, cuyo desmesurado precio ha terminado devastando la plataforma y arrastrando al Grupo Prisa en la rodada, será una auténtica piedra de toque. Un gasto de infarto para terminar compartiendo los derechos con otros operadores no está en la hoja de ruta de Telefónica. “No se aceptarán limitaciones leoninas”, apuntaba la compañía cuando las cosas se torcieron en octubre de 2010. Algunas historias se repiten.

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