Dónde come McCoy | El nuevo Casa Martón, cocina y diseño únicos en el Valle de Tena
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EXPERIENCIA GASTRONÓMICA

Dónde come McCoy | El nuevo Casa Martón, cocina y diseño únicos en el Valle de Tena

Tras una obra espectacular, a Casa Martón no la reconoce ni la madre que la parió. Ahora todo es espacioso, luminoso, lleno de buen gusto en los seis espacios que lo conforman

Foto: Ilustración: Rocío Márquez.
Ilustración: Rocío Márquez.

Tengo un especial cariño a Casa Martón, lo confieso. Soy esquiador tardío, y más allá de una incursión inicial en Francia, mi relación con este deporte nació, creció y se multiplicó —es una afición compartida con mis cinco hijos— en las pistas de Formigal. Durante años, alquilé casa de temporada en Sallent de Gállego (Huesca) y han sido pocas las incursiones al Valle de Tena en las que, al menos una noche, no haya terminado cenando en este restaurante.

Situado a la vera del Aguas Limpias, afluente del Gállego, muchos de los habituales del lugar lo recordarán como una casa baja en la plaza principal del pueblo con escaso atractivo estético por fuera y menos por dentro: apenas una barra estrecha y cuatro o cinco mesas presididas por una parrilla para carne a la brasa. Nunca más. Tras una obra espectacular, a Casa Martón no la reconoce ni la madre que la parió. Ahora todo es espacioso, luminoso, lleno de buen gusto en los seis espacios que lo conforman: tres comedores, la nueva zona de picoteo, la terraza y la más pegada a los fuegos. Una reforma total que pudo ver la luz… poco antes del confinamiento. De ahí que aún se conozca poco.

Foto: Ilustración: Rocío Márquez.

El cambio en la configuración del local ha venido acompañado, como no podía ser de otra manera, de una actualización de su propuesta gastronómica. Ya no es la de antes, limitada y servida de manera simplona en vajilla de menú del día. Aquí también ha habido una revolución. Mejora la oferta, mejora la presentación, crecen las variedades de carne y se actualiza la bodega con referencias muy interesantes sin que la calidad del producto, santo y seña de la casa, se vea afectada. Al revés, de la mano de Sandra en la sala y parrilla y de su hermano David en la cocina, Martón está llamado a convertirse en la referencia culinaria de la zona, si no lo era ya. Al tiempo.

Así, en nuestras últimas visitas, hemos disfrutado tanto de la ensalada de helado de tomate rosa con anchoas y queso del valle d’Ossau, fresquísima y que es un entrante único ahora que entra el calor, como de la de queso de cabra, nueces, pasas y vinagreta de miel de Sallent, una combinación curiosa, pero que funciona; de la menestra de verduras naturales, un plato que siempre ha sido de peregrinación; de la cecina de vaca con virutas de queso, que pone en valor su selección de la mejor materia prima; del paté casero con confitura de tomate, de presentación muy original y especialmente rico, o de los 'chips de torteta', que es una fritura de sangre, parecida a la morcilla, que me encantó aunque no es para todos los públicos.

Mención aparte merecen las carnes. A las dos habituales en carta, que son la de vaca frisona o la de buey Parda Alpina, se suele unir fuera de ella la Simmental, mucho más tierna y que es como para empezar a comer y no parar. El corte mínimo es de 800 gramos y los precios oscilan entre 45 y 82 euros el kilo. Años de experiencia en los fogones hacen que no haya errores con el punto, que se agradece. Aun así, se sirve en plato caliente para los que le quieran dar una vuelta adicional, algo que personalmente no me gusta. Como acompañamientos, la ensalada verde, el pimiento rojo confitado (algo dulce de más) y unas patatas fritas de volver locos a los amantes de las mismas. Pedir otra cosa en este local es casi delito, aunque nosotros sí hemos probado la 'magret' con salsa de ciruelas que no desmerece, más bien al contrario.

Rematamos con la cuajada de leche de oveja y miel de montaña, hecha en el día e increíble, y con el helado de chocolate con sal de Elarte, que es una heladería de Huesca que hace maravillas con cualquier ingrediente que se le ponga por delante. Servicio impecable pese a estar en cuadro (apenas tres personas, una en cocina, otra en sala y una tercera en la brasa) y, como les decía antes, carta de vinos distinta a la que se han incorporado numerosos caldos fuera de circuito a un coste bastante razonable. Así, nosotros probamos el GR-18 de una bodega oscense, SERS, mezcla de cabernet, syrah y merlot, que nos gustó mucho.

Casa Martón ha estado siempre en boca de los asiduos al Valle de Tena. Y no siempre para bien. Las quejas no eran del qué, sino del cómo: el estricto sistema de turnos tan propio de las estaciones de esquí, un servicio poco amable y condicionado precisamente por la necesidad de doblar mesa o una oferta limitada en comparación con otras alternativas en el propio Formigal, en Sallent, Escarrilla, Panticosa o Tramacastilla. Todo esto se ha solucionado con un cambio de cara que ha servido de excusa para refundar gastronómicamente el local y situarlo en otra dimensión. Mi consejo es que, si se dejan caer por la zona, en invierno o verano, vayan. Y si encuentran algo mejor, a su disposición.

La semana que viene más y, seguro, mejor.

Tengo un especial cariño a Casa Martón, lo confieso. Soy esquiador tardío, y más allá de una incursión inicial en Francia, mi relación con este deporte nació, creció y se multiplicó —es una afición compartida con mis cinco hijos— en las pistas de Formigal. Durante años, alquilé casa de temporada en Sallent de Gállego (Huesca) y han sido pocas las incursiones al Valle de Tena en las que, al menos una noche, no haya terminado cenando en este restaurante.

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