Qué debes leer | El misterioso inglés que salvó los cerezos de Japón
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Qué debes leer | El misterioso inglés que salvó los cerezos de Japón

Casi nadie sabía que la increíble y hermosísima variedad de este árbol nipón estuvo a punto de desaparecer de no ser por un enigmático 'british'

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Ilustración: Rocío Márquez.

Nació en 1880, vivió cien años en una época de conflictos y convulsiones, dos guerras mundiales, otra fría y transformaciones económicas, sociales y tecnológicas como nunca antes habían tenido lugar. Una vida así da para mucho, pero por lo que hoy vamos a recordar al enigmático caballero británico Colingwood Ingram es por algo tan sutil como poderoso que tanto tiempo ha quedado en el olvido: salvar uno de los árboles más hermosos del mundo.

Hoy, Japón celebra cada primavera la 'sakura', toda una fiesta de los sentidos en torno a la floración del cerezo, un símbolo de la cultura del país del que se cuentan más de dos centenares de variedades distintas. Todo un catálogo de maravillas que estuvieron a punto de extinguirse casi en su totalidad cuando en los años veinte del siglo pasado, la modernización y occidentalización acelerada iniciada en la época meiji llevó a los nipones a apostar por un solo tipo de cerezo, poniendo en peligro el resto de variedades como el majestuoso Taihaku o 'gran blanco'. Y entonces llegó Mr. Colingwood 'Cherry' Ingram, como relata la escritora Naoko Abe en un libro deslumbrante, mezcla de novela e investigación histórica titulado 'El hombre que salvó a los cerezos' (Anagrama).

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Ingran era el heredero de una opulenta familia inglesa que, aficionado a la ornitología, viajó en su adolescencia a Japón para perseguir los trinos de sus exóticas aves. De vuelta a su país natal, le sorprendió descubrir dos cerezos nipones en el jardín de su mansión de Kent y decidió regresar al Extremo Oriente en 1926 a la busca de aquellos árboles que le obsesionaban. Allí descubrió con horror, antes que nadie, la amenaza que pendía sobre su pasión botánica predilecta e inició una cruzada para salvarla. Con éxito.

"Quería contar", explica Naoko Abe, "la reveladora historia de las sorprendentes afinidades que unían a un hombre, una flor y dos países; la historia casi desconocida de Collingwood Ingram, de su larga vida y de su sencilla filosofía; la historia de la flor del cerezo, de su breve vida y de su compleja ideología; la historia del Reino Unido y de Japón, dos naciones insulares, y de las décadas de paz y amistad que se vieron interrumpidas por una guerra de cuatro años cuyas consecuencias perduran".

'El hombre que salvó a los cerezos' fusiona historia, botánica, aventura, humor y algo más. Como esa curiosa imagen que uno va forjándose en la lectura del libro de un estado nación oriental en la primera mitad del siglo XX que, en pos de la unificación y homogenización nacional, encuentra molesta la increíble variedad de sus cerezos que considera necesario -casi como una misión- reducir a uno solo: un solo cerezo para un solo país. Hasta que llega un curioso inglés y les demuestra su error.

Nació en 1880, vivió cien años en una época de conflictos y convulsiones, dos guerras mundiales, otra fría y transformaciones económicas, sociales y tecnológicas como nunca antes habían tenido lugar. Una vida así da para mucho, pero por lo que hoy vamos a recordar al enigmático caballero británico Colingwood Ingram es por algo tan sutil como poderoso que tanto tiempo ha quedado en el olvido: salvar uno de los árboles más hermosos del mundo.

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