15-M: en el poder y en la enfermedad
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15-M: en el poder y en la enfermedad

Lo ocurrido en los últimos 10 años se resume con una única palabra: desencanto. Muchos pensamos que nada sería igual a partir de 15-M, pero nos equivocamos diametralmente

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Imagen: Irene de Pablo.

El síndrome de hybris, o embriaguez de poder, podría servir para explicar lo ocurrido en España en la última década. Desde que los indignados tomaran la Puerta del Sol en medio de una crisis social y económica sin parangón hasta la salida por la puerta de atrás de uno de sus principales impulsores, Pablo Iglesias, hace escasos días.

En el libro 'En el poder y en la enfermedad', David Owen enumera las distintas fases del síndrome de hybris como si fueran episodios de una tragedia griega. A saber:

El héroe (Iglesias) se gana la gloria y la aclamación al obtener un éxito inusitado (el 15-M) contra todo pronóstico. La experiencia se le sube a la cabeza (Unidas Podemos). Empieza a tratar a los demás, simples mortales corrientes, con desprecio y desdén (razia en el partido), y llega a tener tanta fe en sus propias facultades que empieza a creerse capaz de cualquier cosa (vicepresidencia del Gobierno). Este exceso de confianza en sí mismo lo lleva a interpretar equivocadamente la realidad que lo rodea (chalé de Galapagar) y a cometer errores (candidatura del 4-M). Al final, se lleva su merecido y se encuentra con su némesis (Díaz Ayuso), que lo destruye. Némesis es el nombre de la diosa griega del castigo.

Foto: Cómo no caer en la trampa de las 800 palabras. (Ilustración: Irene de Pablo)

Lo ocurrido en los últimos 10 años se resume con una única palabra: desencanto. Pensamos muchos que nada sería igual a partir de 15-M, que aquel movimiento ponía punto y final a un sistema que se había corrompido hasta generar metástasis, que la sociedad se regiría desde entonces con otros principios y valores, con un nuevo humanismo. Nos equivocamos.

España no es hoy mejor que hace 10 años. Los nuevos partidos que vinieron con aires renovados envejecieron demasiado pronto y sus líderes, embriagados de poder, tuvieron que dejar precipitadamente la política.

Tampoco la prensa, testigo imprescindible de aquella época, puede presumir de haberlo hecho mucho mejor. El 15-M puso los medios de comunicación frente al espejo.

España no es hoy mejor que hace 10 años. Los nuevos partidos políticos que vinieron con aires renovados envejecieron demasiado pronto

En aquel entonces, atravesaban por una crisis profunda. No solo crisis económica sino también de identidad. Habían traicionado los ideales que se habían comprometido defender, se habían alejado de ese periodismo intencional del que hablaba Kapuscinski. Se habían despegado de la calle. Habían dejado de ser un referente para los ciudadanos al formar parte de ese mismo 'establishment' contra el que se manifestaban los indignados.

La prensa estaba en crisis. Había que reaccionar. Responder a las necesidades de la sociedad con un periodismo libre e independiente de cualquier grupo de presión.

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Portada de El Confidencial del 18 de mayo de 2011.

Poco se ha hecho. Lejos de abrazar los principios y valores que están grabados en el frontispicio de tan digna profesión, los periódicos se han dejado arrastrar por la corriente populista que impregna la política actual, convirtiéndose muchos de ellos en medios militantes al servicio del poder, tal y como hemos podido constatar este 4-M, con una campaña de desinformación que retorcía la realidad hasta hacerla indigerible, siguiendo la estrategia de Roger Ailes, el creador de Fox News, para quien los ciudadanos no quieren estar informados, sino sentirse informados. El matiz es algo más que un matiz.

La cobertura de las elecciones madrileñas se muestra como epítome de los pecados capitales de la prensa. La hybris no es exclusiva de la política. Los medios se han dejado infectar por el virus, apostatando de su valor instrumental y convirtiéndose en fin en sí mismos.

Lejos de abrazar los principios grabados en el frontispicio de esta profesión, los medios se han dejado arrastrar por la corriente populista

La prensa sigue padeciendo los mismos males. Los números rojos se han adueñado de las cuentas de resultados y los expedientes de regulación de empleo se han convertido en el pan nuestro de cada día de las redacciones. Es la búsqueda desesperada de un modelo de negocio que lleve a la supervivencia. Hoy, 10 años después, no podemos dejar de observar con cierta nostalgia las portadas y la ingenuidad de los periódicos de aquel 15 de mayo del año 2011.

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