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¿Fueron los habitantes de la península los primeros en comer con tenedor?
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Con la mesa puesta

¿Fueron los habitantes de la península los primeros en comer con tenedor?

El clérigo catalán Francesc Eiximenis, natural de Girona, fue autor de lo que algunos historiadores señalan como el primer manual gastronómico europeo, donde ya hablaba de algo parecido al tenedor

Foto: Cata de vinos entre nobles. Livre d'heures de la reine Yolande, del siglo XI. (Fuente: Biblioteca Méjanes de Aix-en-Provence, vía Wikipedia).
Cata de vinos entre nobles. Livre d'heures de la reine Yolande, del siglo XI. (Fuente: Biblioteca Méjanes de Aix-en-Provence, vía Wikipedia).

Sentarse a la mesa en la Europa medieval no tenía nada que ver con la forma en la que entendemos hoy este gesto cotidiano. Reunirse para comer, o hacerlo a solas, acercarse a los alimentos, degustarlos, todo ello conlleva una serie de movimientos ligados instintivamente a los instrumentos que conforman la imagen: una mesa, a ser posible; un plato, casi imprescindible en muchos casos; cubiertos, difícil imaginarse sin ellos.

En la Europa medieval, sin embargo, nadie compartía tenedor. Y nadie lo compartía porque no había. Como mucho, en una mesa medieval se podía encontrar la broca, que era un utensilio con dos o tres púas que servía para ayudar a aguantar la carne mientras se cortaba.

Foto: Fuente: iStock

Apareció en la península ibérica ya en el siglo XIV, y por aquel entonces se le daba una función muy similar a la que tiene el actual tenedor. Por supuesto, el resultado no era del todo el mismo. Por eso, a la hora de tragar los dedos seguían siendo la herramienta más útil, si bien el pan era un gran aliado para rebañar bien (como lo sigue siendo). Para la salud de todos, eso sí, en las casas 'de bien' los sirvientes lavaban las manos de los comensales con un jarrón, una bacina y una toalla antes de cualquier comida.

Muchos platos, pocos cubiertos

No obstante, las comidas medievales eran cualquier cosa menos monótonas e insípidas y, sobre todo, antihigiénicas: los hogares de las familias acomodadas eran una exhibición constante de numerosos platos, muy condimentados. Extravagancias había por doquier cuando se trataba de sentarse a comer.

placeholder Varios campesinos compartiendo pan y bebida. Fuente: Livre du roi Modus et de la reine Ratio, siglo XIV (Bibliothèque nationale, vía Wikipedia).
Varios campesinos compartiendo pan y bebida. Fuente: Livre du roi Modus et de la reine Ratio, siglo XIV (Bibliothèque nationale, vía Wikipedia).

Aunque otros utensilios no formaran parte de ello, los cuchillos sí se usaban habitualmente. De hecho, los anfitriones no estaban obligados a proporcionar cuchillos a sus invitados (¿cuestión de limpieza?), sino que se tenía la costumbre de que estos últimos llevaran siempre consigo los suyos.

Se trataba de cuchillos bastante diferentes a los que encontramos en la actualidad. Los cuchillos medievales servían para dos propósitos: comer y luchar. Todo en uno, así que la punta debía ser bien puntiaguda. Más tarde, comenzaron a emplearse cucharas de manera ocasional en las cenas. Así pues, la noción de que los utensilios estaban completamente ausentes de la mesa medieval, como apunta Analida Breger en Medievalists, es errónea.

Un corte "pulido" a lo catalán

Pero entonces, ¿cuándo y cómo aparecieron definitivamente los tenedores? Teorías sobre su nacimiento las hay a montones. Acercándonos con lupa a una de ellas, resulta lógico que también de ellos hablara Francesc Eiximenis (1327-1410), autor de lo que algunos señalan como el primer manual gastronómico europeo, en un manuscrito.

placeholder Monjas cenando en silencio mientras escuchan una lectura de la Biblia. Pietro Lorenzetti, 1341 (Fuente: Wikipedia).
Monjas cenando en silencio mientras escuchan una lectura de la Biblia. Pietro Lorenzetti, 1341 (Fuente: Wikipedia).

Eiximenis era, nada más y nada, menos que catalán, concretamente natural de Girona. Clérigo aficionado a al buen comer, ideó Lo Cristiano, una enciclopedia divulgativa que, como él mismo afirmaba, ofrecía "fundamentalmente todo el fundamento del cristianismo". Aunque el proyecto debía abarcar 13 volúmenes, Eiximenis sólo llegó a redactar cuatro. Es en el tercer volumen, escrito alrededor del año 1384, donde encontramos el manual Cómo usar bien los instrumentos al beber y comer.

Más allá de los elogios a la templanza del buen catalán (uno de los capítulos estaba dedicado al modo de comer catalán, "más gracioso y con mejores modales que otras naciones"), algunos ven implícito la explicación del uso de una especie de broca o tenedor que, según Eiximenis, solo utilizan los catalanes: "Los catalanes cortan la carne netamente y pulida, guardándole el corte en diversas maneras, y la comen cortador limpiamente. Y las otras naciones, francesas, alemanas, inglesas e itálicas, hacen de ella trozos con los dedos y la toman poniéndola en un poco de pan; pero solo se ponen un pedazo, y deben poner la sal en otro trozo de pan, y lo acaban ensuciando todo alrededor de la comida", viene a decir.

Mientras tanto, en Europa...

De hecho, aunque el asunto no está corroborado, tiene mucho sentido en tanto en cuanto resulta que en aquellas otras naciones próximas como Francia, el tenedor quiso hacerse parte de la mesa varias veces, pero ningún intento tenía éxito.

placeholder Fiesta de Guillermo el Conquistador, detalle del Tapiz de Bayeux, de finales del siglo XI. Fuente: Wikipedia.
Fiesta de Guillermo el Conquistador, detalle del Tapiz de Bayeux, de finales del siglo XI. Fuente: Wikipedia.

No obstante, de la Italia de inicios del siglo XVII, el viajero Thomas Coryate escribió en su diario que "los italianos se sirven siempre de un pequeño instrumento para comer y tocar la carne". Prosigue, "la persona que en Italia toca la carne con los dedos ofende las reglas de la buena educación y es mirada con sospecha y criticada. Se come así en toda Italia. Los tenedores son de hierro o acero, y los nobles usan muy a menudo tenedores de plata". Este y otros escritos indican que el uso del tenedor era práctica corriente en el país vecino, al menos desde finales del siglo XIV, incluso en las tabernas para degustar la pasta.

Sea como fuere, la gente se resistía a dejar de comer con los dedos y el tenedor tardó siglos en convertirse en un utensilio de uso diario. Y, cabe decir que aunque en pleno siglo XIX su uso ya era general, en el Manual completo de urbanidad para las niñas (1849) Joaquim Rubió i Ors aconseja que las chicas de buena familia se lleven la comida a la boca con el cuchillo y que solo empleen el tenedor cuando todavía no tienen mucha práctica, ya que se podrían hacer daño con el cubierto afilado.

Sentarse a la mesa en la Europa medieval no tenía nada que ver con la forma en la que entendemos hoy este gesto cotidiano. Reunirse para comer, o hacerlo a solas, acercarse a los alimentos, degustarlos, todo ello conlleva una serie de movimientos ligados instintivamente a los instrumentos que conforman la imagen: una mesa, a ser posible; un plato, casi imprescindible en muchos casos; cubiertos, difícil imaginarse sin ellos.

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