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Nuestro cerebro recuerda mejor dónde encontrar brownies que tomates cherry
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Memoria espacial para comer mal

Nuestro cerebro recuerda mejor dónde encontrar brownies que tomates cherry

El marketing convierte los supermercados en parques de atracciones para nuestros cerebros. Al entrar en uno, nuestra memoria espacial se lo pasa pipa. Pero, ¿frente a cualquier tipo de alimento?

Foto: Fuente: iStock
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Los supermercados son uno de los espacios visuales más llamativos en la actualidad. En realidad, llevan siéndolo durante décadas. Dentro de ellos se congregan todos nuestros sentidos, el entorno está programado para conseguirlo: etiquetas, colores, organización, posición, brillo, imágenes… Todo está dispuesto para llamar la atención, para atraer a grandes o pequeños, para atravesarnos en forma de ganas.

Desde edades muy tempranas, vamos adquiriendo el gusto por unos u otros sabores, pero, antes que nada, por unas u otras formas en que se nos presentan estos. La industria alimentaria siempre lo ha sabido, y sabe aún mejor perfilar ese gusto. El marketing convierte los supermercados en parques de atracciones para nuestros cerebros: basta acudir un par de veces para que la memoria espacial, nuestra capacidad para recordar ciertos lugares y dónde están los objetos en relación unos con otros, se lo pasa pipa. Pero, ¿frente a cualquier tipo de alimento?

Foto: La colocación de los alimentos en el supermercado es decisiva (Reuters/Valentin Flauraud)

Un estudio publicado recientemente en 'Scientific Reports' asegura que no. Los nuevos resultados sugieren que nuestro recuerdo espacial en estos espacios acaban determinados por la ubicación eficiente de los alimentos ricos en calorías y en energía. Vamos, que no nos olvidamos de dónde están los dulces, el chocolate, las bolsas de snacks, las chucherías.

Beneficioso para nuestros ancestros

Por supuesto, este es el resultado de un proceso de exposición a los productos alimentarios a lo largo de los siglos, que se agudizó especialmente y exponencialmente durante el siglo XX, pero no solo eso.

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Los autores de esta investigación creen que la memoria espacial humana, en este sentido, ya se desarrolló en la prehistoria. Señalan que esta pudo asegurar que nuestros ancestros cazadores-recolectores lograran priorizar la ubicación de una nutrición confiable, lo que les dio una ventaja evolutiva.

"Nuestro mensaje principal es que la mente humana parece estar diseñada para ubicar de manera eficiente los alimentos ricos en calorías en nuestro entorno", dice Rachelle de Vries, doctor en nutrición y salud humana en la Universidad de Wageningen (Países Bajos) y autor principal del nuevo artículo.

Resultados esclarecedores

Para llegar a esta conclusión, lo primero que llevó a cabo este equipo fue observar a 512 participantes ante toda una gama de artículos, desde frutas y verduras hasta magdalenas y brownies. Lo que encontraron es que la mayoría de ellos seguía un camino fijo a través de la habitación en la que se encontraban.

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Habían colocado ante ellos ocho muestras de comida en forma de ocho almohadillas de algodón con olor a alimentos concretos. Cuando llegaban a una muestra, los participantes probaban la comida u olían el algodón y calificaban cuánto les gustaba. Cuatro de las muestras de alimentos eran ricas en calorías, incluidos los brownies, y las otras cuatro, como tomates cherry y manzanas, eran bajas en calorías.

Después de la prueba de sabor, pidieron a los participantes que identificaran la ubicación de cada muestra en un mapa de la sala. Y entonces, sorpresa: todos fueron casi un 30% más precisos en el mapeo de las muestras ricas en calorías que con las de bajas en calorías, independientemente de cuánto les gustara el sabor u olor de estos. Además, resultaron un 243% más precisos en el momento en que se les presentaron los alimentos en su forma real, sin tener en cuenta sus olores.

"Las mentes humanas continúan albergando un sistema cognitivo optimizado para la búsqueda de alimento eficiente en energía dentro de hábitats alimentarios erráticos del pasado"

"Estos resultados sugieren que las mentes humanas continúan albergando un sistema cognitivo optimizado para la búsqueda de alimento eficiente en energía dentro de hábitats alimentarios erráticos del pasado, y resaltan las capacidades a menudo subestimadas del sentido del olfato humano", señalan los autores. El problema es que ese alimento eficiente en energía ya no es hoy el mismo que era antes. No es lo mismo lanzarse a un árbol cargado de fruta que un estante cargado de productos basados en grasas saturadas.

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Los investigadores aseguran que tiene razones para "sospechar que el sesgo de la memoria espacial alta en calorías podría estimular a las personas a elegir alimentos ricos en calorías al hacer que las opciones altas en calorías sean más fáciles o más convenientes de encontrar y obtener".

Los supermercados son uno de los espacios visuales más llamativos en la actualidad. En realidad, llevan siéndolo durante décadas. Dentro de ellos se congregan todos nuestros sentidos, el entorno está programado para conseguirlo: etiquetas, colores, organización, posición, brillo, imágenes… Todo está dispuesto para llamar la atención, para atraer a grandes o pequeños, para atravesarnos en forma de ganas.

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