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El meridiano 0: la historia de otro bulo inglés
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¿Era Pinocho inglés?

El meridiano 0: la historia de otro bulo inglés

Encriptar las cartas náuticas era algo natural para evitar, en caso de ser capturadas por parte de terceros, una lectura fiel de las localizaciones registradas en ellas

Foto: Fuente: iStock
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Cuando todo el mundo se vuelve loco, la locura se convierte en ley.

Anónimo.

Si bien es cierto que, durante casi toda la historia de la navegación, encriptar las cartas náuticas era algo natural (la sofisticación más absoluta la alcanzaron los jesuitas desplazando meridianos), para evitar, en caso de ser capturadas por parte de terceros, una lectura fiel de las localizaciones registradas en ellas, los espabilados calaveras de los ingleses no se quedaron atrás en el arte del plagio y de levantar la propiedad intelectual de terceros, cuando no la física. En este punto se aconseja ver el expolio ocasionado por los estirados anglos sobre media humanidad, reflejados sin rubor en el Museo Británico.

La cita del poeta Lord Byron que describe el Partenón a principios del siglo XIX es lapidaria. Dice así: “Opaco es el ojo que no llore al ver los muros desfigurados y eliminados y los desmoronados sagrarios por manos inglesas”. Lord Elgin, compatriota de este enorme poeta romántico muerto en la defensa de Grecia ante los otomanos, fue el promotor del desmantelamiento del friso del edificio y su posterior traslado al Reino Unido. Un chorizo contumaz con una profesión muy lucrativa; levantamiento de bienes (ajenos lógicamente).

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Dicho esto, un meridiano cero es un meridiano que sirve de referencia en cartografía y, esencialmente, está basado en la longitud, o lo que es lo mismo, representa un punto figurado en donde estarían los 0° de longitud. En consecuencia, es en algún lugar determinado del Atlántico enfrente de Gabón donde confluyen el meridiano de Greenwich y el paralelo del Ecuador dándose las coordenadas 0°N y 0ºE.

Pues bien, unos cardan la lana y otros se llevan la fama.

Desde la más remota antigüedad, el famoso astrónomo y matemático greco alejandrino llamado Ptolomeo afirmaba en sus estudios de cartografía que en el extremo oeste de la actual isla de Hierro estaba la Gran Catarata abisal, o el Finisterre, propuesto por los romanos siglos más tarde. Este remoto lugar, con reminiscencias mágicas, era el comienzo y el fin del mundo conocido. Él proponía que todos los puntos importantes de aquel entonces estarían determinados por dos referencias incontestables y aceptadas universalmente por su latitud y longitud, y que dichas coordenadas deberían de ser colocadas en pliegos de pergamino enrollables que obrarían a modo de cartas náuticas o mapas; así, se podían conectar lugares distantes o próximos entre sí en trazados de líneas de navegación, y ser seguidas por los pilotos de forma segura, estableciendo itinerarios con criterio.

"Durante algo más de dos siglos, este meridiano de la isla de El Hierro fue el más usado"

Pues bien, si miramos hacia el oeste más lejano de la isla de Hierro localizaremos al mítico faro de Punta de Orchilla. Los mapas de los siglos XVI, XVII y parte del XVIII reflejan el meridiano de Orchilla como el meridiano de referencia, esto es, el meridiano 0. Durante algo más de dos siglos, este meridiano de la isla de El Hierro fue, junto con los innumerables meridianos secretos que proliferaron como plagas de langostas, el más usado, hasta que el imperio británico, en el culmen de su poder allá por el año 1885, estableció en la ciudad de Greenwich sus reales.

Fue en el año 1634 cuando los marinos franceses, en sus idas y venidas al Caribe, de 'motu propio' dotaron de una atmósfera esotérica a este extremo y milenario lugar en el punto geográfico más alejado de las Islas Canarias y, así, establecieron el meridiano cero. Hasta ese momento, los herreños, ante la previsión de invasiones inglesas en pos de la captura de estas estratégicas islas, evitaban por todos los medios encender fuegos de alerta para guiar a sus pescadores.

placeholder Faro de Punta de Orchilla (Fuente: iStock)
Faro de Punta de Orchilla (Fuente: iStock)

En 1924 comenzaron las obras de este magnético e impresionante faro, que solapa la realidad y la eternidad en una visión literalmente mística. Un aljibe alimentado por el rocío y con aguas traídas por mulas, la modesta casa del farero y la torre de la linterna eran los mimbres que sustentaban aquel sencillo complejo. En el año de 1930 se dio por concluida la obra, pero no fue hasta el día 25 de septiembre de 1933, que se le dio señal de trazabilidad.

Ese mismo año, Carmen Heredia y Rafael Medina, junto con un grupo de pescadores y paisanos dedicados a la tierra, crean con sillería y conglomerado de lava muerta lo que serían los fundamentos del faro que posteriormente la administración civil peninsular financiaría, hasta culminar esta obra casi misitica que apunta hacia el infinito. Cada cinco segundos el haz de luz palpitaba señalando la existencia de vida en la obscuridad, porque la falta de luz para percibir las cosas no significa la ausencia de las mismas.

Foto: Palawan, Filipinas (Fuente:iStock)

Para todos aquellos que se quedan extasiados con el ritual de la fusión del sol en el oeste en busca de famoso rayo verde, este escribano recomienda ver la gama de irisados y la explosión de color desde el pequeño cráter cercano al faro o los acantilados próximos, hasta los ateos pueden entrar en trance.

En un tránsito tranquilo y de solemne serenidad, amparados por uno de los cielos más nítidos que existen, se puede navegar por un momento increíble, a la espera de que una explosión de estrellas nos invada. Si tiene paciencia y puede sumar dos horas a su vida antes de volver a la realidad, túmbese a observar y sentir cuan pequeños somos ante la enorme magnitud de la creación.

Cuando todo el mundo se vuelve loco, la locura se convierte en ley.

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