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La semana en la que los soldados hicieron una tregua para celebrar la Navidad
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La semana en la que los soldados hicieron una tregua para celebrar la Navidad

En 1914, soldados británicos, alemanes y franceses que vivían en las trincheras se aventuraron a pasar a tierra de nadie y compartir villancicos. Jamás se repitió esa escena

Foto: Fuente: iStock.
Fuente: iStock.

Las navidades de 1914 fueron un poco diferentes en todo el mundo, pero especialmente en Europa. Solo seis meses antes, un 28 de junio, el archiduque Francisco Fernando había sido asesinado junto a su esposa en Sarajevo a manos de un anarquista llamado Gavrilo Princip. El incidente, que en un primer momento conmocionó a todo el mundo, pero no sorprendió mucho a nadie (el archiduque no era especialmente querido), precipitó la que sería la contienda más sangrienta de ese siglo que acababa de comenzar y vivía una Belle Époque que creían que duraría para siempre: la Gran Guerra.

Lo cuenta Stefan Zweig en 'El mundo de ayer': "Por Navidad volveremos todos a casa, gritaban a sus madres los reclutas, sonriendo en agosto de 1914. ¿Quién, en los pueblos y ciudades, recordaba la guerra 'de verdad'? A lo sumo cuatro viejos que en 1866 habían combatido contra Prusia (...) una veloz excursión al romanticismo, una aventura alocada y varonil: he aquí cómo imaginaba la guerra el hombre sencillo de 1914, y los jóvenes incluso temían que les faltara este maravilloso y apasionante episodio en sus vidas". Sin embargo, la Navidad llegó, y los soldados no volvieron a casa. Tendrían que esperar otros cuatro largos años. Algunos no volverían jamás. Llegaban los felices años 20.

"Por Navidad volveremos todos a casa", gritaban a sus madres los reclutas, sonriendo en agosto de 1914. Tendrían que esperar otros cuatro años para volver y algunos no lo harían jamás

Por tanto, los ánimos de las tropas con la llegada del frío, apartados de sus hogares durante tantos meses, habían cambiado desde que cogieran los trenes camino a su destino. Las hostilidades, cinco meses después de haber comenzado la guerra se habían calmado un poco. El Frente Occidental se había abierto después de que el ejército del Imperio alemán invadiera Bélgica y Luxemburgo, pero sufrió un giro dramático tras la primera batalla del Marne, donde venció la alianza entre Francia y Reino Unido.

Se había producido un estancamiento en la Carrera al Mar y un resultado indeciso en la primera batalla del Ypres. Los Aliados y las Potencias Centrales se instalaron en una línea de trincheras extendidas desde el mar del Norte hasta la frontera de Suiza con Francia. Comenzaba, por primera vez en la historia, la guerra de trincheras, y esta línea se mantuvo estática durante la mayor parte de la guerra.

La vida en las trincheras, durante cuatro años, se convirtió en lo más parecido al infierno sin necesidad de morir antes para visitarlo

La vida en las trincheras, durante cuatro años, se convirtió en lo más parecido al infierno sin necesidad de morir antes para visitarlo. Agujeros de agua y barro, donde los soldados sufrían el mal llamado pie de trinchera (un edema rojo que supuraba, provocado por las frías y húmedas temperaturas), convivían con las ratas y dormían a duras penas, esperando en cualquier momento el ataque del enemigo o el temible gas. Encerrados ahí escribían cartas, pintaban, jugaban a las cartas o compartían cigarrillos, rezando porque ese sinsentido que llamaban guerra acabase tarde o temprano.

placeholder Fuente: Wikimedia.
Fuente: Wikimedia.

Pero la semana previa al 25 de diciembre fue una excepción. Soldados franceses, alemanes y británicos se atrevieron a cruzar las trincheras para intercambiar saludos. En algunas zonas incluso se aventuraron a pisar la tierra de nadie durante la Nochebuena y la Navidad, y aprovecharon para intercambiar comida, realizar ceremonias funerarias conjuntas e intercambiar prisioneros. También cantaron villancicos e incluso jugaron partidos de fútbol. Por supuesto, la tregua no fue igual en todas las zonas, y en algunos sectores solo se efectuaron acuerdos para recuperar los cuerpos.

Pisaron la tierra de nadie durante la Nochebuena y aprovecharon para intercambiar comida, realizar ceremonias funerarias conjuntas, cantar villancicos o jugar al fútbol. Nunca se repetiría esa situación

Nunca más, durante la guerra, se produciría un acuerdo similar. Sí que es cierto que las treguas no eran exclusivas del periodo navideño, y se aceptaban ceses de fuego ocasionales para permitir que algunos soldados recuperasen los cuerpos de sus colegas, o había acuerdos tácitos de no disparar mientras el enemigo descansaba o hacía ejercicio, pero nunca a una escala tan grande. El año siguiente se intentaría emular, concretando un cese al fuego, pero los altos mandos de las dos partes prohibirían las treguas. Tras las devastadoras pérdidas de las batallas del Somme y Verdún, en 1916 fueron los propios soldados los que ya no estaban dispuestos a dejar descansar al enemigo, ni siquiera en Navidad. La guerra había envenenado para entonces el ánimo del mundo entero.

Pero en 1914 todavía eran humanos. Todavía el horizonte no era un punto oscuro y sombrío. La fascinante historia de la tregua de Navidad se llevó al cine en 2005, pues sigue fascinando a todo aquel que la escucha. Quizá porque es una demostración de que, hasta en los tiempos más grises, los seres humanos pueden sacar lo mejor de sí mismos. O quizá porque a todos nos gustan las historias esperanzadoras, en las que unos pobres soldados, tan lejos del hogar, comparten cigarros y canciones y juegan al fútbol, sin preocuparse por el mañana. Aunque el cuento de hadas no durase, como en esta ocasión, nada más que una noche.

Las navidades de 1914 fueron un poco diferentes en todo el mundo, pero especialmente en Europa. Solo seis meses antes, un 28 de junio, el archiduque Francisco Fernando había sido asesinado junto a su esposa en Sarajevo a manos de un anarquista llamado Gavrilo Princip. El incidente, que en un primer momento conmocionó a todo el mundo, pero no sorprendió mucho a nadie (el archiduque no era especialmente querido), precipitó la que sería la contienda más sangrienta de ese siglo que acababa de comenzar y vivía una Belle Époque que creían que duraría para siempre: la Gran Guerra.

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