La importancia de la terapia psicológica para tratar el vértigo
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"Flotaba sin flotar"

La importancia de la terapia psicológica para tratar el vértigo

Este trastorno del oído interno puede condicionar mucho la vida de quien lo sufre. Por ello, es esencial que se compagine la terapia física como psicológica para saber afrontarlo

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"La primera vez que sentí vértigo fue meses después de salir del hospital. Di la vuelta en la cama, quedándome de costado, y pasó algo en ese movimiento que no gustó a mi cuerpo. En menos de un segundo, me castigó con violentas náuseas, seguido de otro breve momento en que mi sentido de la gravedad se desvaneció y caí: flotaba sin flotar". Este es el testimonio de Drew Magary, un escritor estadounidense aquejado de vértigo después de haber sufrido un repentino desmayo que fracturó su cráneo. Su relato es uno de los más recientes y sorprendentes que circulan por la red, pues como él mismo asegura, la persona que experimenta este trastorno (no considerado como enfermedad por la comunidad médica) siente que su cuerpo de alguna forma actúa contra sí mismo, como si fuera un autosabotaje, trastocando la percepción espacial del sujeto y sumiéndole en sensaciones de mareo, desorientación o de caída libre.

El vértigo crónico es un problema de salud bastante complejo. No debe confundirse con un simple miedo a las alturas o como un mero mareo que sacude a una persona de vez en cuando. La mayoría de los casos que se reportan son causados por trastornos vestibulares periféricos, como la neuronitis vestibular, el vértigo posicional paroxístico benigno, la migraña vestibular o la enfermedad de Ménière. Es muy importante detectar cuál de estos trastornos sufre cada paciente para dar con un tratamiento concreto y específico, pues dependiendo de cada caso se podrá recurrir a fármacos (muy pocas veces) o a sesiones de fisioterapia para rehabilitar el oído interno, el centro del problema.

"La primera oleada de vértigo fue como un giro suave sobre mí mismo, la segunda como una caída libre. He aprendido que si puedo relajarme y dejarlo estar, me quedaré dormido"

Magary explica que tras ese primer episodio no volvió a sentirlo hasta pasado el tiempo. "Fui al médico especializado en la rehabilitación neurológica y le expliqué mis síntomas", señala en la revista 'Men's Health'. "Me dijo que el nervio de mi cerebro que controla las náuseas podía haberse dañado cuando me caí y que tal vez esa era la causa. Le pregunté qué debía hacer al respecto y me respondió que el vértigo podía aliviarse con el paso del tiempo gracias a la fisioterapia".

Aprender a sobrellevar los episodios

"Cuanto más me esforzaba en la recuperación, acudiendo al fisioterapeuta y haciendo rehabilitación, más se asentó mi vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB), hasta que un año después di un mal giro en la cama que provocó una nueva náusea", comenta. Pero esta vez fue diferente. Magary incide en que el tratamiento terapéutico al que se sometió redujo sus episodios de vértigo, hasta el punto de que cuando antes eran imprevisibles y mucho más intensos, ahora podía saber cuándo iba a darse esa incómoda sensación en su cuerpo, dando a entender que finalmente lo que más le ayudó fue aprender a relajarse al sentir que la sensación iba a venir. "Me acosté", relata. "La primera oleada de vértigo fue como un giro suave sobre mí mismo, la segunda como una caída libre. He aprendido que si puedo relajarme y dejarlo estar, me quedaré dormido".

"A nivel psicológico, enseñamos técnicas de relajación para reducir los niveles de activación que produce el propio miedo a un nuevo episodio y así disminuir la posibilidad de que ocurra"

Evidentemente, y como decíamos al principio, cada caso es un mundo y el de Magary no puede ser extensible o extrapolable a todas las personas que padecen de vértigo. Lo que sí que es cierto es que se trata de un trastorno que no tiene un tratamiento efectivo que elimine por completo los episodios de mareo, desorientación o sensación caída libre. De ahí que cada paciente debe buscar lo que más le funcione, que suele pasar por realizar ejercicios de rehabilitación del sistema vestibular y a su vez complementarlo con terapia psicológica para saber relajarse una vez llegue el episodio. La ansiedad, como en otras tantas patologías, solo agrava los síntomas, de ahí que sea tan importante saber implementar técnicas de relajación para cuando se vaya a dar el episodio.

"El principal problema que causa la sintomatología del trastorno vestibular o vértigo es el miedo a que aparezcan esas sensaciones que interfieren de forma significativa en nuestra vida cotidiana", explica Vanessa Fernández, doctora en psicología y profesora de la Universidad Complutense de Madrid, a este diario. "A nivel psicológico, lo que se hace por un lado es enseñar técnicas de relajación para disminuir los niveles de activación que produce el propio miedo y para que de esa manera podamos disminuir la probabilidad de aparición del trastorno, del vértigo en sí, ya que está asociado con episodios de estrés y ansiedad".

La ansiedad y el vértigo

Por ello, Fernández trabaja con sus pacientes "técnicas de respiración abdominal y de relajación en general", pero también "a nivel cognitivo", es decir, "ayudar a las personas a no aumentar las probabilidades a nivel mental de que esto ocurra, controlar las anticipaciones, los pensamientos catastróficos, minimizar el impacto que tengan estos episodios en su vida diaria...". En este sentido, se orienta al paciente a que tenga "pensamientos más constructivos que no disminuyan su capacidad de afrontamiento".

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Cuando el vértigo aparece, la persona tiene que saber qué hacer, por lo que al margen de estos métodos, también enseñamos al paciente a que sepa qué hacer en esas circunstancias", recalca la psicóloga colegiada en el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid (COP). "En algunos casos, hay que enseñarles técnicas de asertividad para que si está en un lugar social ser capaz de expresar su problema. En otros, les ayudamos a comunicarse mejor con los médicos para que les den unas pautas con las que poder mejorar el trastorno... son más técnicas de comunicación o de exposición a situaciones en las que temen estar si aparece el trastorno".

Por tanto, si sufres de vértigo no dudes en ponerte en contacto con un médico especialista, un otorrino o un neurólogo. Pero tampoco te olvides de complementarlo con una buena terapia psicológica que te ayude a gestionar tanto a nivel interno (relajarse en el momento en que se vaya a dar el episodio) como externo (explicar tu condición a nivel social de manera asertiva para que los que están contigo no se asusten ni tú tampoco te preocupes demasiado por sus reacciones). "La gente dirá: 'Conozco mi cuerpo', pero eso es mentira", concluye Magary. "Tu cuerpo guarda secretos, muchos. Uno de ellos es el vértigo. Pero ahora que he aceptado y expuesto mi propio vértigo, estaré más listo la próxima vez que el suelo desaparezca".

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