Qué tememos realmente cuando nos da miedo la muerte
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la angustia existencial

Qué tememos realmente cuando nos da miedo la muerte

Freud llegó a sugerir que ninguno de nosotros cree plenamente que vaya a morir y que no podemos imaginarnos muertos, ¿hay posibilidad de luchar contra este temor irracional?

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Que levante la mano el que nunca se ha desvelado pensando en el vacío y la oscuridad que representa la muerte. Muchos miedos vienen generados por ese final que todos sabemos que llegará tarde o temprano y que, sin embargo, pretendemos evitar a toda costa. Pasamos por la vida como si fuese eterna, olvidando que somos seres frágiles que pueden desaparecer de un día para otro. Ese miedo a lo desconocido aparece en nuestra primera infancia, que es cuando comenzamos a tener conciencia de que algún día desapareceremos.

Generalmente esa conciencia comienza con una muerte cercana: un abuelo, quizá, envejeció y murió. Las conversaciones sobre la mortalidad son tabú desde un principio, pues los adultos suelen ser reacios a dar muchas explicaciones o hablar sobre ello con los niños. Estos, por su parte, aunque temen a la muerte no creen completamente que vayan a perecer algún día. Saben que son mortales, por supuesto, pero no lo saben visceralmente. La muerte para ellos es algo lejano. En realidad lo es para todos, pues Freud llegó a sugerir que ninguno de nosotros cree plenamente que vaya a morir y que no podemos imaginarnos muertos.

Las conversaciones sobre mortalidad son tabú desde un principio, pues los adultos suelen ser reacios a hablar sobre ello con los niños

Esto no es verdad del todo, si tratamos de imaginarlo (he aquí de nuevo ese desvelo en la oscuridad, en mitad de la madrugada) imaginamos que debe ser algo muy parecido a no haber nacido. Pero Freud acertó parcialmente: existe una especie de misterio percibido sobre la muerte que puede impregnar nuestro pensamiento al menos por un tiempo, esta irrealidad se conoce como angustia existencial.

Según explica la psiquiatra Iskra Fileva en 'Psychology Today', a medida que nos acercamos a la muerte, la idea del final de la vida se vuelve bastante creíble. La angustia existencial puede convertirse entonces en pavor o en aceptación. ¿Hay realmente alguna forma de luchar contra ese miedo que paraliza y que tiene que ver con nuestra propia desaparición? Sartre señaló una ambigüedad en nuestra actitud hacia la muerte y en la fuente del miedo. Si bien no queremos morir, sabemos que podemos elegir hacerlo. Esa elección también es algo que tememos. Sugiere que parte de la razón por la que podemos tener miedo mientras estamos parados en un puente o en un lugar desde el que podemos caer a nuestra propia desaparición es que no sabemos lo que podemos hacer nosotros mismos. Por tanto, tenemos miedo de saltar.

Podemos intentar superar el miedo a la muerte enfrentando nuestro fin en nuestra propia imaginación

Podemos intentar superar el miedo a la muerte enfrentando nuestro fin en nuestra propia imaginación. Hay algo liberador en esto, aunque también puede haber algo parecido al síndrome de Estocolmo. Sabiendo que no podemos evitar la muerte, podríamos tratar de verla como no tan aterradora. Como destino podemos encontrarnos a mitad de camino.

Todo esto viene, probablemente, de una creencia equivocada de que el difunto es una víctima porque al morir ya no podrá disfrutar de los bienes terrenales. Esta supuesta privación no es privación en absoluto desde el punto de vista del difunto. Los fallecidos no tienen ningún punto de vista, de hecho. No es posible que les importe la ausencia del abrazo de nadie.

La sociedad comenzó a avanzar cuando tuvo conciencia de la desaparición y también empezó a enterrar a sus muertos y honrarlos

Hay que entender también que el miedo a la muerte es el que nos hace humanos. La sociedad comenzó a avanzar, al fin y al cabo, cuando tuvo conciencia de la desaparición y también empezó a enterrar a sus muertos y honrarlos. De hecho, somos los únicos animales de la Tierra con una verdadera conciencia de nuestra muerte, y esa espiritualidad es lo que nos hace diferentes. La vida humana es trágica, llegamos aquí sin saber por qué y también tenemos que aprender, desde el momento en que pisamos la Tierra, a despedirnos. Pero siempre hay una manera positiva de pensar: la otra alternativa es peor, y quizá hay una cierta belleza poética en la idea de que ya hayamos vivido como David o Goliat, como reyes o mendigos, a todos nos espera un mismo final.

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