Por qué siempre intentamos buscar el sentido a cosas que no lo tienen
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Por qué siempre intentamos buscar el sentido a cosas que no lo tienen

¿Te consideras una persona con capacidad para distinguir entre lo que resulta fruto del azar o es parte de una serie de causas y consecuencias? Te interesará saber a qué se debe

placeholder Foto: ¿Tiene algún sentido que te hayan salido de repente dos ases después de 20 jugadas malas? Foto: iStock.
¿Tiene algún sentido que te hayan salido de repente dos ases después de 20 jugadas malas? Foto: iStock.

Los seres humanos tenemos el cerebro programado para ver sentido en secuencias impredecibles de hechos que muchas veces tan son solo fruto del más puro azar. Es algo obvio, pues en cierta forma nuestro mapa mental siempre tiende a apuntar hacia alguna dirección, ya sea para adelantarnos a la consecución de una acción (pronóstico) o a la hora de reflexionar sobre un incidente ocurrido (retrospectiva). De algún modo, tenemos cierta reticencia a movernos y pensar desde el desorden, imponiendo lógica y sentido en cada momento cotidiano, aunque en ocasiones lo que nos sucede no responde a ninguna intención interna o externa, sino más bien es producto de la más impersonal aleatoriedad.

¿Cuántas veces has creído ver nubes con forma de corazón o de pájaro? Y a la hora de jugar al póker o a un juego de azar, ¿qué es lo que te dice que, después de tantos intentos fallidos, esta vez sí es la tuya, debes apostar todo porque vas a ganar? Incluso, en el plano emocional, cuando conoces a alguien nuevo como fruto de la casualidad y te sientes atraído por esta persona después de haber pasado años sufriendo tu soledad en silencio, seguro pensarás: “ya era hora”. La conclusión es que ya sea en un sentido positivo (este último ejemplo), negativo (la apuesta definitiva que sale mal aún con todas las probabilidades a favor) o neutro (ver cómo las nubes hacen formas), le damos absolutamente igual al destino, pues este se rige en la mayoría de los casos por el más puro azar.

Nuestros sentidos solo pueden brindarnos información limitada sobre el entorno, el cerebro rellena los huecos que faltan

“El cerebro tiene una capacidad excepcional para identificar patrones y encontrar significado en un mundo complejo”, asevera Eva M. Krockow, psicóloga británica, en la revista ‘Psychology Today’. “A menudo, nuestros sentidos físicos solo pueden brindarnos información limitada sobre nuestro entorno. Por ejemplo, cuando nuestra visión se ve obstruida y no podemos ver ciertas partes de una imagen completa. Sin embargo, utilizando nuestros conocimientos previos y la información del contexto, nuestro cerebro podrá llenar los vacíos y proporcionar una imagen mucho más completa”. En resumen, el mundo es como un puzzle en el que siempre faltan piezas y nuestro cerebro se encarga de intentar juntarlas todas o, en caso contrario, inventárselas.

¿Casualidades o causalidades?

Hay que indicar que todo depende de la forma de ser cada uno y su predisposición a pensar más en causalidades o casualidades. Del mismo modo, también de sus aspiraciones religiosas, pues las grandes preguntas filosóficas como Dios o la muerte acaban siendo respondidas por una teología particular o heredada que nos hace pensar que hay un destino más allá de todo el caos e incertidumbre, o que al menos alguien muy poderoso se encarga de ordenar el caos y darle un sentido. Si vamos más allá, encontraremos a grandes padres del pensamiento occidental como Nietzsche, quien vio perversa la moral cristiana al fundamentar todos los sufrimientos terrenales en la esperanza de una vida eterna, tal y como el que ha tenido mala suerte durante varias veces consecutivas cree que en algún momento obtendrá la redención y por fin el destino le tendrá reservado algo bueno como premio a todo su padecimiento anterior.

Foto: Nietzsche.

Pero antes de entrar en esta serie de reflexiones tan herméticas y profundas, merece la pena echar un rápido vistazo a la llamada “falacia del jugador” por la que siempre tendemos a caer sobre la misma piedra y errar en nuestros razonamientos al pronosticar hechos futuros. Se trata de una trampa lógica que se suele dar en los juegos de azar, pero como es obvio puede aplicarse a otras tantas situaciones. Viene regida por este postulado equivocado: un suceso aleatorio tiene más probabilidad de ocurrir porque no ha ocurrido durante cierto período.

"Los dados no tienen memoria"

Es decir, las posibilidades de que se dé un fenómeno a continuación no están reñidas con los que ya se han dado de antemano, ya que son aleatorios. Esto suele resumirse con la frase: “Los dados no tienen memoria”, pues por muchos que los lances y analices sus resultados anteriores, nunca podrás saber de qué lado caerán la próxima vez, pues la probabilidad de que salga uno u otro sigue siendo la misma. Al igual que cuando tiras una moneda y sale dos o tres veces cara, nada te dice que a la cuarta saldrá cruz, pues los resultados anteriores no afectan al próximo.

Precisamente, este puede ser uno de los incentivos para que la persona con más propensión a ser adicta al juego desarrolle ludopatía, ya que se autoengaña pensando que a más tiempo jugado, más probabilidades de llevarse un premio. O que por muy mala suerte que haya tenido en sus últimas jugadas, el cálculo de probabilidades apunta a que en breves le llegará su turno y podrá ganar.

"Nuestra tendencia innata a encontrar patrones y dar sentido a nuestro entorno puede convertirse en una habilidad a la que sacar mucho provecho"

Krockow pone otros ejemplos para entender este cálculo erróneo de las probabilidades: "Una pareja decide formar una familia. Tienen la suerte de tener muchos hijos, pero todos resultan ser varones. En un inicio, la pareja solo planeaba tener dos hijos. Sin embargo, desesperados por tener una hija, continúan intentándolo hasta que la mujer ha dado a luz a seis hijos. ¿Su próximo bebé será una niña? Deciden intentarlo de nuevo".

"La 'falacia del jugador' es un sesgo generalizado que tiene una solución muy rápida", concluye la psicóloga. "Después de todo, nuestra tendencia innata a encontrar patrones y dar sentido a nuestro entorno puede convertirse en una habilidad a la que sacar mucho provecho. Puede ayudar a ralentizar las cosas y adoptar un enfoque más reflexivo para tomar mejores decisiones. Esto también puede ayudarnos a identificar correctamente aquellos contextos donde se aplica la 'falacia del jugador'. El sesgo solo es relevante en situaciones caracterizadas por cadenas de eventos completamente aleatorias, como resultados de juegos de azar o sorteos de lotería".

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