¿Cómo recordará el mundo este año 2020? La huella histórica del coronavirus
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¿Cómo recordará el mundo este año 2020? La huella histórica del coronavirus

¿Qué se explicará en las próximas décadas de lo vivido estos meses? Nos aventuramos a pensar cómo rememoraremos el año de la pandemia

Foto: Imagen del paseo de la Castellana en marzo de 2020. (EFE)
Imagen del paseo de la Castellana en marzo de 2020. (EFE)

Al principio nos lo tomábamos a broma. Era enero y ya se oían ecos de que había aparecido un nuevo virus infeccioso en China. En febrero, el asunto fue ganando importancia: se empezó a escuchar que el susodicho coronavirus había llegado al norte de Italia y todo cambió a principios de marzo, cuando los contagios comenzaron a dispararse y Pedro Sánchez realizó una comparecencia histórica en televisión para decretar el estado de alarma anunciando así un confinamiento domiciliario que en principio duraría 15 días, pero acabó extendiéndose hasta el 21 de junio, cuando entramos en la "nueva normalidad". Mucho ha ocurrido desde entonces. A pocos días de que acabe este año, que a nadie le habría gustado haber vivido, cabe preguntarse: ¿cómo recordaremos este 2020 en los años venideros? ¿Podremos sacar algo positivo de una experiencia tan trágica y dolorosa a nivel individual y social?

"Los análisis históricos lo demuestran: el mundo no mejora después de un desastre, tiende a empeorar. Con el coronavirus sucederá lo mismo"

A la hora de intentar atisbar cómo será la sombra del covid-19 en los próximos años es obvio que será más que alargada: está claro que no vamos a salir tan rápido de esta y que 2021 también será un año difícil a la espera de poder dar con una vacuna o tratamiento efectivo que plante cara al virus. Pero ¿cómo pasará a la historia este 2020 a largo plazo? Tal vez lo recordaremos como la entrada a un mundo nuevo, si confiamos en las teorías más radicales o rupturistas, o quizá todo vuelva a la normalidad una vez se resuelva la crisis. En estos momentos, es difícil interpretar cómo se formará la memoria colectiva e individual de este 2020 una vez hayan pasado los años porque evidentemente son muchos los eventos que están por pasar, imposibles de pronosticar. Aunque, evidentemente, todo parece ser una mera cuestión de probabilidades que apuntan a un solo sentido histórico. Si te encuentras entre aquellos a los que les gusta pensar en si el mundo se hace en base a causalidades o casualidades, sigue leyendo atentamente. Hemos hablado con un experto historiador, una socióloga y una psicóloga para intentar afinar la puntería en la diana del tiempo que nos ha tocado y tocará vivir a partir de ahora.

Ningún precedente útil

En primer lugar, cabe preguntarse por cómo las generaciones pasadas recordaron 'hechos traumáticos e inesperados a nivel colectivo', como podríamos calificar la irrupción de una pandemia a nivel mundial. El precedente más inmediato que tenemos es el de la (mal llamada) gripe española de 1918. “Se trata de un hecho que pasó a un segundo plano, ya que quedó muy difuminada con la Primera Guerra Mundial”, asegura Mariano Esteban de Vega, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Salamanca (USAL), a El Confidencial. “No se sabía muy bien lo que estaba sucediendo. Las noticias eran sometidas al control de información propio de una guerra y, como España no participó en ella, se la señaló a ella como responsable de la gripe”. Es por ello que en los años sucesivos no cobró demasiada relevancia, por lo que el caso más parecido con el que lo podríamos comparar no sirve.

"Los historiadores del futuro se encontrarán con un serio problema a la hora de separar lo cierto de lo falso, el grano de la paja"

Lo que sí que tiene claro Esteban de Vega es que el recuerdo que hagamos de este 2020 y por ende, de la pandemia de coronavirus, no será nada bueno. “Recuerdo el pensamiento naif que dice que, al salir de una catástrofe, el ser humano saca lo mejor de sí mismo. Eso es totalmente mentira”, recalca de forma vehemente. “De estos hechos traumáticos e inesperados no se derivan cosas buenas, sino malas. Los análisis históricos del pasado nos lo demuestran: el mundo no mejora después de un desastre, tiende a empeorar. Y creo que con el coronavirus sucederá lo mismo. Eso de ‘salimos mejores’ o ‘más fuertes’ está en el plano de lo que debería ser, ojalá fuera así; pero, aunque incluso en lo malo siempre aparezcan cosas buenas, esto no sucede de forma general”.

¿Cuáles son los procesos metodológicos a los que se enfrenta un historiador para explicar y entender un hecho del pasado? Esta es una de las preguntas que hay que hacerse obligatoriamente si pretendemos echar la vista hacia delante para intentar averiguar cómo recordará el mundo este 2020. Evidentemente, se recurre a los archivos documentales, artículos periodísticos y cualquier forma de documentación de la época que se pretende estudiar para analizarla. Pero una de las peculiaridades de este año es que nunca hemos vivido con tanta sobreabundancia de información y de desinformación, de ahí que la tarea del historiador del futuro sea muchísimo más compleja.

"A partir de ahora vamos a ver poderes ejecutivos que tratarán de controlar la información hasta llegar a consolidar una especie de 'democracia iliberal"

“A nuestra profesión la define el método para afrontar los hechos de una manera científica”, reconoce el profesor de la USAL. “Según te acercas a la Edad Contemporánea, y más aún a estas últimas décadas, existe un exceso de documentación”, prosigue Esteban de Vega. “Además, los historiadores del futuro se encontrarán con un serio problema a la hora de separar lo cierto de lo falso, el grano de la paja. Esto no es nada nuevo, puesto que en los periodos de guerra también se usaban la información como arma. Pero ahora es mucho más grave, ya que se está recrudeciendo el uso de la desinformación. En Estados Unidos, sin ir más lejos, políticos como Trump ofrecen y fabrican noticias falsas sin voluntad de justificarlas. Lo más llamativo y preocupante es que antes había un esfuerzo a la hora de reconocer su nula veracidad si se demostraba que algo era falso, o al menos se pedía perdón. Lo novedoso de esta época es que no pasa nada en ese caso, nadie lo reconoce o se arrepiente. Se incorporan mentiras sobre mentiras para crear una actitud general de confusión que sirve a determinados intereses”.

Por otro lado, es inevitable preguntarse cómo será el mundo una vez la pandemia haya terminado para intentar hacernos una idea de cómo la recordaremos. Esteban de Vega cree que no habrá un cambio radical a lo que teníamos antes, sino un mero refuerzo de los sistemas políticos que ya comenzaron a despuntar desde la crisis económica de 2008. “No hay alternativa asumible a los sistemas democráticos, pero estos ya no son los mismos que conocimos anteriormente”, aventura. “A partir de ahora vamos a ver poderes ejecutivos que tratarán de controlar la información hasta llegar a consolidar una especie de 'democracia iliberal' con tintes populistas. Ahora estamos en una etapa de reajuste. China es la gran potencia comercial del mundo y va aumentar su influencia política, comercial y tecnológica en los próximos años. Ahora, con la derrota de Trump, Biden volverá a reintegrar a Estados Unidos en ese proceso de globalización. Pero la mayor beneficiaria, sin duda alguna, será China”.

El 'efecto cuarentena'

Más allá de cuestionarnos cómo se hablará en los libros de historia de este 2020, también cabe preguntarse cómo lo recordaremos a título individual. “Otro tipo de situaciones difíciles que hemos vivido, como la crisis de 2008, afectaron en mayor medida a todos, pero no al 100% de la población. En cambio, creo que es la primera vez en la historia que un problema ha adquirido un carácter tan general como para afectar a ricos y pobres, jóvenes y mayores”. Esta es la opinión, que seguramente es compartida por casi todos, de Mónica Pereira, psicóloga del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid (COP). “El mayor problema, a nivel mental, consiste en aceptar que pasamos una pandemia. Vivíamos en la sociedad del bienestar y por ello tenemos una tolerancia muy baja a la frustración, de ahí que sea y haya sido tan difícil la tarea de afrontarlo psicológicamente”.

"La mente intenta minimizar el impacto de esa situación dolorosa, mantiene su recuerdo escondido para reducir el malestar"

Uno de los fenómenos psicológicos más curiosos que se dan ahora, cuando está a punto de finalizar este año, es el hecho de intentar recordar los tres meses de cuarentena que pasamos. En las conversaciones privadas e informales, se habla de un tiempo que ahora parece que pasó muy rápido, pero que en su día naturalmente se hizo eterno. ¿A qué se debe esta distorsión general del tiempo vivido percibido? “Se trata de una estrategia mental que activa uno de los mecanismos defensivos más desarrollados del cerebro humano, que es la evitación”, explica Pereira a este diario. “La mente intenta minimizar el impacto de esa situación dolorosa de forma inconsciente, mantiene su recuerdo escondido para reducir el malestar y así seguir con el día a día”.

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Pero, más allá de esto, ¿de qué forma concreta recordaremos este 2020 a nivel psicológico? “Lo empaquetaremos todo junto, no vamos a distinguir tanto entre los diferentes periodos de este año, lo veremos como una unidad”, asevera la psicóloga. “A título personal, soy muy optimista, ya que solo hace falta mirarse a uno mismo para sacar un montón de aprendizajes nuevos que hemos adquirido durante este año: hemos podido resistir a esta situación que nadie se podría imaginar que sucedería, al fin y al cabo somos supervivientes de una pandemia mundial, y eso es positivo. Lo que me preocupa es la sociedad. No hemos aprendido a gestionar las dificultades, estamos acostumbrados a estar sobreprotegidos, a pedir a las instituciones que nos resuelvan los problemas. Esta crisis nos ha demostrado que somos muy vulnerables. ¿Quién va a tirar del carro ahora? Parece que todos estamos esperando a alguien, un ente o persona, que dirija esta recuperación, cuando en realidad parte mucho más de cada uno de nosotros”.

¿Una sociedad sin cohesión y vulnerable?

Y es precisamente en la sociedad donde reside la ‘piedra de Rosetta’ de la recuperación, pues si no somos capaces de afrontar un problema colectivo tan crucial y grave como es una crisis sanitaria de una manera total, general e inclusiva, no podremos llegar ni mucho menos a una solución. Así lo entiende Myriam Fernández Nevado, socióloga del Colegio Oficial de Politólogos y Sociólogos de Madrid (COLPOLSOC), quien asegura que “cada momento histórico viene regido por unas estructuras políticas, económicas, sociales y antropológicas que establecen una serie de sistemas e interrelaciones diferentes”. En este sentido, “todas las sociedades son cuerpos vivos a nivel social formados por individuos que deben evolucionar para seguir existiendo, por lo que cada una de ellas acaba marcando sus prioridades en cada momento histórico”. En otras palabras, “no tendría sentido que una sociedad no evolucionara y siguiera igual”, reconoce a El Confidencial.

"El mayor daño que se puede hacer a la población es hacerla creer en la mediocridad y en el sentimiento de que todo es posible sin esfuerzo"

Como decía un proverbio japonés que ella misma menciona: “Si quieres ganar, corre solo; pero si quieres llegar más lejos, corre acompañado”. Fernández Nevado certifica que son “las sociedades más cohesionadas las que mejor resuelven los problemas” y, en este sentido, España tiene, 'a priori', las de perder. Una teoría que, a juzgar por la respuesta de sociedades como China a la pandemia y teniendo en cuenta que sean ciertas las buenas noticias que llegan del país oriental en su lucha contra el virus, cobra mucho sentido. “La división de la política española es uno de los males que arrastramos históricamente, especialmente desde el siglo XIX”, señala la socióloga.

“En aquella época, los caciques dividían a las sociedades en base a sus intereses privados, algo que sigue sucediendo hoy en día", prosigue Fernández Nevado. "La clase política mira solo por sí misma, de ahí que no tengamos unas prioridades a nivel nacional y estatal. Sí que las tenemos, pero son muy individuales, y eso es muy dañino de cara a la resolución de un problema tan serio como este. Y, por otro lado, es lo que nos hace perfectamente manipulables, aprovechándose también de la vulnerabilidad emocional que hemos experimentado con la pandemia”.

"Se acabó la seguridad, estamos ante una época en la que cualquier cosa es posible”

“Si la historia nos ha enseñado algo a la hora de luchar contra pandemias y crisis sanitarias, es que solo las sociedades mejor formadas tanto científica como cultural y educativamente son las que mejor y más rápido han adaptado sus sistemas financieros y sanitarios al contexto de la crisis”, incide Fernández Nevado. “¿Cuál es nuestro problema? Tenemos a una clase política totalmente mediocre, que no tiene formación ni conocimientos. En España no existe un tejido científico y educativo fuerte porque está soslayado por las decisiones políticas del momento. Y el mayor daño que hace a la población es hacerla creer en la mediocridad y en el sentimiento de que todo es posible sin esfuerzo. Aquí se han tomado decisiones sin contar con la comunidad científica. El propio Gobierno reconoció que no había un gabinete de expertos y no pasó absolutamente nada. La historia ha demostrado que solamente las sociedades cohesionadas y mejor formadas científica y educativamente salen adelante y, por desgracia, la nuestra no cumple con los requisitos mínimos”.

La imagen que quedará

Los aplausos de las ocho de la tarde a los sanitarios. El 'Resistiré', sonando a todo trapo en los balcones. Las pancartas diciendo: “Todo va a salir bien”. Las ambulancias corriendo por las calles desiertas, rompiendo un doloroso y amargo silencio. Los animales invadiendo las aceras, tal vez preguntándose qué ha pasado y por qué de repente los humanos les dimos en herencia nuestras ciudades. Los telediarios cerrando con un “mucho ánimo”. La rueda de prensa de Pedro Sánchez una noche de marzo lluviosa, certificando que nuestra vida no volvería a ser igual desde ese momento hacia delante.

Un hombre toca un tambor desde su balcón en honor a los sanitarios. (EFE)
Un hombre toca un tambor desde su balcón en honor a los sanitarios. (EFE)

Las muestras de solidaridad, cariño y apoyo vecinal frente a la crisis. Las videollamadas entre amigos y familiares, prolongadas hasta altas horas de madrugada, que decían de manera subliminal: “Te necesito cerca”, solamente perturbadas por el lacerante silencio de la habitación tras el negro de la pantalla del ordenador. Son muchas las imágenes y sensaciones, tanto positivas como negativas, que se nos quedarán grabadas en la memoria una vez termine este año. Nosotros les hemos preguntado a los expertos con cuál se quedan ellos como símbolo o recordatorio perenne del año en el que más en juego estuvo nuestra salud física y mental.

“Yo me quedo con las mascarillas”, asegura Pereira. “Sin duda, para mí es el objeto que más resume este 2020, con el que hemos tenido que aprender a convivir desgraciadamente a la fuerza, y que sirve de símbolo perfecto de lo más amargo de esta crisis, esa distancia con nuestros seres queridos, esa protección contra la enfermedad, y al que todavía creo que le queda bastante recorrido”. Para Esteban de Vega, lo que más recordará será “la sensación de vulnerabilidad y de fragilidad” de este 2020. “Si algo hemos aprendido”, concluye, “es que todo lo sólido se desvanece en el aire y que, en cualquier momento determinado y de manera insospechada, puede llegar algo para lo que no estábamos preparados. Se acabó la seguridad, estamos ante una época en la que cualquier cosa es posible”.

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