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La titulación universitaria de los europeos más ricos: muchos no tienen ninguna

Un estudio publicado recientemente analiza los estudios de los hombres y mujeres más acaudalados del mundo. ¿Hay relación entre sus fortunas y sus conocimientos?

Foto: Amancio Ortega, en una imagen de archivo. (Reuters)
Amancio Ortega, en una imagen de archivo. (Reuters)

El sur pide la palabra, citando a Slavoj Žižek, y en esta ocasión lo hace para poner de manifiesto algo que los expertos llevan años preguntándose, sobre todo tras la crisis económica de 2008: contar con un título universitario, ¿realmente es en la actualidad el camino más corto hacia el éxito? Los empresarios de buena parte de Europa tienen mucho que decir al respecto.

Dinero y educación no siempre van de la mano. Así lo demuestra el estudio que recientemente ha publicado 'Resume.io', en el que analiza los títulos universitarios con los que cuentan cada una de las personas más ricas de todos los lugares del mundo. Las diferencias no solo son claras por continentes, sino también por países, y son especialmente impactantes entre las personas más acaudaladas del norte y el sur de Europa.

En el sur de Europa

Por empezar sin movernos demasiado; Italia, España y Portugal comparten algo más que una alimentación mediterránea y un clima caluroso: las tres personas más ricas de los respectivos países (Amancio Ortega en el nuestro, María Fernanda Amorim en Portugal y María Franca Fissolo en Italia) no tienen ningún título universitario. De los tres, Amancio Ortega se presenta como el más acaudalado, con un patrimonio que asciende a 79.900 millones de euros en octubre de 2019.

En el norte de Europa, la mayor parte de los millonarios tienen estudios universitarios, pero sus fortunas son generalmente heredadas

Su carrera en el mundo textil comenzó muy pronto, cuando solo contaba con catorce años y era empleado en dos tiendas de ropa en A Coruña, y en 1975 abrió la primera tienda de Zara en la misma ciudad. A día de hoy, la marca insignia del grupo Inditex ya está presente en 202 mercados y sigue creciendo. Según los últimos datos, el empresario de 82 años ingresa 33,8 millones de euros por hora. Un hombre hecho a sí mismo.

Por su parte, María Fernanda Amorim es la mujer del que fue el hombre más rico de Portugal hasta su fallecimiento en 2017: Américo Amorim. Su fortuna (unos 4.000 millones de euros aproximados) proviene de una empresa familiar de corcho, Corticeira Amorim, que es actualmente la mayor productora de corcho a nivel mundial. La fortuna de María Franca Fissolo también es heredada de su marido Michele, fallecido en 2015, y es en la actualidad propietaria y consejera delegada de Ferrero, empresa inventora de la Nutella, los huevos Kinder y los Ferrero Rocher. La millonaria del chocolate es ciudadana monaguesca y su fortuna asciende a más de 26.000 millones de dólares (unos 23.000 millones de euros) según datos de la revista Forbes.

En el norte

Aunque en zonas como Chipre con John Fredriksen o en Rumanía con Ioan Niculae se repite este patrón, conforme subimos hacia arriba se aprecia un cambio. En los países escandinavos las titulaciones abundan en aquellos que han amasado un patrimonio millonario, pero, ¿realmente tienen algo que ver con su posición?

El empresario finlandés Antti Herlín tiene estudios en Economía y acudió a la Universidad Técnica Nacional de Atenas y a la Universidad Estatal de Iowa, aunque lo cierto es que su fortuna proviene de familia: es bisnieto de Harald Herlin, que compró la empresa de ingeniería KONE en la década de 1920. También es presidente de Sanoma Oyj desde 2013.

El ingeniero francés Bernard Arnault acaba de desbancar a Jeff Bezos como el más rico del mundo. Su fortuna no es heredada

En Islandia, Thor Bjorgolfsson (apodado Bjöggi), presidente de Straumur-Burðarás y de Novator Partners cuenta con, aproximadamente, 2,2 mil millones de dólares, y su patrimonio se vio reducido por la crisis de 2008, cuando dos de sus empresas se declararon en quiebra. Aunque tiene estudios en finanzas, se considera un emprendedor incurable que no teme fracasar (en un solo año perdió hasta cuatro mil millones de dólares) y en muy poco tiempo pasó de ser el héroe al villano del cuento: los islandeses le vilipendiaban, insultaban e incluso tiraban pintura a su casa por considerarle culpable de la bancarrota del país. Nada que ver con su tatarabuelo, Thor Jensen, que llegó desde Dinamarca con una mano delante y otra detrás, y acabó muriendo como uno de los hombres más respetados (y el más rico) de la isla, pues contribuyó a su modernización económica.

De la misma manera, en Polonia los hermanos Dominika y Sebastian Kulczyk, con un patrimonio neto de 3.600 millones de dólares, tienen estudios en Marketing y Administración y en la actualidad comparten la fortuna que les dejó su padre fallecido en 2015. Gestionan su cartera de inversiones y activos. En Alemania, el empresario multimillonario Georg Schaeffler (su fortuna asciende a 29 millones de dólares) estudió negocios y economía en Suiza y más tarde obtuvo un título de abogado de la Universidad de Duke. También heredó la fortuna de su padre, que murió en 1996.

En Silicon Valley cada vez se valoran menos los títulos universitarios. Los perfiles esencialmente teóricos no tienen mucho que hacer ahí

Tan solo una persona en toda Europa puede competir contra el inconmesurable patrimonio de Amancio Ortega: el francés Bernard Arnault, ingeniero de profesión además de coleccionista de arte y empresario. Según la revista Forbes, en 2020 ocupa el primer lugar en el ranking mundial de fortunas, con un patrimonio calculado en 116.500 millones de dólares, y, como en el caso de Amancio Ortega, no es heredado.

Cambiando de continente

Si cruzamos el charco, la historia se repite, y de manera literal: en Canadá, David Thomson es el hombre más rico del país y tiene estudios en Historia. El canadiense es hijo del magnate Kenneth Thomson y además de su enorme fortuna, también heredó su título como Tercer Barón.

Sin embargo, en la tierra de las oportunidades, la cosa es diferente: la indiscutible primera posición la ocupa el norteamericano Jeff Bezos. No solo es el hombre más rico de Estados Unidos, sino que hasta hace muy poco lo era del mundo (acaba de ser desbancado por Bernard Arnault). El CEO de Amazon estudió Ingeniería Eléctrica y Ciencias de la Computación en Princeton. Otro hombre hecho a sí mismo que tuvo su primera oficina en el garaje de su casa, y que desde 2015 está dentro de la lista Forbes de los mejores patrimonios del mundo.

Jeff Bezos. REUTERS.
Jeff Bezos. REUTERS.

Pese a lo que pueda decir Jeff Bezos, en Silicon Valley parecen pensar que los títulos están sobrevalorados. Al fin y al cabo, ni a Steve Jobs ni a Bill Gates la universidad les pareció lo suficientemente interesante como para terminarla. No es necesario pasar por ella para trabajar en Palo Alto, pues la meca de la tecnología parece abrazar cada vez más a las empresas o a los emprendedores que buscan una oportunidad en ese mercado. La universidad no enseña cómo desenvolverse en el mundo laboral, y los perfiles esencialmente teóricos no tienen nada que hacer frente a los expertos en tecnología, pese a que sean autodidactas.

Ni a Steve Jobs ni a Bill Gates la universidad les pareció lo suficientemente interesante como para terminar sus carreras

Una mentalidad que comparten muchas de las grandes fortunas europeas. Samir Mane, la persona más rica de Albania, no hizo tampoco mucho uso de su título universitario para llegar donde está. Comenzó a estudiar geología en Viena en 1991, pero abandonó en el primer año. Aseguró que solo aprendió alemán allí, y quizá sea cierto porque sus habilidades lingüísticas le ayudaron a formar su negocio, con el que exporta televisores y vídeos desde Austria a su país de origen.

La paradoja europea nos demuestra que, pese a que en el norte de Europa prácticamente todos los multimillonarios tienen una carrera, muchos de ellos son herederos de grandes fortunas o gestionan las empresas relegadas por sus padres, por lo que, técnicamente, aunque tengan títulos universitarios relacionados con el ámbito en el que trabajan, su posición económica tiene más que ver con su apellido que con sus méritos profesionales.

Alma, Corazón, Vida

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