"TODO LO QUE EXISTE MERECE PERECER"

Para predecir el futuro con éxito, basta con seguir una simple regla, según Nassim Taleb

Vivimos en un mundo obsesionado con saber con exactitud qué nos espera de aquí a unos años. Pero tal vez la respuesta no sea tan sorprendente como creemos

Foto: Foto: iStock.
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Es una mañana soleada en Madrid. El verano acaba de llegar y los edificios relucen en mil destellos de un sol que no da tregua. Debajo, los viandantes, turistas y vecinos van de un lado a otro de la ciudad, tanto en la superficie como en el subsuelo, millones de vidas aglutinadas en esta jungla de asfalto sobre la que hace cientos de años nuestros antepasados decidieron echar raíces y construir casas. ¿Y cuando seamos nosotros estos mismos antepasados para las generaciones venideras? ¿Qué quedará del metro, del Retiro o de la Estación de Atocha? ¿Qué quedará de nosotros?

Estas son algunas de las preguntas que formula el controvertido ensayista Nassim Nicholas Taleb, autor de obras como 'Antifrágil' o 'El cisne negro', con las que se ha ganado el respeto de la crítica y, a la vez, muchos detractores. Una de sus peticiones más curiosas es la de la cancelación del Premio Nobel de Economía, ya que cree que las teorías económicas del potencial ganador pueden ocasionar efectos devastadores.

Nuestra única técnica fiable para mirar hacia el futuro es preguntar qué ha resultado ser perdurable y por qué

Para Taleb, la herramienta para saber cuánto durará algo no perecedero, es decir, algo que está sujeto a los límites de una vida natural, no tiene que recurrir al análisis de datos o estudio de probabilidades, tan solo preguntarse cuánto tiempo ha existido hasta el día de hoy. En este sentido, cuanto más viejo es algo, más posibilidades hay de que siga sobreviviendo. Esta es una teoría conocida como "Efecto Lindy" que recoge del autor estadounidense Albert Goldman. No en vano se considera que su libro 'El cisne negro' resultó ser una de las predicciones más exactas de la crisis bancaria y financiera de 2008, además de figurar 36 semanas consecutivas en la lista de los más leídos de 'The New York Times'. Por tanto, podría decirse que el método de Taleb funciona, ya no en una dimensión filósofica o personal, sino económica, social.

Pongamos un ejemplo. En la capital madrileña, uno de los edificios más antiguos es la casa de Cisneros, cuya construcción data del 1537. Se trata de uno de los pocos palacios renacentistas del siglo XVI, aunque con el paso del tiempo evidentemente se han debido acometer reformas. Por tanto, este edificio posee 482 años de antigüedad. Ahora, tomemos una de las edificaciones más recientes de Madrid, la vetusta Torre de Cristal. Este rascacielos fue inaugurado en el año 2009, por lo que tiene una vida de diez años. Al comparar ambos, digamos que la casa Cisneros ha demostrado un poder de permanencia más de 40 veces superior. La Torre puede imponer por su altura y grandiosidad, pero su lugar en la historia está muy lejos de ser seguro. Cuando se trata de tiempo, el edificio más antiguo es mucho más longevo.

Un libro que lleva impreso medio siglo puede existir otro medio siglo más

Esta es más o menos la teoría de Taleb, explicada en un reciente artículo de la 'BBC' por el periodista Tom Chatfield. "Debido a que el único juez que importa cuando se trata del futuro es el tiempo, nuestra única técnica verdaderamente fiable para mirar hacia ese futuro es preguntar qué ha resultado ser perdurable, qué es lo que ha demostrado la aptitud y la capacidad de recuperación frente al tiempo, sobreviviendo a sus golpes y asaltos", explica.

"Las cosas que han existido durante mucho tiempo no envejecen como las personas, sino que son 'envejecidas a la inversa'", escribe el ensayista en 'Antifrágil'. "Cada año que pasa sin extinguirse duplica la esperanza de vida adicional. Un libro que lleva impreso medio siglo puede esperar a seguir impreso otro medio siglo más. Sin embargo, una vez que ha durado otros 10 años, su posible esperanza de vida aumenta nuevamente. Cada año adicional nos dice algo que el pronóstico no puede. Gracias a una variedad inescrutable de causas interrelacionadas, el libro ha continuado encontrando su audiencia y su capacidad para seguir viviendo, y eso merece más respeto que los cientos de miles de copias de ese nuevo libro vendidas el año pasado".

Volvamos a las construcciones anteriormente mencionadas. Aunque la Torre de Cristal tenga los mejores avances y el mejor equipo de mantenimiento, está sujeta a las mismas fuerzas de desgaste que todo lo demás en la Tierra: pueden ser fuertes, pero no permanecen en buenas condiciones sin el apoyo humano. "Y esto es precisamente por lo que cuanto más ha durado algo, más significado simbólico se le ha atribuido, y más pruebas ha pasado", subraya Chatfield. "La ciudad moderna de más de cien años de historia se pliega y se teje alrededor de sus monumentos. A lo largo de los siglos, la fortuna los ha convertido en las señas de identidad de la ciudad. Como sucedió con el incendio de la catedral de Nôtre-Dame de Paris, de 800 años de antigüedad, a la que todo el mundo concedió en tromba dinero para financiar su reconstrucción".

Claro que no todos los países son como Francia ni entran dentro de esa moral occidental de preservar el pasado. Los hay como Arabia Saudí, citado en el artículo de Chatfield, una nación que en las últimas décadas ha demolido vastas cantidades de su patrimonio con el objetivo de albergar a los miles de peregrinos que visitan cada año la ciudad sagrada de La Meca. Aunque también por el carácter ultraconservador de sus dirigentes. "Gran parte de la cultura y el patrimonio del país se consideran una amenaza para el gobierno, debido a que las cosas que han perdurado siglos pueden generar lealtades más complejas y duraderas que hacen sentir incómodos a sus gobernantes", puntualiza el periodista.

El futuro son las piezas del pasado que han permanecido menos aquellas partes del presente con mayor probabilidad de desmoronarse

Taleb también piensa en el futuro en base al concepto de "frágil". En este sentido, algo es frágil cuando "en lugar de adaptarse y sobrevivir, se rompe en pedazos después de un primer gran choque". En el esquema evolutivo, "las criaturas individuales son terriblemente frágiles, pero es esta fragilidad la que les sirve para dar una mayor fuerza a la especie". De alguna forma, cuando se trata de creaciones humanas (como edificios, artefactos e ideas), existe una "superfluidez adaptativa" similar a un juego. "Incluso los edificios más resistentes son frágiles en relación a un gran esquema de las cosas que pueden suceder. Pero las emociones e ideas que nos llevan a admirar, mantener y emular un puñado de ellas son muy sólidas", defiende Chatfield, tras hablar con el ensayista.

Una mera resta matemática

En una época en la que somos continuamente bombardeados con predicciones, advertencias y suposiciones en torno al mundo del futuro, la expectativa de un gran cambio que revierta nuestra situación actual siempre figura en estas profecías de determinados agoreros. Pero en realidad, puede que el futuro no sea tan sorprendente como pensamos. Tan solo una mera resta matemática: "El futuro son las piezas del pasado que han evolucionado y perrmanecido menos aquellas partes del presente con mayor probabilidad de agrietarse o desmoronarse", según Taleb.

Chatfield cita a la escritora Úrsula Le Guin, quien en su libro 'Myth and Archetype in Science Fiction', asegura que para comprender lo perdurable en el tiempo es necesario explorar la capacidad de alcance de los mitos que hacer uso de la razón lógica. "El verdadero mito puede servir durante miles de años como una fuente inagotable de especulación intelectual, fervor religioso, investigación ética o renovación artística. Pero los mitos reales no son destruidos por la razón, los falsos sí".

Por tanto, ¿cuáles de estas cosas que ahora nos son tremendamente familiares perdurarán? Puede que dejen de serlo de aquí a unos años, tanto como hace años el hecho de pensar en una sociedad regida por la cibernética de hoy día era impensable. Como apuntaba el filósofo alemán Hegel, "todo lo que existe merece perecer", y en este sentido, tanto la Torre de Cristal como el palacio de Cisneros lo harán, por mucho que nuestra civilización perdure en el tiempo. Otro largo debate sería pensar qué es el presente, más allá de las concepciones de pasado y futuro. De alguna forma, la época en la que vivimos nos produce una sobredosis continua de presente. Y a todo cambio siempre le precede un fin que da paso a un nuevo principio. Tal vez el problema de nuestra sociedad en general radique en esto mismo: no saber identificar tanto el inicio como el final y así vivir en esta continua deriva que, de algún modo, funciona al margen de nosotros.

Alma, Corazón, Vida

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