SALUD SIN MITOS

Mitos sobre la próstata: por qué los hombres tienen miedo al urólogo

Los problemas con la próstata son estigmatizados por las consecuencias que pudiera tener su tratamiento sobre la capacidad eréctil y por el rechazo a la clásica prueba del tacto rectal

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"¿Cuáles son las señales de alarma de que mi próstata no va bien?". Esta es la pregunta que casi todos los hombres suelen hacerse a partir de los 50 años, cuando notan determinadas 'irregularidades' o empiezan a preocuparse sabiendo que es un órgano que puede dar problemas a partir de esa edad o incluso antes. Sin embargo, ciertos tabús prevalecen y la inmensa mayoría de hombres temen (o al menos tienen reservas) acudir al urólogo.

Lo primero a tener en cuenta es que la mayoría de los problemas de próstata son benignos si se tratan a tiempo. “Todos los varones presentan un aumento o crecimiento de la próstata a lo largo de su vida”, explica el Dr. Carlos Suárez Fonseca, de la unidad de Urología Avanzada y de Mínima Invasión del complejo hospitalario Ruber Juan Bravo. “Cuánto y cómo crezca es lo que determinará si existe o no algún problema, así como más o menos síntomas que puedan preocuparnos”.

Además, es importante mentalizarse de que a partir de los 50 años (o de los 40 si se tienen antecedentes familiares de cáncer de próstata) hay acudir una vez al año al urólogo teniendo en cuenta que el cáncer de próstata es el tumor de mayor prevalencia en el varón. Solo el año pasado, se diagnosticaron 30.000 nuevos casos en España y es la primera causa de muerte urológica y la segunda por cáncer después de los tumores de pulmón.

Miedo a las pruebas diagnósticas

Para Suárez Fonseca, “los problemas con la próstata son estigmatizados frecuentemente por dos razones básicas: las consecuencias que pudiera tener su tratamiento sobre la capacidad eréctil y el rechazo a la clásica prueba del tacto rectal”.

El a veces temido tacto rectal puede no ser tan necesario, al menos de manera rutinaria en la primera visita. Según un estudio publicado por la 'Current Medical Research and Opinion' y reseñado por 'Medscape', serían necesarios más de 1.000 tactos rectales aleatorios para identificar un cáncer de próstata clínicamente significativo. No aporta resultados significativos en comparación con el análisis sanguíneo para la detección del antígeno prostático específico (PSA) y, en muchos casos, desincentiva la detección precoz.

Un tacto rectal no nos permite detectar un tumor de próstata clínicamente significativo, que produzca síntomas o trastornos en la vida del paciente

“Mediante el tacto rectal, podemos conocer el tamaño, la forma, dureza y la sensibilidad de la próstata. Pero no nos permite detectar un tumor de próstata clínicamente significativo, que produzca síntomas o trastornos en la vida del paciente”, afirma el doctor. “Si la prueba de los niveles del PSA en sangre está dentro de unos límites normales y mediante la ecografía observamos una próstata normal, de tamaño acorde a la edad, sin alteraciones internas, no será necesario realizar un tacto rectal”.

Aunque el tacto rectal debe realizarse si hay un PSA elevado o cuando el paciente presenta síntomas típicos como "la dificultad para iniciar la micción, orinar con chorro flojo y entrecortado, tener molestias al orinar, sensación de no vaciar por completo la vejiga, necesidad de ir urgentemente y frecuentemente a orinar o de levantarse por las noches, escapes de orina por urgencia, sangrado por la orina, infecciones urinarias frecuentes o si la ecografía nos muestra una próstata irregular o nos suscita la más mínima duda”.

En cuanto a los tratamientos, una de las consecuencias más temidas por los pacientes en relación con la cirugía de próstata es la repercusión sobre la erección. En primer lugar, hay que diferenciar las dos patologías más habituales de la próstata: la hiperplasia benigna y el cáncer. Mientras que la hiperplasia es un proceso benigno asociado al envejecimiento, el cáncer de próstata es una enfermedad que no produce síntomas, que, generalmente, se asienta en la parte externa o periférica de la glándula y es un proceso tumoral que precisa de un tratamiento específico, según el resultado de la biopsia de próstata.

Para entender la repercusión de la cirugía de próstata en la erección, es importante explicar la localización de los nervios erectores. "Ambos nervios pasan a ambos lados de la próstata en su trayecto hacia el pene. Así, en la cirugía de la hiperplasia benigna de próstata, donde no se elimina toda la próstata sino solo la parte agrandada, es posible conservar mayor cantidad de estos nervios (se suele dañar alrededor de un 5%), mientras que, en la cirugía de cáncer de próstata, al extraerla por completo, la probabilidad de causar daño a los nervios erectores es mucho más alta”.

En los últimos años, primero gracias a la cirugía laparoscópica y actualmente gracias a la cirugía robótica, se ha conseguido aumentar considerablemente la precisión y paliar los problemas en relación con la erección. Si aun así, tras la operación, existe una disfunción eréctil, existen programas de rehabilitación y tratamientos farmacológicos para combatirla.

Es importante destacar que, como en la mayoría de las patologías, la detección precoz juega un papel fundamental a la hora de conseguir una recuperación exitosa y completa y, para ello, es importante dejar de lado tabús o creencias populares y confiar en los especialistas y en el avance de la tecnología.

*El Confidencial, en colaboración con Quirónsalud, presenta una serie de artículos para aclarar dudas referentes a mitos y creencias populares relacionados con la salud así como para combatir las falsas informaciones que se puedan generar en internet. Si tienes alguna duda sobre la consulta resuelta y quieres más información, puedes contactar con el Hospital Ruber Juan Bravo.

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