¿EL DECLIVE DE LOS ESTADOS-NACIÓN?

Las macrorregiones que tendrán gran éxito en el futuro, como Galiciortugal

¿Estados-nación? ¿Ciudades? Hay alrededor de 29 megarregiones en todo el mundo, y un par de ellas se encuentran en España. Esto es lo que desvelan sobre nuestro futuro

Foto: Las macrorregiones, vistas desde el espacio. (iStock)
Las macrorregiones, vistas desde el espacio. (iStock)

La leyenda asegura que, hace siglos, una ardilla podía atravesar España saltando de árbol en árbol. Hace apenas unos años, el proverbio sustituyó las plantas leñosas por corruptos. Pero ¿es posible que más pronto que tarde uno pueda cruzarla saltando de azotea en azotea? Es lo que ocurre en la subprovincia de Cantón (en China), la conurbación más grande del planeta, donde la población asciende a casi 50 millones de habitantes. Una ciudad más grande que España.

Desde hace un tiempo se ha utilizado el concepto de macrorregión –un grado superior a la megalópolis– para referirse a esas concentraciones de población que, según los defensores del término, son donde verdad se concentra el poder económico, no en los Estados-nación ni en las ciudades, como tradicionalmente se han pensado. Fue el urbanista Richard Florida quien recordó que estas megarregiones, para serlo, deben generar al menos 265.000 millones de euros y reunir al menos 50 millones de personas. Ocupan una porción mínima del espacio terrestre y, sin embargo, concentran en total casi una quinta parte de la población global, aquella que más aporta a la economía global y a la innovación técnica.

Uno de los grandes ejes que se pueden observar desde es el espacio es el que une Galicia con el centro y el sur de Portugal, hasta Lisboa

La última publicación del profesor de la Universidad de Toronto en 'CityLab' incluye varios mapas elaborados por su compañero Fabio Dias a partir de imágenes de satélite. Lo llamativo es que tan solo aparece una en España, y muy probablemente no sea la que usted se está imaginando. No hay ni rastro de Barcelona y Madrid en esta imagen (Florida incluyó dichas regiones en los puestos 11 y 39 en su trabajo original), pero sí del corredor que une Galicia (aproximadamente desde Ferrol) con el norte y el centro de Portugal, un poco más allá de Lisboa, hasta Setúbal.

La importancia de este frente atlántico es reducida en comparación con otros puntos de nuestro continente. Contribuye con menos de 300.000 millones dólares, mientras que el área del norte y centro de Italia o el Gran Londres y sus satélites (Londres-Mánchester-Leeds) se sitúan entre el billón y el billón y medio. La megarregión más importante de Europa es el corredor centroeuropeo, en el que se encuentran París, Ámsterdam, Bruselas y Múnich. Casi 44 millones de personas en el pulmón económico de Europa.

Si abandonamos el mapa y nos centramos en la lista de las 29 megarregiones, la situación cambia. Ahí sí aparece Barcelona-Lyon, con sus siete millones de habitantes y sus 285.480 millones de euros de aportación, y desaparece Galicia y su aliado del sur. ¿Por qué entonces esta última sí aparece y la otra no? Porque el criterio empleado para desarrollar el mapa publicado en 'Citylab' son las imágenes que pueden percibirse desde el espacio desde el satélite. En otras palabras, hay una línea ininterrumpida de luces que unen el norte de Galicia con la desembocadura del Tajo. Quizá no sea la macrorregión más boyante, pero es una macrorregión al fin y al cabo.

Aliados oportunos

“Cuando pensamos en el crecimiento económico y el desarrollo, solemos pensar en las naciones-Estado”, señalaba Florida. “Pero durante las últimas dos o tres décadas hemos visto el surgimiento de una nueva unidad económica, la megarregión”. Se trata, según su definición, de grupos de ciudades y de los territorios que se encuentran entre sus periferias, donde “la fuerza de trabajo y el capital puede ser reubicadas a un coste muy bajo”. No hace falta que se encuentren en un mismo país. En un entorno globalizado, es posible que estas relaciones se establezcan entre zonas aledañas.

La Comisión Europea habló de la Banana Dorada, de Murcia hasta Lyon, como complemento a la Banana Azul centroeuropea que va de Alemania a Italia

La macrorregión más importante del planeta según su aportación económica es la denominada Bos-Wash, que incluye la ciudad de Nueva York, Washington y Boston. Le sigue la ya nombrada Par-Am-Mun (París-Ámsterdam-Bruselas-Múnich) y, completando el podio, Chi-Pitts, el corredor que recoge las ciudades industriales del norte de EEUU (Chicago, Detroit, Cleveland y Pittsburgh). En Asia se encuentra el Gran Tokio, con casi 40 millones de habitantes, seguido por la unión entre Seúl y Busan y Pekín-Tianjín. Hay una gran presencia de megarregiones estadounidenses, como el Triángulo de Texas (que paradójicamente contiene cuatro ciudades: Dallas, Houston, San Antonio y Austin).

Aunque puedan parecer una mera conjetura, estos mapas coinciden con algunas de las alianzas geoestratégicas que se han establecido en la última década, después de la publicación del primer trabajo de Florida. Es el caso del eje Barcelona-Lyon, que conforma la base de la conocida como la Banana Dorada o Euro Sunbelt, un concepto alumbrado por un informe de la Comisión Europea para compararla con la conocida como Banana Azul (esa franja que une el norte de Inglaterra con Londres, la cuenca del Ruhr, Suiza y el norte de Italia, terminando en Milán y Turín). El Euro Sun Belt comienza en el oeste de Italia (incluyendo Turín y Génova) pasando por la Costa Azul y el litoral español, hasta Murcia, atravesando Barcelona y Valencia.

Este sector está enfocado en la tecnología y en la investigación y el desarrollo, lo que ha provocado que en alguna ocasión haya sido comparado con un hipotético Silicon Valley mediterráneo. Un trazado perpendicular al eje centroeuropeo que durante mucho tiempo ha sido el núcleo de la economía europea, y que incluye las conurbaciones de Valencia, Marsella, Barcelona y Lyon. Estas dos últimas son precisamente la macrorregión recogida por Florida en su trabajo.

¿Qué ocurre con el frente galaico-portugués? En 2010, se conformaron las Regiones del Suroeste Europeo (RESOE), firmada por el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, el presidente de la de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, y el presidente del CCDR-N, Carlos Cardoso Lage, y que posteriormente ha incorporado también a Asturias y Cantabria. Fue una alianza pionera en la península ibérica, la tercera en Europa después de la del mar Báltico (que atravesaba ocho Estados), y la del Danubio (con seis miembros). Con la excepción de Castilla y León, esta macrorregión encaja casi a la perfección con ese corredor del Atlántico que presenta Florida.

El RESOE aglutina a casi 13 millones de habitantes en unos 190.000 kilómetros cuadrados, la tercera parte de la Península Ibérica

Más allá de lo puramente geográfico, estos pactos se establecen a partir de unos objetivos comunes. Como señala su memorando, el RESOE tiene como objetivo compartir recursos e intereses comunes, aglutinando a casi 13 millones de habitantes en unos 190.000 kilómetros cuadrados, la tercera parte de la Península Ibérica. En su caso, se trata de compartir recursos en la industria del automóvil, universidades, investigación, empleo y patrimonio ambiental. Pero también estrechar lazos culturales, lo que sugiere que quizá en un futuro no tan lejano estas macrorregiones puedan terminar sustituyendo al Estado-nación.

¿Hay para tanto?

La idea de la macrorregión parece atractiva en un momento histórico en el que el Estado-nación parece estar en crisis, tanto por la aparición de entidades supranacionales como por el surgimiento de movimientos nacionalistas dentro del propio país que ponen en cuestión su unidad nacional. Las macrorregiones pueden organizarse alrededor de ideas culturales, económicas, históricas, sociales o simplemente geográficas, pero sobre todo, surgen como una alternativa al 'statu quo' político y a las habituales divisiones entre municipios, regiones, Estados y organizaciones supranacionales.

Hay quien ha puesto en duda la utilidad de dicho concepto. Es el caso del premio Nobel de economía Paul Krugman, en una columna titulada 'Megaescepticismo', manifestaba sus reservas frente a esta división. Por un lado, porque tiene más sentido hablar de regiones donde los trabajadores con las mismas habilidades suelen cobrar una cantidad semejante, y eso ocurre a nivel nacional; y por otro, porque las ventajas que se derivan de establecerse en lugares concretos (como Wall Street o la City de Londres) suelen funcionar a nivel local, no a lo largo y ancho de toda una macrorregión donde, en esos casos, también incluirían ciudades como Baltimore o Mánchester que no presentarían estas ventajas.

“Las megarregiones de hoy tienen las mismas funcionalidades que las ciudades del pasado: amasan talento, capacidad productiva, innovación y mercados, pero a una escala mucho mayor”, explicaba Florida en su primer trabajo sobre estas entidades organizativas. “A medida que la distribución de la actividad económica se ha vuelto global, el sistema ciudad también se ha hecho global. Las megarregiones urbanas se relacionan con la economía global de la misma forma que las ciudades se relacionan con la economía nacional”. Y es razonable pensar que un gallego encuentre más en común con sus vecinos del norte portugués que con los de la capital de España.

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