¿QUÉ FUE DE DENG HONG?

El misterio que oculta el edificio más grande del mundo

Todo estaba preparado para abrir sus puertas con bombo y platillo, pero había algo muy raro. Su principal responsable, el 'rey de las conferencias', se había esfumado sin dejar rastro

Foto: Con sus casi dos kilómetros cuadrados de superficie, es el edificio más gigantesco del planeta.
Con sus casi dos kilómetros cuadrados de superficie, es el edificio más gigantesco del planeta.

A la entrada del templo de Apolo en Delfos, una inscripción rezaba 'Conócete a ti mismo'. En el dintel de la puerta del Infierno soñada por Dante, el poeta leía '¡Perded toda esperanza los que entráis!'. Y las paredes del edificio más grande del mundo rezan 'calidad superior, integridad y honestidad'. Su diseño está inspirado en la voluptosidad del mar, como la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Santiago Calatrava, pero dista mucho de ser una prolongación de las olas oceánicas. El mar se encuentra a miles de kilómetros y el Centro Global Nuevo Siglo en Chengdu, la capital de la provincia de Sichuan, dentro del continente. La cuarta más poblada del país, cuya economía se ha cuadruplicado durante la última década.

Que esté lejos del mar no significa que no tenga mar. Dentro de sus 1.700.000 metros cuadrados de superficie hay una playa artificial de cinco kilómetros cuadrados llamada Isla Paraíso, rodeada por una pantalla gigante con la misma altura que la Estatua de la Libertad que proyecta imágenes del horizonte atardeciendo o amaneciendo, según el momento del día. La mayor parte del espacio se destina a tiendas y oficinas. Por su tamaño, se ha escrito que podría albergar 16 estadios de Wembley, 20 Óperas de Sydney, ocho Louvres, cuatro Vaticanos o tres Pentágonos. Si nos inclinásemos por algo más patrio, diríamos que en él caben dos veces todas las terminales del aeropuerto de Barajas… o medio aeropuerto de Castellón.

El día de la inauguración pasó algo raro. Deng Hong, su responsable, había desaparecido por completo

Hay diversión para todos los gustos dentro de sus 500 metros de longitud, 400 de anchura y 100 de altura. ¿Quizás una villa mediterránea con sus reproducciones de iglesias? Claro, por qué no. Ahora mismo, el centro da trabajo a 30.000 personas, tanto en las tiendas de cara al público como en las empresas que alberga. ¿Cines? Claro, 14 pantallas, pero de las de IMAX. También hay salas de congresos, pues no en vano su responsable, el multimillonario Deng Hong, es conocido como 'el rey de las conferencias'. Sus salas centrales recuerdan una versión mastodóntica del Primark de Gran Vía en Madrid, coronada por una gigantesca claraboya que deja pasar la luz natural. Aunque apenas tiene un lustro, el tiempo ya ha hecho sus efectos en forma de goteras. Las cifras apuntan que su coste podría ser de unos 4.400 millones de euros.

El Centro Global Nuevo Siglo abrió sus puertas en julio de 2013, después de un imprevisto retraso. “El edificio oficialmente más grande del mundo ha tardado tres años en completarse”, anunciaba el corresponsal en Asia de 'The Independent', Rob Williams. La CNN era algo más crítica y señalaba que la fórmula que lo había alumbrado era “dinero fresco, mano de obra barata y un montón de ambición”, mientras recordaba que “China se encuentra en uno de los grandes 'booms' de construcción de la historia”. Y, sin embargo, algo raro pasó al abrir sus puertas. Su dueño había desaparecido sin dejar rastro.

Luz, fuego, corrupción

Los titulares de la prensa occidental pasaron en cuestión de días del fascinado optimismo de “la apertura del mayor edificio del mundo” a un tono más oscuro. El británico 'The Telegraph' consideraba que este hito se había convertido en “el monumento más embarazoso a la corrupción de que se ha acusado al Partido Comunista”. Nadie sabía dónde estaba Hong, que ni siquiera había acudido a la apertura de su obra magna. Lo confirmaba a viva voz el portavoz de una de sus compañías, ETG (Entertainment and Travel Group): “No sabemos dónde se encuentra”. Su última aparición pública había sido el 19 de febrero, medio año antes. Y si el presidente de una de las grandes constructoras de China desaparece, muy probablemente es que algo huele a podrido.

Después de un año y medio sin dar señales de vida, reapareció el 28 de septiembre de 2014. Desde entonces, ha mantenido un perfil bajo

Aunque no lo confirmasen, todo indicaba que se encontraba en custodia policial a causa de sus peligrosas amistades con el cabecilla local de Partido Comunista, Li Chuncheng, que había sido detenido y expulsado del partido el año anterior. Dos más dos son cuatro. Chuncheng había sido acusado de haber cedido terrenos estatales para proyectos de los que él había obtenido grandes beneficios económicos, y al ser interrogado, había dado una serie de nombres. Más de 50 oficiales del Gobierno que llegaban incluso a los más altos niveles habían sido detenidos en la investigación y, al parecer, Deng Hong era uno de ellos.

Chuncheng era el 'facilitador' de Hong. Por ejemplo, como recoge un reciente artículo de 'The Economist' sobre la ardua travesía del Centro Global Nuevo Siglo, acostumbraban a hacerse favores mutuos. Si Chuncheng necesitaba un piso para un familiar, Hong se lo facilitaba. Chuncheng también había formado parte de la junta de ETG. Sin embargo, la caída en desgracia del líder del partido tras la campaña anticorrupción de Xi Jingpin arrastró con él a Deng. Como señala el artículo, al parecer este no llegó a ser acusado oficialmente, y las autoridades simplemente comunicaron que estaba “ayudando en una investigación”; pero eso, en el léxico de la China del 'boom' económico, suele significar “darle a la gente carnaza aún mayor”.

Como el Primark, pero a lo bestia.
Como el Primark, pero a lo bestia.

Porque de los grandes peces del mar de la construcción china, Hong era uno de los más grandes. La mayoría de perfiles coinciden en presentarlo como un excéntrico 'playboy'. Tenía una colección de 35 coches, entre los que había Ferraris, Lamborghinis y Mercedes-Benz. Solía fumar puros, un alarde de displicencia que quizá las autoridades solo veían aceptable en un cubano. Había luchado en la guerra de Vietnam; no, no en esa, sino en la que enfrentó a la República Popular China y la reunificada República Socialista de Vietnam en 1979 a causa de la invasión de Camboya. Había aparecido en 'Forbes' como uno de los chinos más ricos, con un patrimonio de más de 200 millones de euros. Y, a los 50 años, en el momento de mayor proyección pública, se esfumó.

Cinco años después

En 2014, después de haber sido apartado de la actividad pública, Hong volvió a sus negocios. Después de un año y medio sin dar señales de vida, reapareció el 28 de septiembre tras 20 meses detenido. Desde entonces, mantuvo un perfil mucho más bajo. Al menos, consiguió conservar su puesto como presidente del Grupo de Convenciones y Exhibiciones de Chengdu, que había fundado en 2003. Lo que no pudo retener fue la propiedad del Centro de Exhibiciones, que pasó a ser adquirido por una empresa de titularidad estatal, el Grupo de Inversión y Construcción Metropolitano de Yunnan.

Una playa artificial, una pantalla monstruosa y un edificio aún más grande.
Una playa artificial, una pantalla monstruosa y un edificio aún más grande.

Un aura de misterio rodeaba a Hong: ¿su caso aún seguía abierto? ¿Estaba colaborando con las autoridades? ¿Qué había pasado en esos 20 meses? Lo que parecía fuera de toda dura razonable era que su amistad con el corrupto Li Chungcheng era la raíz de sus quebraderos de cabeza. El pasado verano, Hong volvió a dar la cara, esta vez como la imagen visible del Grupo de Inversión de Yunnan. Sí, el mismo que había adquirido a su querido y descomunal bebé. Su nuevo trabajo es convertir los grandes edificios de la compañía en un éxito económico, con la ambiciosa promesa de ingresar 1.000 millones de dólares en los próximos años, 10 veces más que en los tres años anteriores.

Para 'The Economist', lo ocurrido con el edificio más grande del mundo es el mejor ejemplo de los caminos que ha seguido la economía china durante las últimas décadas. En primer lugar, como ocurrió en otros rincones del gigante asiático, la tierra de titularidad estatal se vende a muy bajo precio a los constructores, en un pacto ideal para ambos. Además, no a cualquier constructor: sobre todo, a los amigos. De ahí que los contratos firmados sean papel mojado ante los deseos de los inversores. Y, por último, el endeudamiento promovido desde Pekín, sobre la que se han construido gran parte de estos proyectos megalomaníacos chinos.

Muchos edificios construidos durante el 'boom' están vacíos, la corrupción ha alcanzado niveles escandalosos y la deuda está en niveles históricos

Todo ello propició una tormenta perfecta que, durante un tiempo, funcionó. “Muchos economistas consideran que la corrupción era, a pesar de todo, un lubricante”, recuerda el medio económico. “Mientras abandonaban el periodo maoísta, los pequeños chanchullos daban a los oficiales un incentivo para hacer lo que se necesitaba para ayudar al progreso, fuese utilizando los bienes del Estado u obligando a las empresas a que se comprometiesen”. La situación, no obstante, ha cambiado durante los últimos años.

La causa es que esos tres pilares (tierras baratas, amiguismo y deuda) han llegado a su límite razonable, por lo que si bien pudieron servir para dinamizar la vieja economía estatal, ahora muestran signos de agotamiento. La tierra es limitada, muchos edificios construidos durante el 'boom' están vacíos, la corrupción ha alcanzado niveles escandalosos y la deuda china se encuentra en niveles históricos: la privada supera el doble del PIB, y la pública, el 149%. El contexto histórico-económico que alumbró el edificio más grande del mundo ya no existe, y aún no hay una alternativa clara para este modelo. El misterio de Deng Hong resume bien lo ocurrido durante estas últimas décadas.

Alma, Corazón, Vida

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
2 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios